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Opinión 13 05 2020

Las "verdades reveladas"


Autor: Sabrina Ajmechet









En el último anuncio de Alberto Fernández sobre la situación actual en el contexto de la pandemia hubo cinco personas en el escenario: el presidente de la Nación, el gobernador de Buenos Aires, el jefe de gobierno de la Ciudad y dos personas cuyas caras nos resultan menos conocidas y a quienes Fernández presentó como parte del equipo de epidemiólogos “cuyo aporte es invalorable para poder tomar decisiones para alguien como yo que es solo un abogado”.

La pandemia somete al mundo a un experimento que, si bien no es inédito, sí es extraordinario: la ciencia está guiando la acción de la política. No nos referimos a mecanismos habituales y virtuosos como el uso de la técnica en la toma de decisiones o a la implementación de políticas públicas basadas en evidencia. Estamos frente a un fenómeno completamente diferente. Las distintas esferas -la política, la social, la económica, la cultural, la educativa y la laboral- son pensadas y guiadas siguiendo criterios epidemiológicos. 

A partir del consejo de epidemiólogos gran parte del mundo se encerró. Los científicos son los primeros en saber que su conocimiento es provisorio y está siempre sujeto a ser refutado. Además existen, como siempre sucede dentro del campo científico, opiniones encontradas entre los expertos. Sin embargo, esto no evita que con el miedo y la enfermedad rondando, se tome a la ciencia como una verdad revelada. Los presidentes abrazan los mandatos de los epidemiólogos para gobernar, pasando por encima de su falibilidad. 

La ciencia funciona en esta pandemia como un ordenador, como en otra época supo funcionar Dios. No es la primera vez que sucede. A lo largo de la historia hubo coyunturas puntuales en las que se consagró a la ciencia como faro de la acción política. 

El imperialismo de fines del siglo XIX y principios del siglo XX fue uno de esos momentos. Las potencias europeas, además de buscar nuevos mercados en donde colocar sus productos, justificaron su imperialismo a partir de un principio científico que se sintetizaba como “la responsabilidad del hombre blanco”. 

En una época en la que la ciencia creía en razas, muchos científicos plantearon que existían razas superiores -las blancas, las de las naciones teutónicas- que estaban llamadas a dominar a los pueblos de color. Según Wolfang  Mommsen, un historiador del imperialismo, aquel basamento científico fue utilizado para decidir cursos de acción que se llevaron a cabo como si se tratara de una misión religiosa. 

Sin dudas, esta idea racista tuvo su momento de mayor auge al funcionar simultáneamente como la razón y el sostén de la acción política del Tercer Reich. Todos sabemos que esa experiencia terminó siendo el momento más trágico de la modernidad, con la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Pero en ocasiones olvidamos que fue la obsesión de un líder que creyó profundamente en una teoría racista de la sociedad y que lo que hizo fue gobernar al servicio de una creencia científica extendida. 

Otro momento y otra área en la que la ciencia también se convirtió en guía fue con la Escuela de Criminología Positivista de Lombroso. Durante décadas, las instituciones destinadas al castigo del delito siguieron sus postulados. Logró convencer con su teoría de que los delincuentes poseían ciertos rasgos genéticos y fisonómicos, como asimetrías creaneales y orejas estiradas. En su capítulo local, el lombrosianismo fue aplicado como tratamiento en nuestro primer asesino serial, el petiso orejudo, a quien se sometió a diferentes experimentos que buscaron achicar sus orejas, porque eso haría que dejara de asesinar niños. 

En aquellos años existieron muchos científicos que creyeron que Lombroso estaba equivocado. Hoy sabemos que era un disparate, al igual que la teoría de la superioridad de las razas. Sin embargo, estas posturas científicas alcanzaron una alta legitimidad en su época y definieron el destino de millones de personas. 

Es todavía muy poco lo que se sabe del Covid-19. Los epidemiólogos conocen algunas cosas del comportamiento del virus. Y recomiendan en base a eso. El aislamiento, entonces, se mostró como la mejor opción debido a la fácil y rápida propagación del virus. Pero sobre lo que le pasa a las sociedades y a la economía cuando todo se cierra, sobre eso no saben los epidemiólogos. 

Recorrer el mundo y ver caso por caso qué hizo cada país no nos lleva a conclusiones certeras. Algunos países cerraron todo y controlaron el virus, otros no cerraron y también lograron controlarlo. Algunos decidieron cuarentena cuando la cantidad de casos y muertes no dejó más remedio, otros muy al comienzo del proceso de infección autóctona. No existió en este proceso una receta única, lo que nos debería llevar a cuestionarnos el rol de la ciencia como guía. Parece mucho más prudente y adecuado que la política, que tiene por su propia naturaleza una dimensión más omnicomprensiva, articule saberes diferentes en lugar de rendirse frente a un saber único, que mañana podríamos llegar a caracterizar como equivocado.

Publicado en Clarín el 12 de mayo de 2020.

Link https://www.clarin.com/opinion/verdades-reveladas-_0_Yo-HSOmu2.html