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Opinión 18 06 2020

Las apropiaciones indebidas del peronismo


Autor: María Eugenia Estenssoro









¿Qué significa apropiación indebida? En nuestra trágica historia reciente la apropiación indebida significó registrar perversamente a nombre propio hijos que eran de otros. En la historia del peronismo, la apropiación indebida implica registrar como si fueran creaciones propias instituciones valiosas que son hijas del pensamiento liberal y progresista que fundó y desarrolló nuestra patria a lo largo de distintas épocas. Me refiero, entre otros íconos, nada menos que a la educación pública y gratuita; el petróleo nacional e YPF; los derechos humanos y el Nunca Más; y, últimamente, la ciencia argentina y el Conicet.

A través de las décadas el peronismo fue falsificando la historia y adueñándose de lo que es de todos. Convenciendo a muchos desmemoriados de que el justicialismo "es el único partido que sabe gobernar la Argentina". A su vez, fue colonizando ministerios, empresas y organismos públicos, universidades, juzgados y legislaturas con militantes y ñoquis financiados por abultados contratos vitalicios de planta permanente que pagamos todos los argentinos con nuestros impuestos. Esta burocracia estatal, altamente politizada y en su mayoría de baja calidad técnica, cuenta con la "llave maestra" de los sindicatos justicialistas, que en cualquier momento pueden parar el país. Como suelen decir "los gordos", los políticos pasan, pero ellos quedan 

Quienes no abrevamos en el nacionalismo autoritario que dio origen al justicialismo en 1945 y a los montoneros en 1970 -y que reverdeció en este siglo con los Castro en Cuba, los Chávez-Maduro en Venezuela, el Papa peronista en Roma y los Kirchner en Argentina-, asistimos impávidos ante esta reescritura de nuestra historia. Un atropello ideológico y cultural que ha terminado adoctrinando a las nuevas generaciones con relatos falsos y slogans mentirosos . ¡Es hora de decir basta! Porque nuestra Argentina está en peligro. La reescritura continúa y amenaza con robarnos la patria misma. Vicentin es solo el primer paso. 

La demonización de Sarmiento. La escuela pública y gratuita, que permitió alfabetizar a la mayoría de la población argentina antes que muchos países europeos, fue la obra maestra de un gran intelectual y estadista liberal: Domingo F. Sarmiento, denostado por el revisionismo histórico peronista. Este visionario y su continuador Julio A. Roca (también demonizado por el dogma nacionalista), enfrentaron a la Iglesia, los caudillos y elites provinciales que se opusieron enérgicamente a la educación laica y progresista, consagrada por la ley 1420 en 1884. 

"El revisionismo histórico y el discurso peronista hacen un rescate de la Argentina pre-moderna, del caudillismo y su orden social, pero tienen un problema con la modernidad", explica Guillermina Tiramonti, experta en educación de Flacso. Más allá del catecismo revisionista, los datos son elocuentes: demuestran que la educación pública y gratuita fue la gran polea de alfabetización e integración social de un Estado liberal que promovió una modernización temprana. En 1880 había 1555 escuelas, 2185 maestros y 82.161 alumnos en la educación primaria de 6 a 13 años; en 1930, las cifras habían ascendido a 9552 maestros, 38.247 escuelas y 1.068.880 alumnos, según los anuarios del Consejo Nacional de Educación. El censo de 1943 estableció que la tasa de escolarización había alcanzado el 75,3% de los niños de entre 6 y 13 años. El analfabetismo cayó al 15,3% de los adultos mayores de 24 años, que era del 77,4% en 1868. 

El historiador Ricardo Salvatore, en un minucioso estudio titulado Burocracias expertas y exitosas en Argentina: los casos de educación primaria y salud pública, 1870-1930, demuestra que tanto la república conservadora como la república radical "establecieron los cimientos de un Estado benefactor" que continuó su expansión en la década de 1930. "Su legado es visible aún hoy: las escuelas y los hospitales todavía llevan los nombres de sus fundadores, los médicos y maestros del período 1880-1920", señala en una entrevista telefónica. 

El advenimiento del peronismo no mejoró la tasa de escolarización primaria, que en 1947 continuaba en 75,5% de los niños de entre 6 y 13 años, y una década después en 79,1%. En cambio, las escuelas se desvirtuaron, convirtiéndolas en centros de irradiación de propaganda justicialista, confundiendo el Estado con el partido. Los libros escolares estaban repletos de dibujos y textos que equiparaban a Perón y Evita con los padres de la Patria. Cito textualmente un ejemplo: "En la Casa de Tucumán, el 9 de julio de 1916, se proclamó la Independencia Política. Allí mismo, el 9 de julio de 1947, el Presidente de los argentinos, el General Juan Domingo Perón, proclamó solemnemente la Independencia Económica". 

A los más pequeños se les enseñaba a leer con frases que fomentaban el culto a la pareja presidencial (copio textualmente): "Mi hermanita y yo amamos a papá, mamá, Perón y Evita". Así, el justicialismo fue cooptando las mentes de las futuras generaciones y apropiándose de un poderoso bien público creado por otros: el guardapolvo blanco, símbolo de progreso social e igualdad. 

El mito de la soberanía petrolera. Otro gran mito peronista es su contribución a la consolidación de la soberanía petrolera del país. Nicolás Gadano, en su libro Historia del petróleo en Argentina: 1907-1955 , aporta información inédita: "Para mi sorpresa, descubrí que por sus orígenes YPF es una creación de la argentina oligárquica. Yrigoyen la crea formalmente en 1922, al transformar la Dirección General de Explotación de Petróleo en una empresa pública. Lo hizo pocos meses antes de dejar la presidencia para tapar un gran escándalo de corrupción. Quien pone a YPF en marcha y designa al prestigioso general Mosconi como su conductor es Alvear, un radical conservador que la cultura nac & pop prefiere olvidar", explica este economista que trabajó en la petrolera. 

Según el investigador, "YPF alcanza su momento de oro en la década de 1930, con la conducción del ingeniero Ricardo Silverya, nombrado por Justo. Durante su gestión, que concluyó en 1943, aumentó la producción, se crearon el laboratorio modelo de Florencio Varela, la refinaría de Mendoza, la sede de Diagonal Norte y las estaciones de servicio con el ACA". 

El peronismo, en cambio, politizó la empresa y desarmó su estructura jerárquica y eminentemente técnica. "Creó el sindicato de empleados petroleros y redujo la jornada laboral a seis horas. El secretario general pasó a tener más poder que el presidente de la compañía," señala Gadano. "Otra medida perjudicial fue congelar el precio de los combustibles. Esto asfixió económicamente a YPF y deterioró la producción nacional. Perón quiso convocar a la Standard Oil para que invirtiera, pero era demasiado tarde".

El abastecimiento de petróleo recién se recuperó quince años después con Arturo Frondizi. Los gobiernos de Juan e Isabel Perón en los años 70 asestaron otro duro golpe a la petrolera. "Creció el personal de forma desmedida, hasta llegar a 50 mil empleados," relata Gadano. "El endeudamiento y la corrupción se descontrolaron aún más con la dictadura militar. YPF recién levantó cabeza en los años 90, con la gestión de tu padre", señala Gadano, que está investigando el segundo volumen de esta historia. 

Mi padre, José Estenssoro, fue designado presidente entre 1991 y 1995. En esos años transformó a YPF en una empresa de capital mixto controlada por el Estado. Una visión global y fuertes inversiones en exploración y producción hicieron realidad por primera vez en nuestra historia el ansiado autoabastecimiento, la soberanía energética. Pero tras la muerte de mi padre en un sospechoso accidente aéreo, el gobierno peronista de Carlos Menem le dio un golpe mortal a YPF y a la industria nacional. En 1999 vendió la compañía a la empresa española Repsol a cambio de unas buenas monedas para su compaña de re-relección. En el extremo sur de la Patagonia, Néstor Kirchner hizo lo mismo: vendió a Repsol las acciones de YPF que tenía Santa Cruz. Así financió su proyecto presidencial, a costa del petróleo argentino. 

La historia más reciente es dramática. En 2008 Néstor y Cristina Kirchner intentaron apropiarse de YPF, logrando que su testaferro Enrique Eskenazi se quedara con el 25% de las acciones y la conducción de la compañía sin poner un peso. En 2011, cuando se perdió el autoabastecimiento y la producción de la empresa tocó su punto más bajo en décadas, Cristina decidió reestatizarla envuelta en la bandera de la soberanía energética. 

La producción de petróleo nacional, a pesar de los subsidios a Vaca Muerta, sigue en terapia intensiva. El macrismo intentó revivirla, pero la crisis mundial la noqueó. YPF hoy tiene un valor bursátil de apenas 2000 millones de dólares; la brasilera Petrobras, 50.000 millones. Hace 20 años tenían el mismo valor. 

¿Ese es el modelo peronista de YPF que quieren replicar en Vicentin? 

La impostura de los derechos humanos. El símbolo más potente de la construcción política del kirchnerismo son los pañuelos blancos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Paradójicamente, ni Néstor ni Cristina Kirchner jamás participaron de sus luchas. En 1983 fue el presidente radical Raúl Alfonsín quien ordenó investigar y enjuiciar a los militares por crímenes de lesa humanidad. Los Kirchner llegaron a los derechos humanos veinte años tarde, en 2003, cuando entraron a la Casa Rosada. Su compromiso con esta causa noble y cargada de dolor es la historia de una gran impostura. 

"Néstor Kirchner llega a la presidencia de la Nación con apenas el 22% de los votos. Nadie lo conocía. Lo que se dio cuenta, es que el progresismo paga. Entonces se acercaron a los organismos de derechos humanos. Reabrieron las causas de lesa humanidad cerradas por las leyes de obediencia debida, punto final y los indultos a militares. Le dieron importantes subsidios y automáticamente las organizaciones dejaron de ser no gubernamentales, pasaron a ser una facción de una facción del peronismo", explica Graciela Fernández Meijide, madre de un hijo desaparecido, quien integró la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, creada en 1975, cuando la Triple A desde el Ministerio de Bienestar Social asesinaba a dirigentes de izquierda. 

En democracia, Meijide fue designada secretaria de la Conadep, la Comisión Nacional de Desaparición de Personas. Lideró el equipo que recibía los testimonios de sobrevivientes y familiares de desaparecidos, que sirvieron para condenar a las juntas militares en el histórico juicio ordenado por Alfonsín. "El peronismo impidió que diputados y senadores integraran la Conadep. Su postura oficial era convalidar la autoamnistía que se otorgaron los militares", recuerda Meijide. 

Al llegar al gobierno en 1989, Carlos Menem indultó a las juntas militares y jefes guerrilleros condenados a prisión perpetua por la justicia. El partido acató obedientemente. "Menem negoció el indulto con Firmenich. El jefe montonero le dio un millón de dólares para la campaña electoral a cambio de salir en libertad", dice Meijide, ratificando que la impunidad de militares y terroristas se negoció por dinero, como comprobó la periodista María O'Donnell en su libro sobre el secuestro de los hermanos Born. 

Nada en esta historia vergonzosa impidíó que una década después Néstor y Cristina Kirchner, al frente de un nuevo gobierno peronista, se presentaran ante la sociedad como los defensores de los derechos humanos. Esta construcción ideológica y política se edificó a fuerza de golpes de efecto. El 24 de marzo de 2005, en la ESMA, frente a miles de jóvenes, hijos, madres y abuelas de desaparecidos, después de un emotivo recital de León Gieco, Serrat y otros artistas, Kirchner dijo: "Como presidente de la Nación argentina vengo a pedir perdón en nombre del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia". 

Ahí comenzó la reescritura de la historia. Los que habían callado habían sido ellos. De un plumazo borraron la Conadep, el juicio a las juntas, el Nunca Más y todas las leyes de memoria y reparación económica que se sancionaron en los años 90. Ese día, Néstor y Cristina Kirchner se apropiaron de la lucha por los derechos humanos de la que jamás habían participado. 

Houssay, el fundador del Conicet, proscripto por Perón. Así como Cristina Kirchner se arropó con la bandera de los derechos humanos, Alberto Fernández intenta hacer lo mismo con la ciencia y el Conicet. "Este es un gobierno de científicos, no de CEOs", dijo el Presidente ante el Congreso, marcando la distancia con su antecesor. 

Eso todavía está por verse. Pero lo que es una verdad incontrastable es que Bernardo Houssay, el primer científico latinoamericano en obtener el Premio Nobel de Medicina en 1947 y fundador del Conicet, fue proscripto por el peronismo. 

En 1943 fue expulsado de la UBA tras firmar una carta apoyando la democracia y en contra del nazismo. Cuando Perón llegó al poder, lo jubilaron anticipadamente. "El gobierno de Perón controlaba a los medios y cuando Houssay ganó el Nobel, la noticia apenas salió en un par de renglones en un diario", recuerda en un artículo periodístico Damasia Becú, investigadora superior del Conicet y ex directora del IByME, el Instituto de Biología y Medicina Experimental creado por Houssay para continuar sus investigaciones. Allí siguió formando discípulos, entre ellos a Luis Federico Leloir, quien obtuvo el Premio Nobel de Química en 1970. 

"Houssay se salvó de una bomba que explotó en su casa. El padre de su discípulo Eduardo Braun Menéndez compró una casa en Palermo donde se instaló el IByME en 1944. Hoy es el centro científico más grande del Conicet", cuenta Arturo Prins, director de la Fundación Sales, que donó 500 mil dólares para crear la Biblioteca Houssay en ese edificio histórico. 

En 1958, el pionero de la ciencia argentina vio materializado un gran sueño: la creación del Conicet, el Consejo Nacional de Investigaciones Cientníficas y Técnicas, que él presidió hasta su muerte en 1971. Ironías de la vida. Quien tomó esta decisión estratégica fue el presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, secuestrado y asesinado en 1970 por Montoneros. 

Democracia en riesgo . He querido relatar estas historias no para desmerecer al peronismo y al pensamiento nacional, sino para restituir en el debate público la gran contribución que la tradición liberal y republicana ha hecho a la educación, la ciencia, la democracia y la construcción de un Estado que alguna vez fue moderno y previsor. También para señalar que las naciones se construyen con legados diversos y contradictorios. Reducir la política a una visión maniquea, donde todo lo bueno lo hizo el peronismo y todo lo malo los liberales, radicales y militares golpistas, está degradando la comprensión de nuestra historia y bloquea la posibilidad de construir todos juntos un futuro que rescate lo mejor y no lo peor de nuestras tradiciones. 

Las falsas antinomias, la lucha de clases, la intolerancia ideológica y la demagogia siempre cavaron la tumba del bien común. Por eso nuestra democracia está en peligro. Porque en el kirchnerismo (tan afin a los regímenes anti-democráticos de Cuba y Venezuela) anida ese germen de intolerancia que se alzó en armas contra "la democracia burguesa" en los años 70 y bañó de sangre a nuestro país. Hoy no se usan armas, en vez, se reforma la Constitución. 

El "vamos por todo" que Cristina Kirchner pronunció en 2012 junto al Monumento a la Bandera en Rosario está entrando (tras un breve intervalo macrista) en etapa de concreción. La expropiación de Vicentin, la reforma judicial, y el nuevo indulto masivo (a la vicepresidenta de la Nación, sus hijos y ex funcionarios responsables de los mayores hechos de corrupción perpetrados desde 1983) pueden convertirse en el golpe de gracia para nuestra debilitada democracia. 

Para terminar, quiero señalar que los derechos humanos no son ni de izquierda ni de derecha, pero sí son una institución liberal. Nacieron como respuesta a los horrores del nazismo. Que en la Argentina los herederos de Montoneros y la izquierda invoquen los derechos humanos como un escudo que exime a sus militantes de crímenes cometidos en nombre de la patria o la revolución es una tergiversación y otra apropiación indebida. Los derechos humanos se establecieron como un derecho universal inherente a todo ser humano, para protegerlo de los autoritarismos y persecuciones, tanto de izquierda como de derecha. Esta noción también está en peligro en nuestro país.

Publicado en La Nación el 17 de junio de 2020.

Link https://www.lanacion.com.ar/politica/las-apropiaciones-indebidas-del-peronismo-nid2381301