miércoles 10 de diciembre de 2025
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La unidad es necesaria para que en nuestra casa haya una paz digna

¡Ucranianos! ¡Ucranianas!
En la vida de cada nación llega un momento en que todos tenemos que hablar. Con sinceridad. Con calma. Sin suposiciones, rumores ni chismes, sin nada superfluo. Tal como es. Como siempre intento hablar con ustedes.
Ahora estamos viviendo uno de los momentos más difíciles de nuestra historia. Ahora la presión sobre Ucrania es una de las mayores que hemos conocido. Ahora Ucrania puede encontrarse ante una elección muy difícil: o la pérdida de la dignidad, o el riesgo de perder a un socio clave. O 28 puntos complicados, o un invierno extremadamente duro –el más duro– y riesgos posteriores. Vida sin libertad, sin dignidad, sin justicia. Y que creamos a quien ya nos atacó dos veces.
De nosotros esperan una respuesta. Aunque en realidad yo ya la di. El 20 de mayo de 2019, cuando, al jurar lealtad a Ucrania, dije, entre otras cosas:
«Yo, Volodímir Zelenski, elegido Presidente de Ucrania por voluntad del pueblo, me comprometo con todos mis actos a defender la soberanía e independencia de Ucrania, a proteger los derechos y libertades de los ciudadanos, a respetar la Constitución y las leyes de Ucrania, a cumplir mis deberes en interés de todos los compatriotas y a elevar la autoridad de Ucrania en el mundo».
Para mí esto no es una formalidad protocolaria para marcar casilla: es un juramento. Y cada día soy fiel a cada una de sus palabras. Nunca lo traicionaré ese juramento. El interés nacional ucraniano debe ser tenido en cuenta.
No hacemos declaraciones ruidosas, trabajaremos con calma con Estados Unidos y con todos los socios. Habrá una búsqueda constructiva de soluciones con nuestro principal aliado.
Yo presentaré argumentos, convenceré, propondré alternativas, pero en ningún caso daremos al enemigo motivos para decir que es Ucrania la que no quiere la paz, que es ella quien rompe el proceso y que Ucrania no está preparada para la diplomacia. Eso no ocurrirá.
Ucrania trabajará rápido. Hoy, el sábado, el domingo, toda la próxima semana y todo el tiempo que sea necesario. En modo 24/7 lucharé para que, entre todos los puntos del plan, no se omitan al menos dos: la dignidad y la libertad de los ucranianos. Porque sobre eso se basa todo lo demás: nuestra soberanía, nuestra independencia, nuestra tierra, nuestra gente. Y el futuro ucraniano.
Haremos y debemos hacer todo lo posible para que la guerra termine y Ucrania no termine, para que Europa no termine ni la paz mundial termine.
Hace un rato hablé con los líderes europeos. Contamos con los amigos europeos, que entienden perfectamente que Rusia no está en algún lugar lejano, sino junto a las fronteras de la UE, que Ucrania es actualmente el único escudo que separa la cómoda vida europea de los planes de Putin. Recordamos: Europa estuvo con nosotros. Creemos: Europa estará con nosotros.
Ucrania no debe volver a vivir un déjà vu del 24 de febrero, cuando sentimos que estábamos solos. Cuando nadie podía detener a Rusia salvo nuestro heroico pueblo, que se plantó como un muro frente al ejército de Putin.
Y nos resultó muy agradable cuando el mundo decía: los ucranianos son increíbles; Dios mío, qué ucranianos, cómo luchan, qué titanes son. Y es verdad. Absolutamente. Pero Europa y todo el mundo también deben entender otra verdad: que los ucranianos somos ante todo personas, y que llevamos casi cuatro años de invasión a gran escala conteniendo a uno de los mayores ejércitos del mundo, manteniendo una línea del frente de miles de kilómetros, que nuestro pueblo sufre cada noche bombardeos, ataques con misiles, impactos balísticos y drones Shahed, que cada día perdemos a seres queridos y que nuestro pueblo quiere desesperadamente que la guerra termine. Sí, somos de acero. Pero incluso el metal más resistente puede romperse.
¡No lo olviden! Estén con Ucrania, estén con nuestra gente, y por tanto estén con la dignidad y la libertad.
¡Queridos ucranianos!
Recuerden el primer día de la guerra. La mayoría de nosotros tomó una decisión. La decisión a favor de Ucrania. Recuerden nuestros sentimientos de entonces. ¿Cómo fue? Oscuridad, ruido, peso, dolor, miedo para muchos, pero el enemigo no vio nuestras espaldas huyendo. Vio nuestros ojos llenos de disposición a luchar por lo nuestro. Eso es la dignidad. Eso es la libertad. Y eso es realmente lo más terrible que puede haber para Rusia: ver la unidad de los ucranianos.
Entonces nuestra unidad sirvió para proteger nuestra casa del enemigo.
Y ahora la unidad nos es necesaria como nunca para que en nuestra casa haya una paz digna.
Me dirijo ahora a todos los ucranianos. Nuestro pueblo, ciudadanos, políticos –todos–. Tenemos que juntarnos. Recobrar el sentido. Dejar la mierda. Dejar los juegos políticos. El Estado debe funcionar. El Parlamento de un país en guerra debe trabajar unido. El Gobierno de un país en guerra debe trabajar con eficacia. Y todos juntos no debemos olvidar ni confundir quién es hoy el verdadero enemigo de Ucrania.
Recuerdo cómo el primer día de la guerra distintos “emisarios” me traían distintos planes, puntos, ultimátums para “terminar la guerra”. Decían: o así, o de ninguna manera. O firmas esto o simplemente te liquidan y lo firmará en tu lugar el “presidente en funciones de Ucrania”.
Cómo acabó aquello ya se sabe. Muchos de esos emisarios pasaron a formar parte del fondo de intercambio y se fueron con sus propuestas y sus puntos “a casa, al puerto natal”.
No traicioné a Ucrania entonces, sentía claramente detrás de mis hombros el apoyo de cada uno. De cada uno de ustedes. De cada ucraniano y ucraniana, de cada soldado, voluntario, médico, diplomático, periodista, de todo nuestro pueblo.
No traicionamos a Ucrania entonces, no lo haremos ahora. Y sé perfectamente que en este momento verdaderamente uno de los más difíciles de nuestra historia no estoy solo. Que los ucranianos creen en su Estado, que estamos unidos. Y en todos los formatos de futuras reuniones, discusiones y negociaciones con los socios me será mucho, mucho más fácil lograr una paz digna para nosotros y convencerles, sabiendo al cien por cien: detrás de mí está el pueblo de Ucrania. Millones de personas con dignidad, que luchan por la libertad y que se han ganado la paz.
Todos nuestros héroes caídos, que dieron la vida por Ucrania, que ahora están en el cielo y merecen ver desde allí que sus hijos y nietos vivirán en una paz digna. Y esa paz habrá. Digna, efectiva, duradera.
¡Queridos ucranianos!
La próxima semana será muy difícil, llena de acontecimientos.
Ustedes son un pueblo adulto, inteligente y consciente que ha demostrado muchas veces su conciencia. Y que entiende que en estos días habrá mucha presión –política, informativa, de todo tipo– para debilitarnos. Para enfrentarnos. El enemigo no duerme y hará todo lo posible para que no lo logremos.
¿Le permitiremos hacerlo? No tenemos derecho. Y lo conseguiremos. Porque quienes quieren destruirnos nos conocen mal. No entienden quiénes somos realmente, de qué vamos, por qué luchamos, qué clase de gente somos. No en vano celebramos a nivel de fiesta nacional el Día de la Dignidad y la Libertad. Eso dice quiénes somos. Cuáles son nuestros valores.
Trabajaremos en el campo diplomático por nuestra paz. Dentro del país debemos trabajar unidos por nuestra paz. Por nuestra dignidad.
Por nuestra libertad. Y yo creo, y sé, que no estoy solo. Conmigo está nuestro pueblo, la sociedad, los guerreros, los socios, los aliados, toda nuestra gente. Dignos. Libres. Unidos.
¡Feliz Día de la Dignidad y la Libertad!
¡Gloria a Ucrania!
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