lunes 15 de diciembre de 2025
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La resurrección de los tiranosaurios

Los dueños del universo asistieron a un banquete en la Casa Blanca esta semana para festejar a un dictador. No, no al Generalísimo Franco -amigo de Perón- en el 50° aniversario de su muerte, sino a alguien parecido, Mohamed bin Salman, el caudillo de la monarquía absolutista saudí. La diferencia es que uno defendió el catolicismo más fanático, el otro defiende -con Irán como competidor- el Islam más represivo.

Además del anfitrión, el aspirante a dictador Donald Trump, los dueños del universo en la cena incluyeron a Elon Musk, el hombre más rico del mundo, presidente de Tesla, Starlink, Space X, Twitter y mucho más; Jensen Huang, presidente de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo, líder mundial en la producción de los semiconductores que impulsan la alta tecnología; Tim Cook, CEO de Apple (iPhones etcétera); Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y Cristiano Ronaldo, ídolo de la liga saudí.

Entre ellos controlan el bienestar, la vida, la muerte y el futuro de la humanidad. Tienen en sus manos las palancas para determinar si hay guerra o paz, si hay hambre o abundancia, si se impone la ignorancia o el conocimiento; para fijar el rumbo de la salud mundial, de la Inteligencia Artificial, de las comunicaciones globales o del fútbol; o para decidir si acabar con el planeta Tierra apretando el botón nuclear. Cristiano fue invitado para que los poderosos se pudieran hacer fotos con él.

Pero ante todo vinieron a render pleitesía al príncipe Bin Salman, lo que quizá indique el desenlace que favorecen en la batalla global vigente entre el autoritarismo y la democracia: el mismo que aquel 18 por ciento de la juventud española que dice desear el retorno del franquismo, según una encuesta esta semana. Veamos algunos de los puntos en común entre Franco y Bin Salman, guardianes ambos de sus respectivas fes.

A favor de la pena capital (van 320 decapitaciones confirmadas en Arabia Saudí este año); en contra de la libertad de expresión (hasta 34 años de prisión por tuits contra el régimen saudí); en contra de la homosexualidad (prisión, como mínimo); y los derechos de las mujeres subordinados por ley a la voluntad de los hombres. En uno imperaba la ley según la interpretación franquista del mensaje de Jesucristo en los Evangelios; en el otro, la ley sharía derivada de las instrucciones morales del Profeta en el Corán.

Otra cosa que tienen en común la vieja España y la Arabia moderna es el beneplácito de Estados Unidos. Washington consideró a Franco como un aliado, igual que considera a Bin Salman un aliado hoy. En el primer caso por su participación durante la Guerra Fría en la cruzada mundial contra el comunismo; en el segundo, por su cruzada compartida contra Irán y por las espectaculares cantidades de dinero provenientes del petróleo.

Este es el mundo como es, el realpolitik que obliga a gobiernos a tratar con el diablo porque consideran que, si no, ponen sus economías -es decir, el bien material de su gente-en riesgo. No es justificable, pero quizá sea comprensible. Otra cosa es que los individuos hagan negocio con Arabia Saudí, como Leo Messi, Rafa Nadal o la familia Trump, todos los cuales han embolsado jugosas cantidades de petrodólares en los últimos dos o tres años. Pero como diría Trump, “¿Qué le vamos a hacer?”

Esa sería la traducción de la respuesta que el presidente de Estados Unidos dio esta semana a una periodista que preguntó sobre el papel de Bin Salman en el asesinato y descuartizamiento de otro periodista, el disidente saudí Jamal Kashoggi, en el consulado de su país en Estambul hace siete años. Tanto la CIA, como la ONU, como varias ONG’s concluyeron que Bin Salman tenía que haber ordenado la muerte de Kashoggi.

En un rueda de prensa en la Casa Blanca esta semana en la que Trump y el príncipe estaba sentado uno al lado del otro, Trump salió a la defensa de su amigo saudí diciendo, entre otras cosas, lo siguiente: “a mucha gente no le gustaba ese señor (Kashoggi) del que habla”; Bin Salman “no supo nada del tema y dejémoslo así”; “no hay porque incomodar a nuestro invitado haciendo una pregunta así”, y “things happen”, cuya traducción literal sería “las cosas pasan” pero prefiero mi versión, “¿Qué le vamos a hacer?”

Esta fue la semana también en la que Trump llamó a una periodista “piggy” (chanchita), acusó a otra de ser “una persona terrible” y amenazó con cerrar una de las cadenas de televisión más importantes de su país, ABC. Después lanzó una señal más alarmante aún de algo que se sospecha hace tiempo, que sueña con poseer el mismo poder tirano del que disfruta su amigo saudí y, si estuviera vivo, del que también hubiera sido su amigo, el general Franco.

Como si le hubiese emborrachado la presencia a su mano derecha de Bin Salman durante el banquete, Trump respondió con lo siguiente en su red social particular, Truth Social, a un grupo de congresistas demócratas que le habían ofendido en un anuncio televisivo: “¡COMPORTAMIENTO SEDICIOSO, punible con la MUERTE!” Luego se calmó un poco y, con más suavidad, agregó: “Esto es realmente malo y peligroso para nuestro país. No se pueden permitir sus palabras. ¡¡¡COMPORTAMIENTO SEDICIOSO DE TRAIDORES!!! ¿ENCARCÉLENLOS???”

Tanto Franco en su día como Bin Salman hoy demuestran más sutileza en las formas que Trump, aunque hay que reconocerles más éxito, de momento, en llevar sus ideas a la práctica. Tal vez sería útil que aquellos jóvenes españoles que desean regresar a la prehistoria franquista reflexionaran sobre lo que significaría para sus vidas imponer una versión católica del régimen sharía en España.

Y que reflexionaran también aquellos que expresan en las encuestas su creciente apoyo a Vox, el partido de extrema derecha que admira y aspira a emular al que una comentarista norteamericana bautizó esta semana como “Tiranosaurio Trump”.

Publicado en Clarín el 23 de noviembre de 2025.

Link https://www.clarin.com/opinion/resurreccion-tiranosaurios_0_wSVB1bIxNC.html

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