Que toda política exterior es la proyección de la política doméstica de un país y que esta expresa, a su vez, el modo en que sus dirigencias más influyentes de un país entienden su lugar en el contexto externo es una verdad de Perogrullo, que no debe perder de vista una variable clave: la percepción acerca de los beneficios y costos, debilidades y fortalezas, amenazas y oportunidades en las decisiones que se toman. La cuestión Malvinas sigue siendo, en tal sentido, un ejemplo paradigmático.
Pese a sus debilidades de origen y ejercicio, el gobierno de Arturo Illia (1963-1966) llevó a cabo una política exterior independiente, se opuso a la intervención militar de los EE.UU. en República Dominicana, adoptó posiciones moderadas sobre el conflicto por el canal de Panamá y Cuba en la OEA, avanzó en conversaciones con Chile para abordar de manera conjunta el litigio por el canal de Beagle y, durante su gestión, la Argentina logró la aprobación de la Resolución 2065 de la ONU sobre Malvinas.
Cabe subrayar que los dos principales logros diplomáticos en relación con el reclamo de la soberanía en Malvinas, luego de su reconocimiento en las primeras asambleas generales de la ONU en 1945/46, las Resoluciones 1514 y 2065 (1965) se alcanzaron durante los únicos gobiernos civiles electos que hubo en esas décadas: Frondizi e Illia. La 1514, sobre descolonización, en 1960, sentó las bases para el tratamiento de la cuestión Malvinas como un problema colonial.
La Resolución 2065, aprobada por la Asamblea General de la ONU un 16 de diciembre de aquel año ‘65, reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido e instó a ambas partes a negociar una solución pacífica. Fue aprobada con un amplio apoyo internacional: 94 votos a favor, ninguno en contra y 14 abstenciones. Diversos países de América Latina y otras regiones apoyaron la postura argentina y la necesidad de negociaciones bilaterales. EE.UU. se abstuvo.
Avances que echó por la borda la decisión de la última dictadura militar de recuperar las Malvinas por la fuerza el 2 de abril de 1982. Un acto de fuerza que contenía gruesos errores de evaluación sobre los beneficios que cabría esperar por esa decisión unilateral, entre ellos el aval de los EE.UU. a esa recuperación compulsiva de las islas por un alineamiento más activo en el marco de la Guerra Fría. Y que dejó a nuestro país más débil y aislado que nunca. Con un retroceso respecto del reclamo de soberanía sobre las islas que todavía se sigue sintiendo.
A 60 años de aquel hito de nuestra diplomacia, la aprobación de la Resolución 2065 se recuerda como un ejemplo exitoso de gestión de política exterior argentina a través de la generación de consensos, que logró instalar el reclamo soberano a nivel global. Un ejemplo también de los contrastes entre el ejercicio de una inteligente diplomacia multilateral y las actuaciones solitarias y erráticas en materia de política exterior.
Publicado en Clarín el 13 de diciembre de 2025.
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