miércoles 10 de diciembre de 2025
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La reislamización de la juventud musulmana en Francia

Por Olivier Galland y Gérard Grunberg

El IFOP acaba de publicar los resultados de una encuesta que está generando mucho revuelo. Muestran una clara “reislamización” de la población musulmana, especialmente entre los jóvenes. Esta evolución no es realmente sorprendente (ya se señalaba en el libro dirigido por Olivier Galland y Anne Muxel en 2018, basado en una encuesta realizada entre estudiantes de secundaria y titulado La Tentation radicale), pero ahora se confirma y se intensifica.

Lo más llamativo es el auge de este fervor religioso y de las manifestaciones de “absolutismo religioso”, como se denominaba en el libro citado: es decir, la idea de que la religión posee la verdad completa sobre todas las cosas y debe imponerse al mundo profano. Veamos algunos ejemplos centrándonos en los jóvenes, cuyo cambio de comportamiento es el más espectacular.

El ascenso de la religiosidad

Para empezar, el 80% del conjunto de los musulmanes en Francia se definen como “personas religiosas”, frente al 48% de quienes profesan otras religiones. El grado de religiosidad es aún mayor entre los jóvenes musulmanes: un 30% se declaran “extremadamente o muy religiosos”, frente al 12% de los mayores de 50 años, por ejemplo. Aquí probablemente haya un claro efecto generacional.

Este repunte de religiosidad entre los jóvenes musulmanes viene de lejos. Hugues Lagrange ya lo destacaba en un artículo de 2013, comparando los resultados de la encuesta Movilidad geográfica e inserciones sociales (MGIS), realizada por el INED en 1992, con los de la encuesta Trayectorias y orígenes (TeO) de 2008, ambas centradas en descendientes de inmigrantes o jóvenes procedentes de la inmigración. Lagrange mostraba que la afiliación religiosa ya había aumentado entre los descendientes de inmigrantes entre esas dos fechas, y que los signos de religiosidad eran más fuertes en 2008 entre los jóvenes de origen magrebí que entre los adultos de esa misma procedencia.

“Todo ocurre”, escribía Lagrange, “como si los factores que impulsan la secularización en el núcleo central de la sociedad quedaran en suspenso entre los jóvenes procedentes de migraciones [extraeuropeas] socializados en Francia”. No solo están en suspenso, sino que parecen invertidos, y la encuesta del IFOP muestra signos evidentes de ese giro, que se acelera en los últimos años.

Por ejemplo, el 67% de los jóvenes musulmanes de 18 a 24 años dicen rezar al menos una vez al día, cuando en los años noventa o principios de los 2000 no eran más que uno de cada cinco (o menos). Un crecimiento espectacular. El 40% dice acudir a la mezquita los viernes, frente a algo más de uno de cada diez hace treinta años. Y podríamos multiplicar los ejemplos (práctica del Ramadán, respeto de prohibiciones religiosas, etc.).

Detengámonos un momento en el uso del velo, que ilustra bien este clivaje generacional (en el gráfico inferior). Las curvas de las menores de 25 años y de las mayores de 50 se cruzan después de 2016. Las mujeres musulmanas que hoy tienen más de 50 años pertenecen a las generaciones encuestadas en 1992 en la MGIS, que mostraba una clara aproximación entre las prácticas culturales de los jóvenes de origen inmigrante y los jóvenes nacidos de padres franceses. Es probable que esas generaciones, hoy en torno a los 50 o 60 años, hayan conservado ciertos rasgos culturales de su juventud que las mantienen alejadas de los símbolos más divisivos de la adhesión al islam (lo que no implica que hayan dejado de considerarse creyentes).

Las jóvenes musulmanas de hoy, en cambio, han sido socializadas en un entorno completamente distinto y no dudan en adoptar estos símbolos que expresan abiertamente su fe (el 80% dice hacerlo para respetar una obligación religiosa), sin olvidar que el velo también puede responder a la necesidad de protegerse frente a presiones en el espacio público (el 44% afirma llevarlo para “no atraer la mirada de los hombres”). La explicación de este giro generacional sigue siendo una cuestión abierta.

 

 

La posición del islam en la sociedad

El aumento de la religiosidad es una cosa, pero no necesariamente implica una visión determinada sobre el rol que debe jugar la religión en la sociedad. Uno puede ser profundamente religioso y considerar que los asuntos civiles, relativos a la organización social, no competen a la religión. Es un proceso que también vivió la Iglesia católica: bajo Juan Pablo II y Benedicto XVI acabó reconociendo esta separación entre lo sagrado y lo profano, dejando de oponerse, por ejemplo, a las teorías de la evolución, aunque rechazara una visión puramente materialista del ser humano.

La encuesta del IFOP distingue bien entre religiosidad e islamismo, planteando preguntas distintas para aproximarse a cada dimensión. Por eso, la crítica de un artículo de Le Monde, que denunciaba una “confusión entre el repunte de religiosidad e islamismo”, no parece justificada. La interpretación prudente corresponde a los analistas; eso es lo que intentamos hacer aquí.

Los musulmanes encuestados parecen adherirse ampliamente a la idea de que la religión domina el mundo secular y puede moldearlo. Ya se observaba en la encuesta de 2016 sobre radicalidad religiosa entre estudiantes de secundaria.

François Kraus, responsable de la encuesta del IFOP, retomó (con permiso de los autores) una de las preguntas planteadas en aquella investigación: “Cuando la religión y la ciencia se oponen sobre la cuestión de la creación del mundo, ¿suele tener razón la religión o suele tener razón la ciencia?”. Entre los estudiantes musulmanes de 2016, el 81% daba la razón a la religión… y exactamente el mismo porcentaje aparece entre los jóvenes musulmanes en la encuesta del IFOP. Para ellos, la preeminencia de la religión es evidente, ya sea por su antigüedad histórica o porque consideran que “la ciencia no existía tanto comparado con ahora”. Para muchos, la ciencia es solo una creencia más. Y aparentemente eso no ha cambiado. Aquí también la diferencia generacional es fuerte: el 52% de los musulmanes mayores de 50 da la razón a la religión, frente al 81% de los jóvenes.

Otras preguntas van más lejos, porque abordan la relación directa entre religión y organización social. Dos son especialmente significativas: la relativa a la sharía y la que pide elegir entre respetar las leyes francesas o las reglas del islamEstas respuestas permiten aproximar el grado de adhesión al fundamentalismo religioso (y, en el caso del islam, al islamismo), que se distingue claramente de la simple ortodoxia religiosa. La ortodoxia es la práctica tradicional; el fundamentalismo es una visión profundamente politizada con pretensión de universalidad.

Los resultados brutos muestran que una minoría relativamente pequeña (15%) se declara a favor de la aplicación integral de la sharía “sea cual sea el país”. Entre los jóvenes, el porcentaje asciende al 21%. Por otro lado, casi la mitad (47%) considera que la sharía “no tiene por qué aplicarse en países no musulmanes”, lo cual no implica rechazar su aplicación en países musulmanes. Un 31% opta por una posición intermedia: aplicación parcial y adaptada a las reglas del país.

Podemos ver el vaso medio vacío —inquietarnos porque uno de cada cinco jóvenes parece adherirse a una visión fundamentalista— o medio lleno, constatando que la mitad no se identifica con ella. Algo similar ocurre con la pregunta sobre respetar las leyes francesas o las reglas del islam: la mitad opta por las leyes, pero el 44% (y el 57% de los jóvenes) por las reglas religiosas.

La encuesta también muestra que una proporción importante de jóvenes musulmanes (42%) aprueba total o parcialmente posiciones islamistas y siente simpatía por al menos una corriente de la esfera islamista, especialmente los Hermanos Musulmanes: un tercio de los jóvenes de 15 a 24 años se declara cercano a ellos. En la encuesta de 2016, los estudiantes “absolutistas” representaban aproximadamente un tercio.

¿Qué escenario para el futuro?

¿Nos dirigimos hacia una islamización reforzada y una mayor adhesión a posturas fundamentalistas? ¿O, como ocurrió con el catolicismo, el islam se modernizará con el tiempo?

Para responder, habría que saber qué pesará más: el efecto edad o el efecto generación. La lógica generacional es hoy evidente: los jóvenes son más religiosos y más radicales que las generaciones anteriores cuando eran jóvenes. Pero nada garantiza que con el envejecimiento y la integración socioeconómica no llegue cierta moderación. Los datos cruzados muestran que los musulmanes en categorías socioprofesionales más altas o que viven en el área parisina están menos radicalizados. Es cierto que son, de media, algo más mayores, pero también podría influir la movilidad social. Favorecerla y derribar las barreras que dificultan la inserción laboral de los jóvenes de origen inmigrante sería, en este sentido, un mensaje importante.

¿Qué actitud adoptar?

La reislamización de la población de origen musulmán en Francia es un fenómeno social de gran magnitudque probablemente perdurará al estar impulsado por el reemplazo generacional. Debemos intentar comprenderlo y responder con inteligencia.

En un reciente editorial de Le FigaroYves Thréard propone adoptar una postura combativa. Considera que no hemos sabido defender la laicidad ni contrarrestar la pérdida de referencias judeocristianas tras el declive del catolicismo, y llama a “librar una batalla cultural y espiritual”. Pero se puede cuestionar esta estrategia: podría crispar aún más el debate, radicalizar a una parte de la población que ya percibe discriminación, alimentar la idea (equivocada) de una “islamofobia” estructural y avivar el clientelismo político.

La reislamización de los jóvenes aparece primero como un fenómeno religioso, pero también puede interpretarse desde las identidades colectivas. Los miembros de un grupo social, en este caso los musulmanes, toman conciencia de su pertenencia compartiendo una identidad común. Puede trazarse un cierto paralelismo con la transformación de la población obrera en “clase obrera” entre los siglos XIX y XX.

En ambos casos, un grupo social que se percibe maltratado crea una identidad colectiva para reivindicar autonomía y reconocimientolos obreros desde su posición en la producción; los musulmanes desde su pertenencia religiosa. En ambos casos hubo estructuras políticas que ofrecieron un marco ideológico: partidos socialistas y comunistas por un lado y los Hermanos Musulmanes por otro. Y en ambos casos surgieron formas de radicalidad.

Antes que librar una “batalla cultural y espiritual” (¿En qué consistiría exactamente?), parece necesario un esfuerzo pedagógico para convencer a los jóvenes musulmanes de que no son víctimas de un rechazo estructural por parte de la sociedad en la que viven.

No será fácil. Como señala Ruud Koopmans en una entrevista reciente, “en los países de origen, el islamismo se ha convertido en las últimas décadas en la forma dominante del islam”. Y este fenómeno se transmite “por capilaridad” a EuropaSi la identidad colectiva se basa en una oposición radical entre “ellos” y “nosotros”, conduce a actitudes de cierre y deshumanización del otro.

Siguiendo el paralelismo histórico, del mismo modo que los comunistas franceses abandonaron la idea de importar el modelo soviético (facilitado, claro, por su colapso), los musulmanes franceses deberán abandonar el islamismo. Puede esperarse también que las segundas o terceras generaciones sean menos sensibles a esa “capilaridad”. De hecho, la encuesta indica que los jóvenes de origen magrebí son menos receptivos al islamismo que los originarios del África subsahariana, probablemente inmigrantes más recientes desde regiones donde el islamismo avanza rápidamente.

Además, no todas las tendencias apuntan hacia un incremento de la ortodoxia religiosa. En 2008, un 38% estimaba que la sharía no debía aplicarse en países no musulmanes; hoy son el 47%. En cuanto a los tabúes religiosos, solo el 6% (frente al 9% en 2016) rechaza ser atendido por un profesional sanitario del otro sexo. El 20% rechaza las piscinas mixtas frente al 34% en 2016. Y, sobre todo, el 73% acepta hoy la apostasía frente al 44% en 1989.

Por otro lado, conviene tener en cuenta que las historias del cristianismo y del islam son muy distintas. El cristianismo incorporó desde el inicio un fuerte elemento grecorromano, lo que permitió —a partir de los siglos XII y XIII— integrar la razón, debilitando la ortodoxia anticientífica y conduciendo a la Ilustración siglos más tarde. El islam, en cambio, tras la desaparición de Averroes en el siglo XIII, quedó anclado en una ortodoxia hostil a la razón, que aún pesa sobre él. Ignorar esta especificidad impediría abordar la cuestión crucial de su relación con el conocimiento científico.

También debemos recordar que, si realmente defendemos la libertad religiosa, no podemos negársela a los musulmanes mientras se ejerza dentro del marco legal. La reislamización confirma que el viejo proyecto asimilacionista era erróneo y que la integración, aunque más realista, debe replantearse. Una nueva guerra de religión sería desastrosa. Eso no impide —al contrario— defender firmemente nuestros valores, empezando por la laicidad y la libertad de pensamiento.

Link https://agendapublica.es/noticia/20418/reislamizacion-juventud-musulmana-francia?utm_source=Agenda+P%C3%BAblica&utm_campaign=362ba9f9c5-EMAIL_CAMPAIGN_2020_10_08_05_49_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_452c1be54e-362ba9f9c5-116894577

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