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Opinión 08 11 2021

La porfía de la historia


Autor: Maximiliano Gregorio-Cernadas









“Cambia el nombre y la historia es acerca de ti”, sentenció el poeta latino Horacio (siglo I a.C), denotando que toda historia, por más caduca que parezca, puede referirse también al lector de otro tiempo. Este célebre adagiore cobra vigencia cuando reviso una investigación de posgrado que realicé en los ’90, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, acerca de “La diplomacia indígena en la Pampa durante el siglo XIX” y la cotejo con los graves sucesos del sur. Aquella historia que entonces creía perimida y ajena, hoy advierto que habla de nosotros, pues lo esencial de su estructura, permanece intacta.

El marco geográfico es el mismo vasto mundo de escala binacional y bioceánica, que atraviesa los Andes, desde el Pacífico hasta el Atlántico, abarcando el sur de Chile, el sur de la región pampeana y el norte de la Patagonia. 

Aquel antiguo escenario, correctamente considerado “desértico” desde la perspectiva del desarrollo, continúa siendo hoy una región que, si bien ha avanzado sustancialmente, continúa exhibiendo importantes índices de necesidades básicas insatisfechas.

Hoy como ayer,  grupos ínfimos pero resueltos y organizados, pueden burlarse sistemática e impunemente del imperio de la ley.

Persisten dos Estados soberanos pero incapaces de resolver separada ni mancomunadamente atentados contra la seguridad de su propia existencia. 

Retornan grupúsculos que se atribuyen la representación de difusas entidades raciales no autóctonas, pues la “araucanización” aquende los Andes constituye un conocido proceso de invasión y exterminio de aborígenes preexistentes. 

Perdura la incapacidad de estas bandas de crear un sistema económico genuino para proveerse pacíficamente de sus propios recursos.

Retorna con furia el ejercicio de la violencia y el terror como métodos de solución de conflictos y la obtención de concesiones económicas. 

Se reitera el modus operandi de golpear de un lado de la cordillera para obtener ventajas materiales y, ante cada derrota, retirarse tácticamente para repetir el procedimiento al otro lado, y así sucesivamente.

Ya no existe aquel circuito económico de expoliar la ganadería pampeana para contrabandearla en pie en el mercado chileno donde escaseaba y se cotizaba mejor y negociar efímeras paces a cambio de productos básicos. Sin embargo, como antaño, el uso sistemático de la violencia continúa permitiendo obtener réditos en tierras, instalaciones y atención. 

Como en aquel círculo vicioso del siglo XIX, vuelve a imponerse la connivencia de intereses aviesos y oscuros, que se sospecha son inmobiliarios y recursos de la tierra (petróleo, gas, minerales), excéntricos al escenario, pero que lo financian.

El sistema político-económico de ambos escenarios diacrónicos, continúa basándose en aprovechar las debilidades y disidencias internas y binacionales, para presionar violentamente y obtener su rédito. 

Otra vez se registran autoridades locales impotentes, entonces oficiales de frontera con coraje pero casi sin víveres para sus soldados, y hoy gobernadores, intendentes y jueces bien abastecidos, pero atenazados por otras carencias.

Hoy como ayer, la inmensa mayoría de ciudadanos de bien padece como víctimas impotentes y aterradas, en un mundo salvaje dominado por la ley del más fuerte, entre el fuego cruzado de unos pocos violentos y un Estado ausente. 

Sin embargo, en el trasfondo del conflicto, apañando esta singular persistencia de un reclamo minoritario, racial y preconstitucional, rige algo más profundo y complejo: una inquietante familiaridad entre ideologías premodernas, corporativas y violentas, y la actual irracionalidad del posmodernismo. Deberíamos abordar cuestiones como preguntarse si un examen de sangre para dirimir derechos ancestrales constituye un criterio sensato para establecer derechos, o si la violencia es conducente para resolver conflictos.

En este sentido, no debemos olvidar que una mayoría de ciudadanos de la región involucrada, basada en aquellos presupuestos ideológicos, votó en el año 2019 en favor de profundizar el tipo de contradicciones que sostienen este conflicto. Si se juega a producir chispas en un bosque seco, es irracional preguntarse luego de dónde viene el incendio. La cuestión es decidir si esa misma mayoría decide este 14 de noviembre persistir en ese sistema o elegir otro. 

Alienta, no obstante, advertir que las soluciones también son similares: resuelta colaboración binacional, solución pacífica de conflictos, atención equitativa de demandas socioeconómicas insatisfechas y, sobre todo, imperio de la ley y de los preceptos fundamentales de nuestra Constitución Nacional, como la libertad de tránsito, el respeto a la propiedad y la igualdad ante la ley sin importar su condición racial.

Publicado en Río Negro el 4 de noviembre de 2021.