Días atrás, grupos de militantes de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y del Movimiento Evita, entre otras organizaciones, se movilizaron para protestar frente a la municipalidad de Lanús, demandando mejoras en las condiciones laborales para los trabajadores que se encargan de llevar adelante las tareas de barrido y limpieza.

Esta protesta en el centro de Lanús se llevó a cabo 24 horas después del violento enfrentamiento que se vio en Quilmes, donde los militantes de los movimientos sociales protestaron por la implementación del estacionamiento medido, lo cual pone en jaque la posibilidad de trabajar de los denominados “trapitos” (vinculados al espacio político de Grabois). En esta oportunidad, los militantes de los movimientos sociales realizaron destrozos al intentar ingresar al palacio municipal, y fueron fuertemente reprimidos por los agentes policiales. Además de la tradicional quema de gomas (típica escena de los “piquetes”), es menester resaltar que en dicho enfrentamiento también se pudo ver una escena caricaturesca sin precedentes: la quema de un árbol de Navidad.

Desde el sector de Grabois piden una mejora salarial para los barrenderos que realizan tareas de higiene urbana a través de cooperativas, así como un bono de trabajo y cajas navideñas. A esto se suman las demandas por parte del Movimiento Evita en Lanús, quienes denuncian despidos encubiertos por parte de la gestión del intendente Julián Álvarez.

Cabe resaltar que, desde los movimientos sociales, los referentes vinculados a Grabois y el Movimiento Evita denuncian precarización laboral y despidos encubiertos. Por parte de las intendencias de La Cámpora (Mayra Mendoza y Julián Álvarez), creen que es un reclamo más vinculado a una disputa política que a una cuestión social.

¿Qué suelen reclamar los movimientos sociales cuando hablan de “precarización laboral”? Desde estas organizaciones denuncian que a sus militantes les pagan el monto vinculado al plan social y no al valor de referencia de una determinada actividad. Es decir, cobran el monto bajo de los cooperativistas, cuando deberían cobrar un monto similar a lo que percibe un barrendero del municipio por realizar la misma función.

De hecho, la que salió recientemente a poner paños fríos ante esta situación fue la ex Ministra de Desarrollo Social de la Nación, Victoria Tolosa Paz. La actual Diputada Nacional referenciada con el espacio del ex Presidente Alberto Fernández salió a defender a los intendentes y cuestionó el “mecanismo extorsivo de los piquetes”.

Además, desde la intendencia de Quilmes sostuvieron que “el estacionamiento medido es un reclamo histórico de los vecinos”. Grabois, por su parte, lamentó el accionar represivo de la intendenta de Quilmes quien, según él, actuó con complicidad de la Policía Bonaerense (que responde a ministros de Kicillof).

Toda esta disputa parece de novela. Y no es casual pensar que la literatura argentina contemporánea ya comenzó a abordar estas temáticas. Por caso, las demandas por el reconocimiento y las condiciones laborales de los cooperativistas que trabajan en los municipios del Conurbano como barrenderos son parte de las subtramas de una llamada “Los Tres Piqueteros”, publicada este año bajo un sello independiente, la cual también refleja la represión de la protesta social y el “mecanismo extorsionador de los piquetes” que denuncia Tolosa Paz. En definitiva, la ficción y la realidad parecen cruzarse.

Más allá de estas disputas novelescas y ficcionales, la realidad demuestra que no se sabe qué va a pasar el próximo año con la implementación del estacionamiento medido en Quilmes y con los barrenderos sin contrato en Lanús. Lo que sí se puede afirmar es que el peronismo tiene que sentarse a debatir profundamente un modelo de país. Hace años viene discutiendo cargos y no el contenido de un proyecto político. Está clarísimo que tiene visiones antagónicas entre quienes gestionan instituciones estatales y quienes representan intereses de movimientos sociales como la CTEP y el Movimiento Evita.