A Javier Milei le pertenece el hallazgo verbal de la palabra “arrasar” para referirse a sus moderadas victorias electorales, las pasadas y las futuras.
Lo sucedido en los comicios de Corrientes parecen verificar el hallazgo de ese recurso retórico, aunque en la ocasión quien arrasó en este territorio fue la UCR, y quien fue arrasado en toda la línea fue el candidato de La Libertad Avanza.
Si a este escarmiento electoral sumamos el de Santa Fe y los que se insinúan con consistencia en otras provincias estaríamos autorizados a admitir que la irrupción arrasadora de Milei en la política nacional, la creación de una nueva etapa histórica civilizatoria en Argentina, es más el producto de las fantasías afiebradas de los libertarios o, en el mejor de los casos, un dato de coyuntura sujeto a los vaivenes a veces impiadosos de la política.
Parecería ser esa ciega y frenética fe de cruzados que parece dominar a los hermanos Milei lo que los conduce a cometer torpezas políticas groseras que los colocan en situaciones humillantes desde el punto de vista de la contabilidad política.
La UCR de Corrientes fue en estos dos años un aliado leal del mileísmo, pero como ya se pudo apreciar en Buenos Aires, ciudad y provincia, los hermanos Milei conciben a la lealtad como sinónimo de humillación, de sometimiento.
Y esa convicción la dulce Karina la aplica con pasión de fanática despiadada, incluso a contramano de los datos duros que le presenta la realidad política. A un radicalismo poderoso como es el de Corrientes, arraigado en las tradiciones locales de la provincia, un radicalismo con vocación de poder y confiado en su fuerza, Karina pretendió someterlo con condiciones humillantes y disparatadas.
Fiel a esa consigna, fundada por Cristina, “Vamos por todo”, exigió para su candidato desconocido la candidatura a gobernador, las cabezas de los cargos legislativos y, como para verificar su disposición a cometer todos los abusos posibles, reclamó que la sigla radical desaparezca de las boletas partidarias y que los candidatos del partido de Alem, Yrigoyen y Alfonsín se vistan con buzos violetas.
Por supuesto, los radicales los mandaron bien a la mierda, les recordaron que en Corrientes son apenas una minoría inestable y que si alguna duda tienen al respecto que se den el gusto, se presenten solos, que agiten al viento los rostros mesiánicos de Javier y Karina y que esperen sentados el veredicto de las urnas, veredicto que se conoció a la media hora de iniciado el escrutinio, cuando los votos para Valdés eran aluvionales mientras que el candidato de La Libertad Avanza no llegaba a los dos dígitos y era superado por más de cuarenta puntos en elecciones que está vez contaron con la participación de casi el setenta por ciento del padrón.
Y este duro tropezón los libertarios lo soportan mientras siguen enredados en el escándalo de los audios de Spagnuolo y las coimas. El próximo domingo hay elecciones en provincia de Buenos Aires y en octubre, elecciones nacionales para cargos legislativos.
No es necesario disponer de condiciones de vidente o contratarla a Casandra para vaticinar que el clima de derrota se respira en el ambiente y que la fantasía libertaria de arrasar en los comicios está más cerca del delirio que de la realidad. Y que, por el contrario, si un consejo deberían aceptar los hermanitos Milei es que en las próximas encrucijadas electorales el desafío a superar no es el de arrasar a sus rivales sino el de no ser arrasados.








