Intentando castigar a Brasil por adoptar un mejor sistema de pagos.
Traducción Alejandro Garvie
Brasil introdujo Pix, un sistema de pago digital, hace casi seis años. Este sistema, que permite realizar pagos desde el teléfono móvil (de forma similar a Apple Pay o Google Pay, con la diferencia de que los pagos con Pix se realizan con moneda oficial en lugar de transferencias de empresas privadas), ha tenido un gran éxito. La gran mayoría de los brasileños lo utiliza con regularidad y, según todos los indicios, Pix (que es gratuito para particulares y económico para empresas) goza de enorme popularidad.
El miércoles —casualmente, en el primer aniversario de un artículo que publiqué elogiando a Pix y sugiriendo que podría representar el futuro del dinero— la administración Trump intentará castigar a Brasil por este éxito. Lo hará imponiendo aranceles a las exportaciones brasileñas en virtud del artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, que permite dichos aranceles para contrarrestar las “prácticas comerciales desleales”.
¿Por qué es injusto que una nación ofrezca a sus propios ciudadanos una mejor manera de realizar compras y pagar facturas? En cierta medida, la administración Trump todavía intenta castigar a Brasil por ser una verdadera democracia. A diferencia de Estados Unidos, Brasil llevó a juicio a su expresidente, Jair Bolsonaro, por fomentar una insurrección cuando perdió las últimas elecciones.
La hostilidad de Trump hacia el sistema Pix de Brasil también ilustra el mismo fenómeno que vemos en su política energética: esta administración es hostil al progreso siempre que ese progreso vaya en contra de los intereses y la ideología de los oligarcas que han invertido dinero en las campañas de Trump y en sus bolsillos.
Pix es esencialmente una versión digital del real brasileño. Como señaló un informe de la Reserva Federal de 2022, una moneda digital de un banco central —que es lo que es Pix— “es análoga a una forma digital de papel moneda”. Los bancos brasileños están obligados a ofrecer Pix, lo que, según los seguidores de Trump, le otorga una ventaja injusta sobre las tarjetas de débito y otros métodos de pago. Sin embargo, este requisito es similar, en esencia, al requisito de que todos los bancos estadounidenses acepten billetes de dólar como depósitos y los dispensen a demanda, algo que pocos considerarían injusto.
¿A quién perjudica la llegada de Pix? La posibilidad que tienen los brasileños de realizar pagos instantáneos y económicos desde sus teléfonos sin duda perjudica a Visa y Mastercard, ambas empresas estadounidenses. Pero, ¿desde cuándo es una práctica comercial desleal que las empresas pierdan clientes frente a un competidor que ofrece un producto mejor y más barato? Por ejemplo, ¿deberíamos cerrar el servicio postal estadounidense porque ofrece un servicio de entrega de correo mejor y más económico que UPS o FedEx? ¿Deberíamos cerrar PayPal y Venmo porque compiten con Mastercard y Visa?
Más allá de la preocupación por las ganancias de Visa y Mastercard, se informa que a los funcionarios de Trump les preocupa que Pix y otros sistemas de pago similares puedan desafiar el dominio internacional del dólar. En realidad, Brasil es un actor demasiado pequeño como para tener un impacto significativo en el sistema mundial de pagos. Sin embargo, el dólar podría enfrentar un verdadero desafío si el Banco Central Europeo logra, como espera, introducir un euro digital en 2029. De ser así, es fácil imaginar que un número considerable de transacciones que de otro modo se habrían realizado en dólares se realizarán en euros digitales.
Pero seamos claros: la razón por la que la gente podría optar por el euro digital es que Estados Unidos no ofrecerá un medio de pago igualmente bueno. ¿Por qué no habrá un dólar digital? No porque sea una mala idea —como ha demostrado Brasil, sería una excelente idea—, sino porque existen poderosos intereses que se oponen a cualquier medida de este tipo.
El año pasado, los republicanos de la Cámara de Representantes aprobaron un proyecto de ley que no solo prohibía la creación de una moneda digital del banco central estadounidense, sino que también prohibía cualquier estudio del tema por parte de la Reserva Federal. “Ni se les ocurra pensar en crear un dólar digital”.
Los defensores de esta prohibición alegaron tener dudas sobre el funcionamiento de una moneda digital de un banco central. Sin embargo, es evidente que su verdadera preocupación es que funcione demasiado bien. Los inversores en criptomonedas, en particular, están muy preocupados de que los consumidores que tenían acceso a dólares digitales pierdan interés en las stablecoins y otros productos de criptomonedas, ya que estos productos, al ser riesgosos y difíciles de usar, no serían competitivos frente a un sistema que simplemente permite realizar pagos electrónicos en dólares.
El éxito de Brasil resulta especialmente irritante para los promotores de las criptomonedas, ya que contrasta enormemente con los resultados de otro experimento monetario latinoamericano: el intento de El Salvador de convertir el Bitcoin en un medio de pago importante. El gobierno del presidente Nayib Bukele legalizó el Bitcoin e invirtió grandes sumas en promover su uso. Sin embargo, el esfuerzo fracasó: la criptomoneda nunca se popularizó como medio de pago, y la caída del precio del Bitcoin desde el otoño pasado ha ocasionado grandes pérdidas al gobierno salvadoreño.
Más allá de la oposición de grupos de interés, la moneda digital brasileña claramente genera indignación entre la derecha, que rechaza la idea de que un gobierno preste un servicio que podría haber ofrecido el sector privado, incluso —o más bien, especialmente— si el gobierno puede hacerlo mejor. Si podemos tener un dólar digital, ¿por qué no una opción pública para el seguro médico?
Finalmente, la feroz oposición a las monedas digitales de los bancos centrales me recuerda los esfuerzos de la administración Trump por bloquear el desarrollo de la energía eólica y solar. En ambos casos, vemos a actores políticos supeditados a intereses particulares —las criptomonedas en lo que respecta al dinero, los combustibles fósiles en lo que respecta a la energía— que afirman favorecer el progreso tecnológico, pero claman “¡así no!” cuando una tecnología superior no lleva la economía hacia donde ellos quieren.
Ahora bien, utilizar aranceles para castigar a Brasil por sus logros monetarios no tendrá éxito. Políticamente, la medida solo fortalecerá al presidente brasileño Lula. Económicamente, el alcance de los aranceles se verá limitado por los temores de la administración Trump de que los precios del café, el jugo de naranja, la carne de res y otros productos aumenten aún más. Y como argumenta Mónica de Bolle del Instituto Peterson de Economía Internacional, los aranceles de Trump, en general, han fortalecido la posición de Brasil: “La desviación del comercio en todo el mundo como reacción a los aranceles estadounidenses ha convertido a Brasil en una potencia exportadora”, y Brasil, por ejemplo, ha capturado gran parte del mercado chino de soja.
Pero la evidente insensatez de estos nuevos aranceles no impedirá que se implemente. La administración Trump le ha declarado la guerra al futuro, y algo que sabemos de Trump es que nunca lo admite cuando fracasan las guerras que elige.
Link https://paulkrugman.substack.com/p/trumps-war-on-the-future-monetary








