La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos proyecta temores internos en el exterior
Por Martín Wolf
Traducción Alejandro Garvie
La estrategia de seguridad nacional estadounidense (NSS), publicada en diciembre, destaca las deficiencias de sus aliados europeos. Su texto es brutal.
Afirma que el declive económico de Europa se ve eclipsado por la perspectiva real y más cruda de la desaparición de la civilización. Los problemas más importantes que enfrenta Europa incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos, la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política, la caída en picada de la natalidad y la pérdida de identidad nacional y de confianza en sí mismos. También afirma que Estados Unidos se opondrá a las restricciones antidemocráticas impulsadas por las élites sobre las libertades fundamentales en Europa, la anglósfera y el resto del mundo democrático, especialmente entre nuestros aliados.
En resumen: “Nuestro objetivo debería ser ayudar a Europa a corregir su trayectoria actual”.
La principal forma en que Estados Unidos pretende lograrlo es apoyando a los “partidos patrióticos europeos”. Ningún líder de un partido de este tipo es más admirado por MAGA que el húngaro Viktor Orbán. Entonces, ¿cómo ha logrado promover la libertad de expresión y la democracia liberal en general?
Según la respetada base de datos Varieties of Democracy (V-Dem), la respuesta es muy deficiente: el índice de “democracia liberal en general” del país cayó de 0,77 (sobre 1) en 2009 a 0,32 en 2024. La Hungría querida por MAGA es un estado corrupto y autoritario. Pero no es tan mala como Rusia, cuyo líder, Vladímir Putin, se encuentra entre los héroes de Donald Trump. Esto no sorprende. Un hombre que intentó anular unas elecciones no puede estar convencido de su preocupación por la democracia.
Consideremos entonces la libertad de expresión de forma más específica. De nuevo, según V-Dem, muchos países europeos, como el Reino Unido, Francia y Alemania, protegen la libertad de expresión y lo que denominan “fuentes alternativas de información” mejor que Estados Unidos. Eso fue en 2024. ¿Alguien cree que esto habrá mejorado en 2025, sobre todo considerando los ataques del gobierno a las universidades y los medios de comunicación?
Esto no quiere decir que todo esté bien en Europa. Existe una serie de preocupaciones importantes, incluyendo el estado de la libertad de expresión incluso en el Reino Unido, aunque las comparaciones de Nigel Farage con Corea del Norte son grotescas. Sin embargo, las inquietudes sobre esos partidos “patrióticos” también son razonables. Europa, después de todo, tiene una historia. Esto nos dice con brutal claridad que los partidos “patrióticos”, y de hecho el nacionalismo en general, pueden ser con demasiada facilidad caminos a la ruina. Las dos guerras mundiales nos lo enseñaron. Así, al no reprimir el “derecho” de Adolf Hitler a la libertad de expresión, Alemania terminó perdiendo 5,5 millones de soldados y entre 1,1 y 3 millones de civiles en la Segunda Guerra Mundial. A nivel mundial, las pérdidas fueron de 75 millones en las dos guerras mundiales.
Hitler también fue uno de esos “patriotas” aterrorizados por lo que la NSS llama “borrado de la civilización”. En mayo de 2025, la oficina federal para la protección de la constitución alemana, designó a la Alternativa para Alemania (AfD), como “extremista de derecha”. Sin duda, no es un partido nazi. Pero sí tiene neonazis en su seno. ¿Deberían los alemanes, que conocen su historia, simplemente sonreír y decir: “¿Por qué no? Después de todo, ¿la libertad de expresión es sagrada?”. Se necesita a estadounidenses arrogantes para decir semejante estupidez. Por desgracia, se pueden ver antecedentes e ideas similares en otros partidos europeos de derecha en ascenso.
Igualmente insensato es el ataque a la UE. Aquí también hay muchas confusiones. Los Estados nacionales no son características políticas naturales de Europa. Se crearon, muchos de ellos bastante recientemente (al igual que Estados Unidos). Es más, también se crearon en gran medida mediante el derramamiento de sangre. Por lo tanto, esas identidades imaginarias condujeron a más desastres.
La UE se creó para gestionar e, idealmente, eliminar cualquier posibilidad de repetición. La idea era que la cooperación y la apertura de los mercados serían mejores que la guerra. Esto, según la NSS, es una locura.
Sin embargo, existe otra poderosa razón para preservar la UE. Como dijo hace tiempo el belga Paul-Henri Spaak, uno de los padres fundadores de la UE: “Solo hay dos tipos de países en Europa: países pequeños… y países que son pequeños, pero aún no lo saben.” En un mundo dominado por superpotencias y un continente amenazado por una Rusia con armas nucleares, se trata de unificarse o convertirse en víctima. No cabe duda de qué es lo que Trump quiere. Pero ¿por qué deberían hacerlo también los europeos?
Esto nos lleva al temor a una inminente “borradura de la civilización”. Tiene sus raíces en una política identitaria más extrema que la de la izquierda. Las identidades en cuestión son nacionales, raciales y chovinistas. Está vinculada al temor a un “Gran Reemplazo”, que muchos en MAGA abrazan. Ser “borrado”, entonces, significa volverse menos “blanco”, menos “cristiano” y menos numeroso. El vicepresidente J. D. Vance, aunque esposo de una mujer india, parece compartir esta visión en una versión intelectualizada. Es también, lamentablemente, donde podría residir el futuro del Partido Republicano.
Si es así, lo que dice la NSS es una proyección sobre Europa de lo que anima a la propia administración: un odio ardiente hacia la forma en que Estados Unidos ha estado cambiando, demográfica y culturalmente.
Estoy de acuerdo en que los Estados deben ejercer control sobre sus fronteras: sus valores pueden ser universales, pero la ciudadanía no puede estar abierta a todo el mundo. Sin embargo, las democracias liberales pueden ser un ejemplo. Lo que ha surgido dolorosamente (y a menudo con hipocresía) a lo largo de muchos siglos es, sin duda, una gran civilización. Se basa en ideales de libertad individual, igualdad de derechos para los ciudadanos, estado de derecho, la búsqueda del conocimiento y un gobierno elegido justamente. Nada de esto tiene sus raíces en la raza o la religión. Pero todo ciudadano de una democracia liberal debe aceptar esos valores.
En resumen, esta administración pretende aniquilar a la propia república, en su 250.º aniversario. Por eso Europa es su enemiga. Y también por eso Europa debe defenderse.
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