Según un estudio del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), la organización de los periodistas profesionales, el presidente Javier Milei profirió en el término de veinte meses, 16.806 insultos en las redes sociales. Ellos se produjeron por posteos propios y reposteos de insultos publicados por sus seguidores libertarios.
El estudio define que los insultos pueden dividirse en cinco categorías: despectivos, estigmatizantes, animalización, repulsivos y sexuales.
Entre los insultos se destacan la animalización: mandril, burro, rata, domado, cerdos, plaga, parásitos. La sexualización se ve en términos como vaselina, envaselinados. Lo repulsivo en términos como basura, maloliente, viejo meado, inmundicia y putrefacto.
¿Qué efectos mediáticos causan estos agravios? En primer lugar, atraen la atención pública y marcan agenda. Esto pasó recientemente con los insultos al presidente Lula y al juez de la Corte Suprema brasileña Alexandre de Moraes. Milei volvió a colocarse en el centro de la escena política con palabras totalmente opuestas a las que caracterizan a las buenas relaciones diplomáticas.
Lo que podemos interpretar es que los agravios de Milei tienen que ver con su personalidad. El mismo se define como un “puteador“, pero al mismo tiempo esto está siendo utilizado cómo estrategia en su aparato mediático de difusión.
No hay duda que estas agresiones tienen un efecto muy nocivo sobre la sociedad y en especial sobre los sectores juveniles. El Presidente, cómo máxima autoridad, genera comportamientos que imitan su estilo. Un presidente encrespado y agresivo va a provocar formas similares de violencia en la sociedad. Recientemente asistimos a una viralización del discurso de un importante comunicador libertario, Sarubbí Benitez, en “Carajo“ el principal streaming de la Libertad Avanza, en el que convocaba a tirar bombas incendiarias (napalm) sobre el conurbano bonaerense y esterilizar a su población. Casi una apología de los crímenes de lesa humanidad.








