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La escuela de Insfrán

En los últimos días nos encontramos con la difusión de un video en donde una funcionaria formoseña, sin ningún disimulo, transforma lo que debería haber sido un acto escolar en un acto político partidario. En primera fila, los alumnos tienen que  responder lo que en las escuelas hoy se espera de ellos: repetir a viva voz que los guardapolvos fueron provistos por el gobernador. A la par, el personal docente y directivo debe asumir con resignación el discurso, e incluso el reto por no haber trabajado lo suficiente el mensaje de adulación al gobernador.

Esta es una escena que no es novedosa en nuestra provincia, sino que refleja una práctica sistemática extendida hace más de tres décadas. De hecho, hace pocos días, otra funcionaria provincial se refirió a las instituciones educativas como “Servicios de Militancia del Modelo Formoseño”. También a inicios del ciclo escolar se hizo viral otro video, donde alumnos simulaban una entrevista al Gobernador, con el único fin de enaltecerlo. A esto se suma la denuncia sobre el contenido sesgado del material didáctico que se reparte en las escuelas, con manuales donde la historia provincial queda ordenada alrededor de la llegada de Insfrán al poder. La enumeración podría seguir, porque son imágenes que están a la orden del día en Formosa.

Quizás justamente por la frecuencia de estas imágenes, hemos perdido ya la capacidad de asombro y, junto con ella, la capacidad de indignación. Pero no me quiero resignar a naturalizar estas cosas, porque me niego a aceptar prácticas que  atentan contra la dignidad de los estudiantes, de los docentes, y de todos los formoseños.

En un contexto crítico para la educación en todo el país, después de que las pruebas PISA muestren un retroceso global pero más marcado para la Argentina, donde los desafíos pasan por garantizar aprendizajes fundamentales para los tiempos, y se debaten cuestiones como qué hacer con la inteligencia artificial, en Formosa la preocupación de los funcionarios pasa porque los alumnos respondan que sus guardapolvos se los regaló Gildo Insfran. Es el reflejo de un modelo de poder que ha tocado fondo.

La escuela, y también la universidad, tienen como objetivo central garantizar a los estudiantes las herramientas fundamentales para hacer realidad sus proyectos de vida y ejercer una ciudadanía plena, caracterizada por el pensamiento crítico, la autonomía y la libertad. A su vez, la educación no es solo central para el desarrollo individual, sino que es un pilar fundamental del crecimiento de una sociedad. Es por esto que garantizar el derecho a la educación, y los elementos básicos para ello, no es una dádiva o un favor de ningún gobernador, sino que es una obligación constitucional de todas las provincias.

Pero cuando las instituciones educativas se ponen al servicio de sostener y perpetuar un modelo de poder la función central de la educación pasa a un segundo plano. La propaganda reemplaza a la pedagogía, los estudiantes se transforman en sujetos a disciplinar y adoctrinar, y se impone a los docentes la obligación de exaltar la lealtad al líder. La libertad de pensamiento desaparece y se impone la sumisión militante.

Cuando insistimos en que la perpetuidad de una misma persona en el poder tiene que tener un límite, hablamos de estas cosas. Porque cuando un proyecto político antepone su permanencia indefinida a cualquier precio, no solo se afectan valores democráticos y republicanos, sino que el eje del gobierno se desvía por completo, hipotecando el presente y el futuro de todos los formoseños.

Publicado en El Comercial de Formosa el 21 de septiembre de 2026.

Link https://www.elcomercial.com.ar/57042-la-escuela-de-insfran

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