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La diplomacia china está más activa de lo que parece

Cuando uno aborda la realidad internacional en lo que va de 2026, es fácil desviar el grueso de la atención hacia la centralidad que ha tenido Estados Unidos a partir de la política exterior de la segunda presidencia de Donald Trump y sus profundas consecuencias para el orden internacional.

El presente análisis está en parte conectado con la política exterior de EEUU, por obvias razones en cuanto a lo que implica para China. Pero el objetivo principal es detenerse en el rol también muy central y protagónico -aunque mucho menos ruidoso y disruptivo- que ha tenido el presidente chino Xi Jinping a lo largo de este año tan complejo. La diplomacia de Xi en 2026 puede resumirse en los siguientes rasgos salientes:

  • Sin cambios en los intereses y objetivos de la política exterior

Los intereses y objetivos de la política exterior china no han presentado cambios, pese a las importantes novedades del contexto que podrían haber generado redefiniciones, como ser la intervención de EEUU en Venezuela o la guerra contra Irán. Sin embargo, China mantiene por ahora sus posiciones históricas, con la novedad si se quiere de un endurecimiento de la retórica contra el “hegemonismo” y la “ley de la selva” que propone EEUU. Paradojalmente, en coincidencia con la postura crítica exhibida por varios aliados históricos de EEUU en Occidente.

Ahora bien, esta narrativa más dura contra el accionar de EEUU no ha ido acompañada de cambios de fondo en el curso de la política exterior ni tampoco en la de defensa de China. Por el contrario, China sigue privilegiando el mantenimiento de la estabilidad en la relación con EEUU, como lo quedó demostrado durante la reciente visita de Trump a Beijing.

En todo caso, la respuesta de China a ese creciente accionar desestabilizador de EEUU ha sido un mayor involucramiento diplomático para intentar mediar en los conflictos, como hemos visto en el caso de la guerra en Medio Oriente. O al menos preservar sus intereses económicos, como en el caso de Venezuela. Si las reacciones de China a estos acontecimientos han sido exitosas o no, es una discusión abierta.

  • Xi viaja menos, pero no por ello está menos activo

A diferencia de años anteriores, en 2026 Xi Jinping ha reducido notablemente el número de viajes al exterior. Al mismo tiempo, recibió muchos líderes internacionales, incluidos los de EEUU, Rusia y de las principales potencias europeas. Por qué Xi viaja menos al exterior es otra cuestión interesante, sobre la cual no hay un claro consenso. Las especulaciones van desde temas de salud personal que limitarían la frecuencia de los viajes, o bien que se trataría de una redefinición estratégica para privilegiar la atención en la política interna de cara al trascendental 21° Congreso del PCCh, a celebrarse el año que viene.

La visita más relevante del año a China fue, por supuesto, la cumbre con Donald Trump del mes pasado, en la cual Xi hizo una verdadera exhibición de diplomacia imperial, dejándole claro a Trump cuáles son las líneas rojas de China, pero ofreciéndole también algunos “regalos” que le permitieron a Trump presentar la gira como un éxito. Me parece que ahora estamos en un tenso impasse hasta el posible viaje de Xi en EEUU, que sería hacia fin de este año. Trump tiene sincera admiración y respeto por Xi, a quien considera el hombre más poderoso del mundo después de él mismo.

Veremos si Xi viaja en septiembre a EEUU, previo a las elecciones de medio término. O bien posterga ese viaje para hacerlo coincidir con la cumbre del G20 de diciembre, en Miami. Podrían verse antes de eso en la cumbre de la APEC de noviembre en Shenzhen, si es que Trump viaja. Mientras tanto, la guerra comercial sigue, con imposiciones mutuas.

Apenas seis días después de Trump, fue Vladimir Putin quien llegó a China. A diferencia de la visita de Trump, en la cual no se firmó nada relevante, con Rusia se avanzó en decenas de acuerdos de cooperación y una declaración conjunta sobre un “orden mundial multipolar”, en clara contraposición a EEUU. Además, China se encargó de escenificar la visita de Putin con un tratamiento mucho más personal y cercano.

El único viaje al exterior de Xi en lo que va del año fue ni más ni menos que a Pyongyang; su primera visita de Estado a Corea del Norte en siete años. Durante la gira de dos días se vio a Xi compartiendo no sólo eventos formales, sino que también asistió a un espectáculo artístico, en donde se lo vio muy relajado y sonriente junto a Kim Jong-un y su círculo íntimo. La secuencia de este viaje, tras recibir a Trump y a Putin no fue casual. China buscó abordar de manera triangular estas relaciones, con vértices que están en contacto en temas muy sensibles y estratégicos.

  • Desfile de mandatarios extranjeros en Beijing

Además de Trump y Putin, Xi recibió en la capital china una agenda que intercaló socios occidentales, aliados clave del vecindario y países del Sur Global, como ser: el primer ministro británico Keir Starmer, el presidente uruguayo Yamandú Orsi, el presidente español Pedro Sánchez, el líder vietnamita To Lam, el presidente pakistaní Shehbaz Sharif (decisivo en la negociación con Irán) y el presidente serbio Aleksandar Vučić.

Un poco más atrás en el tiempo, recordemos que por Beijing desfilaron la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen, el canciller alemán Olaf Shloz, el presidente francés Emmanuel Macron y el presidente brasileño Lula Da Silva, entre otros. Como ustedes saben, nuestro presidente, quien viajó 17 veces a Estados Unidos, no ha pisado China ni parece tener pensado hacerlo, al menos por ahora.

La centralidad que ha cobrado Beijing para la política internacional es innegable. Lo que puede ser materia de debate es el verdadero alcance de la influencia china a escala global a partir de esta diplomacia tan activa. Mucho se discute con razón entre los analistas internacionales sobre los resultados concretos de estas visitas, incluido el viaje de Xi a Corea del Norte. En ese sentido, puede trazarse el siguiente balance:

  • El estado actual de la relación entre China y EEUU puede ser considerado como satisfactorio para ambas partes. El haber logrado este impasse o “empate estratégico” que observamos, tras la agresiva guerra comercial recargada que lanzó Trump al reasumir el poder en 2025, ha sido en gran parte producto del delicado trabajo de la diplomacia china. Puede decirse que Xi ha logrado contener y hasta alinear a Trump en algunas cuestiones vitales para China, como ser Taiwán. La disputa comercial y tecnológica, en cambio, tiende a escalar.
  • Con Rusia hay una relación estratégica que se ha seguido profundizando. La misma se sostiene a pesar del dilema que es para China la guerra en Ucrania, por las sanciones económicas y el creciente aislamiento internacional de Rusia. Más allá de lo que reflejan los discursos y las fotos amistosas entre Xi y Putin, no deja de ser una alianza asimétrica, con intereses contrapuestos. China ha privilegiado el vínculo por Occidente y seguirá buscando evadir las sanciones.
  • Corea del Norte es un vínculo muy complicado y especial. El sostenimiento del régimen de Kim es estratégico para China, pero a la vez un potencial peligro existencial por el arsenal nuclear que posee. El involucramiento directo de Corea del Norte en Ucrania complicó aún más las cosas. La mayor cercanía entre Pyongyang y Moscú no es una buena noticia para Beijing. Xi hizo un fuerte gesto con el viaje en persona. Se firmaron importantes acuerdos que reafirmaron a China como el principal socio económico de Corea del Norte. Y lo que quizás fue el dato más saliente: esta vez no hubo ninguna mención de China a la necesidad de desnuclearización de la península, un tema habitualmente mencionado en los intercambios diplomáticos bilaterales.
  • En el caso de Europa, la inesperada amenaza en la que se ha convertido EEUU ha hecho que los principales líderes europeos recalibren sus narrativas anti-China. Se percibe una relación algo más cercana y pragmática entre Beijing y Bruselas. Macron y Sánchez han sido quizás los principales exponentes de esta línea más amigable hacia China. Otros adhieren, aunque sin alzar la voz. De todas formas, son escasos los resultados concretos que ha cosechado China. Siguen primando las restricciones a empresas chinas y la posibilidad de un gran acuerdo de comercio e inversiones con la UE se mantiene lejano.
  • El denominado “Sur Global” se ha presentado como un campo natural para el avance de la diplomacia china. La cooperación económica creciente con los países del Sur Global, sobre todo los de África, Asia y América Latina, parece imparable. Pero también se percibe más sintonía discursiva en rechazo al hegemonismo intervencionista estadounidense. Esta dinámica se ve reflejada en la expansión en miembros y en agenda de bloques como BRICS y OCS. China es la voz cantante en esos foros, cuyas iniciativas multilaterales son también financiadas mayormente con yuanes de Beijing.
  • Capítulo aparte merece la intervención de China en Medio Oriente. China mantuvo una posición condenatoria desde el día 1 sobre la guerra ilegal de EEUU e Israel. Pero también desde el día 1 desplegó un esfuerzo diplomático muy importante para trabajar por el cese de las hostilidades. China mandó un enviado especial a recorrer los países del Golfo y dio un respaldo decisivo al rol de Pakistán como mediador.

A modo de conclusión: Lejos de ser eclipsada por el ímpetu disruptivo de Trump, la diplomacia china liderada por Xi ha estado muy activa e involucrada en la delicada gestión de sus relaciones bilaterales estratégicas, como así también de los grandes temas y conflictos de la agenda global. Ahora bien, si este curso de política exterior ha sido eficiente en función de los intereses y ambiciones de China en el plano internacional, es un interrogante que permanece abierto.

Publicado en Reporte Asia el 30 de junio de 2026.

Link https://reporteasia.com/opinion/2026/06/30/la-diplomacia-china-esta-mas-activa-de-lo-que-parece/

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