La derrota de Donald Trump en Irán, aun cuando ocurre a miles de kilómetros de Venezuela, se sigue de cerca en Caracas. Tres meses después de la extracción y captura de Nicolás Maduro, el dictador sigue preso en Nueva York pero en Miraflores Delcy Rodríguez mantiene el control, aun con el inocultable tutelaje de la Casa Blanca.
Desde la misma mañana del 3 de enero, cuando mostraron las primeras imágenes de Maduro esposado, Trump y sus funcionarios hablaron de hacer negocios con el petróleo venezolano. Se mencionaron inversiones vinculadas a la energía, y de maneras más o menos frontales, de cogobernar Venezuela. No se puso la lupa en haber capturado a un criminal de lesa humanidad que persiguió, encarceló, torturó y desapareció a miles de personas. No se habla de memoria, verdad o justicia, ni de derechos humanos o democracia. Trump, a lo sumo, deslizó el cierre de El Helicoide, aunque sin nombrarlo. Otros funcionarios, como Marco Rubio, sí exigen la liberación de presos políticos, pero aun cuando la Asamblea Nacional (Congreso) que maneja el chavismo unilateralmente aprobó una ley de amnistía, lo hizo con una normativa viciada, selectiva, que todavía mantiene a casi 500 presos políticos en sus celdas y a otros miles con procesos judiciales abiertos.
En Venezuela, tres meses después de Maduro, el chavismo sigue en el poder. Lo hace con una Delcy Rodríguez que se esfuerza para dar la imagen de alguien que debe mantener contentos a los propios en simultáneo a acatar órdenes del imperio del que tantos años hablaron pestes, mientras funcionarios y grupos afines a Maduro son poco a poco sacados de sus puestos, no para ser relevados por ciudadanos ilustres, sino por otros que también son criminales de lesa humanidad, corruptos, narcotraficantes. Cambiar para que nada cambie. Que pase de todo para que no pase nada.
Irán, quedó demostrado, es muy diferente a Venezuela. Son un país con un arsenal militar y nuclear que resistió los ataques de Estados Unidos e Israel. Su aparato represivo, de inteligencia y de toma de decisiones aguantó y halló sucesores cada vez que dieron de baja a los altos cargos. Washington, a diferencia de lo que pasó en Caracas, no impuso un tutelaje. No se hizo con el estrecho de Ormuz, ni con el petróleo, ni con el territorio. A lo sumo logró reabrir un estrecho que ya estaba abierto antes de la guerra. Lo de “hacer desaparecer a una civilización en una noche” y demás amenazas rimbombantes, como lo de haber destruido las capacidades iraníes, resultó no ser real. Puro ruido y casi ninguna nuez.
¿Qué puede tener que ver eso con Venezuela? Sin capacidad militar para pelear con Washington, en Caracas hoy se ven cosas impensables en comparación con diciembre de 2025. Nadie, en ese momento, hubiera pensado en las cientos de liberaciones de presos políticos, o en algún amago de los medios de comunicación locales para contar lo que pasa. Ni en la reapertura de la embajada estadounidense y el regreso de aerolíneas internacionales.
Pero no queda claro, o no son del todo creíbles, cuáles son los objetivos de Estados Unidos en Venezuela. En Irán cambiaron con el paso de las semanas. De “la ayuda va en camino” y “salgan en las calles por su futuro” a “desaparecer una civilización entera” se pasó, en estas horas, a que el régimen iraní siga donde y como estaba.
En Venezuela suelen ventilar un panfleto de tres fases con palabras clave como estabilización, recuperación y transición. En qué consisten, cómo ejecutarlas, qué significan para Estados Unidos, es una incógnita. A Rodríguez la blanquearon como presidenta interina y le quitaron las sanciones. Trump dice que trabaja de maravillas con ella. La legitima como interlocutora, como a Corina Machado, quien mantiene reuniones constantes con el gobierno estadounidense. Pero, de nuevo: ¿qué son esas fases, cómo las ve Washington? Si el chavismo postmadurista sigue dándoles petróleo tomarán eso como sinónimo de estabilización y recuperación? ¿La transición conducirá a unas elecciones, o tolerará que el chavismo se mantenga durante meses o años, solo porque ahora no está Maduro? Los intereses de Trump no tienen por qué coincidir con los del pueblo venezolano, ese que festejó la caída en desgracia del dictador Maduro pero que no ve mejoras en la economía, ni medicamentos en hospitales, ni que se vacíen las cárceles, ni que se limpie al sistema judicial ni haya libertad de expresión. Son cosas que solo ocurrirán si cae definitivamente la dictadura chavista. ¿Será objetivo de Trump la caída de la dictadura chavista… o le alcanza con tutelarla? Como en Irán, Estados Unidos es protagonista de lo que sucede en Venezuela, pero su rumbo luce errático, indescifrable, con final abierto. Y es que Trump, sus discursos, su imagen, sus decisiones son así. Como los aranceles, como la toma de Groenlandia, como las amenazas a Canadá. Espectáculo para su tribuna, sin que necesariamente luego cumpla, o si lo hace, con que eso se traduzca en beneficio para todas las partes… como en Irán, como (de momento) en Venezuela.








