El estado de encantamiento con el gobierno de Milei se agotó definitivamente cuando la cotización del dólar llegó a 1500 pesos y el riesgo país perforó los 1500 puntos básicos.
Ese día, se cruzaron las curvas que grafican el creciente deterioro económico/social y la decreciente capacidad de la gestión gubernamental para resolver los problemas.
Los mercados financieros manifestaron una crisis que, sin desconocer el arrastre que la precede, hunde sus raíces en los errores económicos y políticos del actual gobierno.
Quedaron al desnudo las consecuencias de un diseño de política económica basado en teorías inconsistentes y de una forma inconducente de gobernar y hacer política.
Cuando a pocos días de la contundente derrota electoral del oficialismo nacional en las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires, el Presidente presentó por cadena Nacional el Presupuesto 2026 desaprovechó la oportunidad de demostrar que había entendido el mensaje y se ató a sus errores.
Dijo que “el futuro de la Argentina depende de una sola cosa: que el pueblo y la política se comprometan con el orden fiscal” y agregó, “si logramos ese consenso básico, tenemos asegurado un crecimiento inigualable”. Yendo más a lo instrumental, le dió a sus ideas una dimensión superior a los hechos, ignoró las señales del mercado y afirmó “que no hay otro camino que el del equilibrio fiscal, el del orden monetario, y por ende, el orden cambiario”. Será imposible avanzar en la resolución de los problemas económicos y sus consecuencias sociales si no se libera de las ataduras del reduccionismo dogmático que guía sus decisiones.
En el plano político, en contradicción con sus acciones, dio un mensaje alentador al decir que trabajará “codo a codo con los gobernadores, diputados y senadores que quieren una Argentina distinta”. Solo podrá lograrlo si entiende que debe disculparse, abandonar la confrontación, abrirse al dialogo y aferrarse a la lógica republicana.
Ante este complejo panorama general y luego del detonante en el mercado financiero, el gobierno bajó temporarianente retenciones en busca de dólares y acudió al salvataje prometido por el Gobierno del Presidente Trump procurando mostrar solvencia.
Logró esos objetivos, con una liquidación de exportaciones a una llamativa velocidad de las firmas exportadoras beneficiadas y con un extraordinario apoyo político de parte del gobierno de EEUU que habrá que ver de qué se trata. Bajaron el dólar y el riego país. Esto, sin lugar a duda, en lo inmediato, sacó de la zozobra al gobierno, calmó al mercado financiero y trajo algo de alivio a una parte de la sociedad que observaba inquieta.
Ahora es tiempo que el Presidente entienda que fue por un nuevo atajo con costo fiscal actual (baja de retenciones) y futuro (aumento de deuda), y que recibió un inédito salvataje de un país al que ató su suerte, porque como es obvio anuda sus decisiones a sus propios intereses.
Está en sus manos la principal responsabilidad de gobernabilidad futura y eso, aunque deba leer con mucha atención el resultado, va más allá de las elecciones del del 26 de octubre. Es imperioso que lo entienda, no sea cosa que crea que Argentina inicia ahora una “nueva era”, como ha dicho su Ministro de Economía que no solo equivoca sus decisiones sino también sus palabras.
Publicado en Clarín el 29 de octubre de 2025.
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