sábado 13 de diciembre de 2025
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La captura del Estado por Trump para asegurar las ‘midterm’

Todo presidente, en cuanto gana, piensa en su reelección. De momento, Donald Trump la vive en las próximas midterm congresionales, que son en menos de un año. Los segundos mandatos de presidentes en Estados Unidos suelen ser vacíos, sobre todo si pierden el control del Congreso y se transforman en patos cojosDespués de Roosevelt se enmendó la Constitución para evitar más de dos mandatos. El de Trump, ya de por sí anómalo al no haber sido reelegido, sino elegido por segunda vez tras perder en 2020, está siendo revolucionario. Pero el actual presidente sabe que se la juega en las elecciones al congreso de 2026, el 3 de noviembre.

No es solo que la recuperación del control del Congreso por los demócratas —basta una de sus dos cámaras— pueda paralizar su labor y la continuidad de su proyecto, sino que una Cámara de Representantes dominada por estos podría poner en marcha un procedimiento de impeachment (destitución) contra él. Y lo teme. Trump y los republicanos están haciendo todo, incluidas algunas medidas subversivas, para impedirlo. Más la búsqueda del Premio Nobel de la Paz, lo que puede marcar el fin de la guerra de Ucrania. La gran lucha ha empezado hace tiempo y se va a recrudecer. 

Que después del próximo 3 de noviembre se pueda plantear un tercer mandato que, en principio, la Constitución impide es otra historia (a tratar). De momento, Trump está viviendo esa cita en 2026 como la de su reelección. El impeachment podría plantearse por varias causas, aunque no desemboque si el Senado (que solo se renueva en un tercio) sigue controlado por los republicanos, como hoy por hoy señalan las encuestas, pues tiene la última palabra. Ganar en noviembre es además una manera de asegurarse el control de su sucesión, también para protegerse durante el resto de su mandato y más allá. Una Cámara no dominada por él y los suyos (con los republicanos que disienten callados) puede hacerle la vida imposible a Trump y a sus abogados. 

La carrera de Trump hasta las elecciones de medio mandato

Por eso, está poniendo toda la carne en el asador, subvirtiendo el Estado con una especie de golpe institucional. Más aún ante su baja popularidad personal, insólita cuando no ha pasado un año de su regreso a la Casa Blanca, y los puntos que se han marcado los demócratas en diversas elecciones el pasado martes 4. El éxito más vistoso, de contenido y forma, el del joven socialdemócrata —así lo llamaríamos en Europa— y musulmán Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York, ha sido importante (aunque Nueva York es siempre un caso especial). Incluso Steve Bannon ha calificado esta victoria que ha copiado algunos de los métodos de Trump de “muy seria”. Esos resultados han traído nuevo aliento al Partido Demócrata, pero lo han perdido cuando iban ganando en la opinión pública ante el cierre de la Administración y unos cuantos representantes demócratas moderados han pactado un acuerdo y roto la imagen de unidad de la oposición. Pese a los resultados del pasado martes electoral, los demócratas no están rentabilizando la impopularidad de Trump, al menos, no suficientemente.

Para los republicanos, lo primero de cara a la cita de noviembre próximo, y también para 2028, es el crucial rediseño de los distritos para lograr más escaños en la Cámara de RepresentantesEl llamado gerrymandering, que también hacen los demócratas cuando pueden. Normalmente, el mapa de los distritos electorales se revisa cada década, después del censo. Esta vez, se ha adelantado. El partido del presidente suele perder votos y escaños en las elecciones de medio mandato y Trump pretende que no le ocurra. Por eso mismo los republicanos empezaron esta guerra de mapas el pasado verano en Texas. El GOP (Grand Old Party, el Partido Republicano) tiene actualmente una mayoría de 219 frente a 213 en la Cámara, pero aspiran a ampliarla con estas manipulaciones en unos cuantos Estados, garantizándose al menos 16 escaños más. Los demócratas quieren evitarlo y su plan es comenzar por California, donde los ciudadanos han dado el visto bueno a la propuesta del gobernador Gavin Newsom para dibujar un nuevo mapa electoral. Según algunos cálculos que ha recogido The Guardiancon todos los cambios que se han planteado la ganancia neta puede ser de dos escaños para los republicanos.

La del gerrymandering es una práctica habitual. Lo que no es habitual, y puede resultar ilegal, es el intento de Trump de restringir el voto de los que carecen de identificación (normalmente el carné de conducir, del que no disponen muchos americanos-africanos, o una identificación oficial, en un país sin DNI), o no se han registrado con suficiente antelación (como ocurre con los estudiantes, y ya vemos el ataque de Trump contra las universidades, que es parte de la gran guerra cultural en curso). Esto, que también afecta más a los mayores, puede ser inconstitucional. Además, Trump pretende hacerlo con un decreto presidencial, aunque es una prerrogativa de cada Estado federado. De hecho, un juzgado de Nueva York ya ha parado la entrada en vigor de su decreto para obligar a los votantes a demostrar su nacionalidad. Pero todo esto acabará ante un Tribunal Supremo dominado por seis a tres a favor de conservadores, con algunos magistrados en deuda personal con Trump, pero que saben que le sobrevivirán.

La transformación del aparato burocrático

La ofensiva de la Casa Blanca y los trumpistas no acaba aquí, sino que está llevando a cabo una purga —es el término adecuado— profunda entre los funcionarios federales. Bien es cierto que en Estados Unidos hay un spoils system, por el cual los funcionarios contratados por una Administración pierden sus puestos a favor de los de otra nueva y de signo contrario. Pero hay una base estable e instituciones independientes, incluida la Reserva Federal. Y Trump se las está cargando. Ya lo hizo en su primer mandato, pero en este segundo está reforzando esa estrategia de control de la burocracia. Por ejemplo, todos los que han participado en la elaboración del último informe sobre cambio climático se han ido a la calle. O muchos responsables de estadísticas.

Incluso en el Pentágono, el Departamento de Defensa, —rebautizado como antes de 1948 Departamento de la Guerra—, su titular Pete Hegseth está removiendo —cesando o apartando— en un grado sin precedentes a altos cargos, militares y civiles, lo que refleja el deseo no solo de transformación sino de control. El presidente está utilizando las fuerzas armadas ya no solo hacia fuera, sino para control interno. Por no hablar del FBI o de la CIA. Trump hablaba y recelaba de lo que llamaba el “Estado profundo”. En realidad, está creando uno propio. Persiguiendo judicialmente a los que le persiguieron, e indultando a los fieles condenados o perdonando a los acusados. Por miles. Aunque solo se hable de los más famosos como, entre los últimos, su abogado y exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani y 74 otros que intentaron invalidar las elecciones de 2020, que Trump perdió.

Todo esto impacta en la independencia de supervisores o vigilantes internos (como los inspectores generales), muchos despedidos, lo que debilita la lucha contra la corrupción. Trump está generando un cambio cultural en la administración pública: de funcionarios orientados al servicio público, hacia otros más alineados con la lógica política y de lealtad al líder, aunque solo sea por miedo. Lo que puede cambiar prioridades y conductas, y poner en riesgo la gestión profesional y apolítica de la burocracia, además de introducir en ella el miedo ante el castigo político.

¿Puede un presidente no ya reformar, sino reconfigurar el aparato estatal para adaptarlo a su voluntad? No es solo el aparato estatal. También está reconfigurando el aparato mediático, cada vez más en manos de empresarios o empresas que tienen grandes intereses económicos que defender ante el Gobierno. Musk se hizo con Twitter (ahora X), y lo puso al servicio de Trump (ahora intenta una operación de mucho mayor envergadura ideológica con su IA Grok). Bezos, fundador de Amazon, se negó a que The Washington Post, el medio que había comprado, apoyara a Harris en las elecciones de 2024, rompiendo una tradición. TikTok, la red más usada por los jóvenes y controlada por una matriz china, previsiblemente acabará en EE. UU. en manos de trumpianos. Incluso la BBC británica, que se ve mucho en Estados Unidos, ha quedado tocada por un error propio en una información sobre Trump, lo que ha forzado la dimisión de su director general. ¿Y qué va a pasar con la CNN y el conjunto de Warner, que parece estar en venta? “En lugar de una prensa independiente y libre, el Sr. Trump espera evidentemente crear un ecosistema en la sombra dispuesto a promover sus intereses y sus argumentos“, consideraba recientemente The New York Times en un editorial.

Este se titulaba: “¿Estamos perdiendo nuestra democracia?”. Se refería a toda una ristra de lo que consideraba violaciones del derecho federal, persecución a oponentes, o desmantelamiento de agencias autorizadas por el Congreso, como el Departamento de Educación y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), entre otras.

No hay que olvidar que es el primer presidente reelegido que había sido condenado, por un tribunal (de Nueva York). Quiere asegurarse de que no le volverá a pasar, y no precisamente porque cumpla la ley. Estamos ante una captura del Estado. Antes se decía golpe. Está por ver si algunas instituciones esenciales aguantarán. En todo caso, deshacer lo que ha hecho Trump costará mucho, si es que se puede.

Publicado en Agenda Pùblica el 18 de noviembre de 2025.
Link https://agendapublica.es/noticia/20389/captura-estado-trump-asegurar-midterm?utm_source=Agenda+Pública&utm_campaign=5533bb7cb8-EMAIL_CAMPAIGN_2020_10_08_05_49_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_452c1be54e-5533bb7cb8-567855179

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