La Scaloneta sacó su temple y con dos golazos de Julián Álvarez y Lautaro Martínez superó a Suiza en la prórroga. Espera Inglaterra en semis, 40 años después del mejor gol de Diego.
Nadie te regala nada en este Mundial. Ninguna selección llegó hasta cuartos de final por casualidad y salvo Francia —Marruecos apenas opuso resistencia— las demás tuvieron que esforzarse hasta el final para lograr su pase a semis. Le pasó más temprano a Inglaterra, que se fue al alargue para superar a Noruega, y ocurrió otra vez con la Argentina, que tuvo su segunda prórroga del torneo para derribar a una Suiza que nos mantuvo en un suspenso taponeado por la euforia de Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
Abrió la cuenta MacAllister a los diez minutos con un cabezazo en un córner pateado con Messi, que con diez asistencias ya es el que más repartió en la historia de los Mundiales. Quizá alguno pensó que lo más difícil estaba hecho y lo que seguiría sería un trámite. Se equivocaron bastante. Suiza se adueñó de la pelota y encerró poco a poco a la Argentina, que en la primera parte no pasó mayores sustos, pero sí en el segundo tiempo. Dibu Martínez tuvo varias atajadas importantes y era, entonces, quien más brillaba en la Scaloneta, síntoma de que la suerte aún no estaba echada. Y ante tanta insistencia Endoye la mandó a guardar tras una pared y un disparo cruzado que se fue bajo las piernas del golero.
Otra vez sopa, otra vez a sufrir. El empate cayó al 67 y un suspiro después, al 72, se dio una de esas ocurrencias que nunca más se van a olvidar. Embolo hizo el embole de su vida, una (auto)expulsión idiota: fingió un golpe de Paredes y el VAR, al advertir la simulación, no solo limpió la amarilla al 5 argentino sino que le traspasó la tarjeta al suizo, que se fue a los vestuarios por doble amonestación.
De ahí en adelante el plan suizo fue encerrarse con todos en el área y buscar un contragolpe o alargarlo hasta los penales. Tanto se defendían que la posesión, antes casi toda suya, ahora era un monopolio argentino.
Scaloni en el alargue metió toda la carne en el asador. Coincidieron en cancha Julián Álvarez, Lautaro Martínez, el Flaco López y por supuesto Messi, además de Almada. Cada uno tiraba de repertorio para recuperar la ventaja. Y se logró con un derechazo de larga distancia de Julián Álvarez potentísimo y al ángulo, que pasó directo a la historia. La selección no quería penales, así que al 120 Lautaro puso el tercero al pescar un rebote en el que casi fue el debut soñado del Flaco.
Una vez más, cuando las papas más quemaban, cuando había que apretar los dientes, cerrar el puño, arremangarse, elegir creer, la Scaloneta lo volvió a hacer. Estos jugadores saben jugar estos partidos. Y tienen ganas de más.
Espera en semis Inglaterra. Messi, como Diego, los tendrá frente a frente en un partido que promete quedar en la historia de los Mundiales. Será 40 años después del mejor gol de todos los tiempos y de la Mano de D10S. Y a 44 años de la Guerra de Malvinas. En Kansas, en Buenos Aires y en tantas otras ciudades ya se canta el clásico Y ya lo ve, y ya lo ve, el que no salte es un inglés. El fútbol en la Argentina es más que un deporte, es un pilar para pensarnos, entendernos y proyectarnos como sociedad. Desde hace más de un siglo y hasta hoy. Y este partido, a su vez, tendrá consigo una carga que va más allá de lo meramente deportivo. La cita será el miércoles, 16 horas. Si hay merienda, que sea con mate. El té que lo tomen otros. Vamos Argentina todavía.








