Ante las nuevas sanciones, el régimen se muestra desafiante.
Traducción Alejandro Garvie
Cuando Donald Trump inició la Operación Furia Épica hace casi seis meses, esperaba que el poderío militar estadounidense aplastara al régimen iraní. Cuando sus bombas fracasaron, apostó por incentivos. En junio, Estados Unidos ofreció a Irán el levantamiento de las sanciones y miles de millones de dólares en inversiones con la esperanza de que los líderes del país abrieran el estrecho de Ormuz y renunciaran a sus ambiciones nucleares. Ese enfoque también fracasó. Ahora Estados Unidos intenta desmantelar el régimen asestando un duro golpe económico a Irán. La semana pasada, el Sr. Trump calificó este esfuerzo como el “Día D económico”. El 24 de agosto, Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, reveló los detalles.
Irán ha estado bajo sanciones estadounidenses desde la revolución islámica de 1979. Durante su primer mandato, el Sr. Trump ejerció lo que denominó “máxima presión” sobre el régimen para forzar concesiones en su programa nuclear. El Sr. Bessent ha anunciado ahora la Operación Marginado Económico, descrita como “un ataque económico contra las conexiones financieras de Irán en todo el mundo”. Esto es, presumiblemente, una medida aún más drástica. Además de reforzar el bloqueo a las exportaciones de petróleo iraní, Estados Unidos aumentará la presión sobre los socios comerciales de Irán y sobre las instituciones que ayudan al régimen a mover dinero. Por ahora, sin embargo, las amenazas son más de ladridos que de hechos. Los países no tienen que cumplir con las exigencias estadounidenses de inmediato. Aun así, esta política podría provocar un conflicto de mayor envergadura.
Irán se encuentra en una situación económica crítica. El rial ha perdido casi la mitad de su valor frente al dólar desde principios de año. Alcanzó un mínimo histórico antes del anuncio del Sr. Bessent. La guerra ha devastado gran parte de la industria iraní. Los daños a las refinerías han provocado escasez de combustible, lo que genera largas colas en las gasolineras. Según las estadísticas oficiales, el desempleo se sitúa en el 9,1%, su nivel más alto desde 2023 (las estimaciones no oficiales son mucho mayores). La inflación anual es del 88%. El régimen está imprimiendo dinero para financiar los vales de alimentos.
Mientras tanto, el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz ha provocado el colapso de las exportaciones de petróleo de Irán, principal fuente de ingresos del régimen. El 20 de agosto, el presidente del banco central iraní declaró que habían caído a cero. Según Kpler, una empresa de inteligencia comercial, Irán aún cuenta con unos 80 millones de barriles de petróleo a bordo de buques fuera del estrecho. Sin embargo, esto solo representaría una fracción de sus ingresos habituales por dichas exportaciones. La administración Trump espera que los problemas económicos de Irán creen una oportunidad. El Sr. Bessent expresó su deseo de que los soldados depusieran las armas al dejar de recibir su salario, lo que llevaría al colapso del régimen.
El Sr. Bessent no mencionó los países con los que quiere reducir el comercio con Irán. Sin embargo, varios destacan. Durante la guerra, China ha estado comprando petróleo iraní a entre 7 y 12 dólares por debajo del precio de mercado por barril, en violación del embargo estadounidense vigente. China se hace con aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo iraní, lo que, según Estados Unidos, proporcionó al régimen casi la mitad de su presupuesto el año pasado. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) venden más a Irán que ningún otro país. Proporcionaron alrededor del 30% del total de las importaciones iraníes en 2024. También albergan una red de casas de cambio y bancos en la sombra que el régimen utiliza para evadir las sanciones. En abril, según se informa, el Tesoro estadounidense escribió a los líderes de los EAU para pedirles que tomaran medidas enérgicas contra estas organizaciones.
Estados Unidos no es el único país que intenta perjudicar económicamente a Irán. En los últimos meses, los Emiratos Árabes Unidos, que sufrieron el impacto de los ataques iraníes al comienzo de la guerra, suavizaron su postura hacia Irán, reanudando el comercio y permitiendo el regreso de los residentes iraníes. Sin embargo, el 18 de agosto anunciaron la suspensión de todas las transacciones comerciales y financieras con Irán tras los ataques del régimen contra sus buques (el Sr. Bessent elogió a los Emiratos por ser “un socio excelente”).
Otros, sin embargo, se mostrarán reacios a colaborar con Estados Unidos. China ha advertido que las nuevas sanciones podrían perjudicar el crecimiento global y la estabilidad financiera, y ha prometido proteger sus “derechos e intereses legítimos”. Estados Unidos ya había sancionado a empresas chinas involucradas en el comercio petrolero iraní: en abril impuso sanciones a Hengli, una refinería a la que funcionarios estadounidenses acusaron de comprar crudo iraní por valor de miles de millones de dólares. Pero es posible que la administración estadounidense se muestre reacia a ir mucho más allá por temor a represalias o a socavar la diplomacia de Trump hacia China. “Si se empieza a sancionar a empresas chinas, deja de ser un problema de Irán”, argumenta Esfandyar Batmanghelidj, de Bourse and Bazaar, un centro de estudios con sede en Londres. “Se convierte en una cuestión de política hacia China”.
Aunque el Sr. Trump intensifique su retórica, es posible que no obtenga la respuesta que busca. Los líderes iraníes saben bien que su economía atraviesa dificultades. El 20 de agosto, Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, reconoció que Irán no sobreviviría sin crecimiento económico. El presidente Masoud Pezeshkian ha instado a Estados Unidos a retomar el Memorando de Entendimiento (MdE) que ofreció en junio, el cual, además de establecer un marco para poner fin a los combates, prometía reintegrar a Irán a la economía global. Los iraníes no quieren terminar en una situación como la de Corea del Norte, afirma el Sr. Batmanghelidj, “donde siguen afrontando costos significativos debido a las sanciones vigentes”.
Pero aun sabiendo todo esto, el régimen permanece impasible. Las preocupaciones del Sr. Ghalibaf sobre la economía no le han impedido burlarse de los planes estadounidenses en las redes sociales. Mohsen Rezaei, el asesor de seguridad nacional de línea dura de Irán, desestimó la amenaza de guerra económica del Sr. Trump como “propaganda”. Preguntó, con razón: “¿Qué pretende hacer que no haya hecho antes?”. Irán ha construido intrincadas redes comerciales y financieras que serán difíciles de controlar para Estados Unidos. Lo más peligroso para el régimen sería que una mayor crisis económica provocara manifestaciones como las que estallaron en enero. Por ahora, eso parece improbable. El régimen ha estado ejecutando a manifestantes en público para reprimir la disidencia.
El giro de Estados Unidos hacia la coerción económica podría envalentonar aún más a los líderes iraníes si lo interpretan como prueba del fracaso de la campaña militar en su contra. Podrían responder lanzando nuevos ataques contra bases militares e instalaciones energéticas en todo el Golfo. El Sr. Rezaei ha declarado que cualquier país que colabore con Estados Unidos será tratado como un “enemigo” y podría ser objetivo de ataques. Irán tiene una influencia considerable sobre sus vecinos, como Irak, que compra su gas y alberga a varios de sus grupos armados afines. Y siempre está el Ormuz. Horas antes del anuncio del Sr. Bessent, Irán amenazó con multar o confiscar a casi 50 barcos en el estrecho, a los que acusó de infringir sus normas de tránsito.
Puede que la administración Trump espere que el tiempo esté de su lado. Pero ya se ha equivocado antes sobre la disposición del régimen a soportar el dolor. En abril, el Sr. Bessent predijo que el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz destruiría rápidamente la industria petrolera iraní. Eso no ha sucedido. Y mientras Irán todavía tenga el poder de castigar a sus adversarios, es improbable que se abstenga de hacerlo. El plan estadounidense de estrangular la economía iraní parece un intento de evitar otra ronda de combates. Aún podría resultar contraproducente.








