El Gobierno lo dice en off y los datos lo confirman en público. “Van a decantar aquellas industrias que no sean competitivas frente a la importación“. La frase de Luis Caputo suena a pragmatismo en el círculo rojo, pero en el interior del país suena a condena.
Desde marzo de 2025 la industria manufacturera pierde entre 1.000 y 1.500 empleos formales por mes. Son 39.000 puestos menos en un año según la UIA. Mientras el Indec festeja que el desempleo bajó a 6,6% en el tercer trimestre, en Tucumán, Santa Fe o Córdoba las fábricas cierran y el empleo que se pierde no se recupera con un delivery o un monotributo.
El caso textil no es solo un sector: es un modelo de país
En febrero de 2026 la producción textil se desplomó 33% interanual. Seis de cada diez máquinas están paradas. Y con ellas se apagan pueblos enteros.
El 72% de las empresas del sector ajustó personal en el primer trimestre: horas extras canceladas, turnos cerrados, despidos. Hace un año era el 20%. La velocidad del desmantelamiento es la que asusta.
Porque cuando se apaga una textil no se apaga solo una empresa. Se apaga el taller que le vende los pallets, el kiosco donde compran los operarios, la escuela técnica que formaba a sus hijos. Es un efecto dominó que en el AMBA no se ve, pero en el interior duele completo.
El relato oficial reduce el desarrollo a dos patas: Vaca Muerta y el agro. Pero la diferencia está en la cadena. Un kilo de soja sin procesar vale X. Ese mismo kilo convertido en proteína, aceite o bioenergía vale 3X y genera cinco veces más empleo. Sin industria, el interior se queda exportando materia prima y comprando todo lo demás. Córdoba produce maíz y compra el alimento balanceado hecho en Brasil. Salta produce porotos y compra las latas hechas en China. Es el esquema del siglo XIX con tecnología del siglo XXI.
La patria no está solo en el suelo, también está en la industria y con la educación como herramienta vital para el desarrollo de nuevos sectores intensivos en conocimiento.
Acá está la estafa intelectual del modelo actual: te piden que formes técnicos, ingenieros, soldadores calificados, y después te cierran la fábrica donde podrían trabajar.
Invertís en educación técnica pública para que esos pibes terminen programando remoto para una empresa de Miami porque acá no hay planta que los contrate. Es como abrir facultades de medicina y no tener hospitales.
Sin industria no hay demanda para el técnico que forma la escuela pública. Y sin esa demanda, la educación técnica se convierte en una fábrica de exportar cerebros.
Las tres apuestas que el Gobierno prefiere ignorar
- Litio. Tenemos el 20% de las reservas mundiales. Hoy exportamos carbonato sin procesar mientras Chile ya fabrica cátodos. Nosotros seguimos discutiendo retenciones.
- Cadena de valor agroindustrial. No alcanza con vender porotos. Hay que vender proteína vegetal, biodiesel, alimentos procesados. Eso requiere industria. También prestarle atención a la biotecnología, tratamiento genético que requiere de investigación y desarrollo científico tecnológico.
- Economía del conocimiento. Generó US$ 9.600 millones en exportaciones en 2025 y 9.000 empleos nuevos. Es el sector que más dólares deja por empleado y no necesita puerto. Pero necesita estabilidad para no perder competitividad de costos.
La condición que no está en el manual libertario
El ajuste fiscal no es una política industrial, es una política de supervivencia. Y una política de supervivencia no construye desarrollo federal.
- De ahí salieron empresas como Samsung, Hyundai y otras, con programas educativos formaban técnicos para distintos puestos y usaron la industria manufacturera para desarrollar el interior de Corea y dejar de ser solo Seúl.
Acá el Estado se corrió. Y cuando el Estado se corre en un país con la asimetría territorial de Argentina, el que paga es el interior.
Si la “decantación” sigue al ritmo actual, en 2030 vamos a tener un país con un corredor energético en Neuquén, un corredor agrícola en la Pampa Húmeda y un desierto productivo en el medio.
La industria no es nostalgia. Es la única herramienta que tiene Argentina para que el desarrollo no sea un cuento chino, sino una realidad para todos.
El resto del país también existe. Y también vota.








