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Opinión 24 07 2021

Ideología vs. Nación


Autor: Mariano Caucino









Acaso como consecuencia de un exceso de inexperiencia y una dosis no menor de improvisación, el affaire de la carta rusa de una promocionada asesora presidencial nos ha regalado una confirmación sobre la forma en que el Gobierno Nacional ha conducido su política sanitaria y la manera en que ha guiado su política exterior.

Con una sinceridad poco habitual, la ascendente funcionaria reveló razones geopolíticas hasta ahora no informadas que parecen constituir una parte esencial de la trama escondida detrás del acuerdo argentino-ruso tendiente a lograr la provisión de vacunas Sputnik V. 

En un correo electrónico enviado el 7 de julio a las autoridades del Fondo Ruso de Inversión Directa, organismo del Kremlin encargado de gestionar la venta de vacunas a otros países, la funcionaria reconoce la preocupación de la Administración Fernández por la angustiante demora en la entrega del componente 2 de la vacuna.

En un tono de súplica -infrecuente en las comunicaciones formales entre representantes de Estados soberanos- la misiva revela el grado de improvisación, impericia y desesperación en el manejo de un asunto de crucial importancia en medio de una pandemia que se ha cobrado la vida de más de cien mil argentinos. 

En tanto, la Federación Rusa no es un país más. Con su asiento permanente en el Consejo de Seguridad, su arsenal nuclear, su interminable geografía y sus ilimitados recursos naturales, Rusia es el tercer país más importante de la tierra. Sin desmerecer los esfuerzos de la funcionaria en cuestión, de pronto surge el interrogante si la relación con una potencia de esa jerarquía no debiera canalizarse a través de funcionarios de mayor trayectoria, experiencia y envergadura política.

Pero la carta de quien hasta ahora ha sido una colaboradora cercana del Jefe de Estado no se circunscribe a un reclamo -casi mendicante- ante el faltante de dosis de vacunas. La misma se adentra en temas muchísimo más profundos. En una suerte de “blanqueo” geopolítico, la epístola obsequia una confesión virtualmente explícita de las preferencias de alineamientos globales del gobierno argentino. 

La asesora admite que la Administración Fernández hizo “todo lo posible para que Sputnik sea un gran éxito” y explicó que las demoras “nos están dejando muy pocas opciones para seguir luchando por ustedes y por este proyecto”. Palabras de pronto inseparables de la atmósfera de suspicacias y sospechas que desde un inicio rodearon a los nunca explicados criterios elegidos para determinar la prelación en la compra de vacunas. Un misterio en cuyo núcleo se encierra la enigmática situación vinculada al inexplicable rechazo a la oferta de vacunas con un determinado laboratorio de origen norteamericano.

Resulta inevitable preguntarse si algunas vacunas fueron privilegiadas en desmedro de otras. En aplicación de una política al servicio del patrón de conducta que ha guiado el comportamiento internacional de esta cuarta administración kirchnerista. Aquella basada en un inocultable procedimiento reiterado, consistente en la postergación del interés nacional en función de preferencias ideológicas. 

Una fatal aleación de incapacidad, torpeza, mala suerte y desprecio por la salud de los argentinos por parte de las máximas autoridades confluyeron en este presente triste de decenas de miles de fallecidos al tiempo de haber devastado el aparato productivo a través de una interminable e irracional cuarentena.

Una política prudente en atención al interés nacional objetivo de inmunizar lo más rápidamente factible a toda la población debió procurar todas las vacunas que fueran posibles sin importar la procedencia de las mismas sino su eficacia en cuanto a cobertura y celeridad en su provisión. 

El affaire de la carta rusa de la asesora presidencial desnuda la realidad de un gobierno que antepuso la ideología al interés nacional, con las consecuencias por todos conocidas.

Publicado en Infobae el 22 de julio de 2021.