Conmovedoras palabras llenaron anoche el viejo comité radical de la calle Cervantes, en Villa Devoto, al recordar al querido Roberto Vázquez, con la presencia de su familia y de sus compañeros de militancia. Se cumplían 20 años del triste accidente automovilístico que se cobró la vida del Gallego con solo 52 años, con una vida detrás que incluía haber sido presidente de la FUA, concejal, diputado y padre de cuatro hijos.
Roberto fue un destacable y muy joven dirigente radical que brilló en su carrera universitaria y partidaria. Mas allá de su currículum formal; anoche se habló de la persona dentro y fuera de la política.
El Gallego fue, para todos, el humilde y enigmático militante de la carpetita bajo el brazo y de hablar en tono bajo y discreto.
Si bien no dejaba de librar las batallas internas propias de la ontología radical, guardaba un cariñoso respeto por los dirigentes de todos los sectores.
De tono siempre discreto, ocupaba el pequeño círculo de los “distintos”, y así fue recordado por sus amigos y familiares. Amante del turf, del ajedrez y gran amigo de sus amigos, compartía esas pasiones con la misma discreción que ponía en todo lo demás.
Con Marcelo Stubrin abriendo la rueda y realizando una hermosa semblanza de su vida juntos, prosiguió una reunión donde el querido amigo Jorge Hermida contó una de las anécdotas que pintan de cuerpo entero no solo al Gallego, sino también a los aguerridos militantes que comenzaron su épica militancia en los ’70. Contaba el Negro que la noche del 24 de marzo de 1976 se pasaron toda la noche arriba de un colectivo de la línea 60, realizando el recorrido entero entre Constitución y Tigre varias veces, hasta que la luz del día los protegió para regresar a sus casas.
La última línea es entre Roberto Vázquez y yo; nadie la va a entender, pero para mí es importante: “sigo teniendo tu apoyo táctico, Galleguito”, es todo lo que necesito.








