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Opinión 28 11 2022

Gran Bretaña devuelve un archipiélago a la república de Mauricio, pero no hay que ilusionarse con Malvinas


Autor: Vicente Palermo









Es casi seguro que Gran Bretaña terminará por restituir las islas Chagos a la República de Mauricio. Muchos especialistas en relaciones internacionales, y no pocos periodistas, consideran esta perspectiva como prometedora en relación al diferendo oficial, de soberanía, que la Argentina sostiene con los británicos en relación a las Malvinas. Y así nos lo hacen saber desde hace años (en cada oportunidad, hay que destacar, se presenta el hecho como inédito, y como una noticia bomba).

En esencia, la restitución, a contragusto, del archipiélago Chagos pondría en evidencia las fragilidades de la posición británica respecto a Malvinas y asimismo mostraría que, con el paso del tiempo –tiempo que según estos especialistas y publicistas se le acorta cada vez más a los británicos–, la debilidad del Reino Unido frente a la demanda diplomática se tornará cada vez más patente. ¿En qué consiste este argumento reparador, que hasta ahora se viene deslizando con la suavidad de una bola de billar sobre el paño de una mesa de juego, es decir casi sin debate y en medio de la indiferencia o la aquiescencia aparente de la opinión pública? 

Chagos, un poco de historia

En 1965, en el marco del amplio proceso de descolonización que llevaba a cabo, pero también en el de la Guerra Fría, Gran Bretaña seccionó el archipiélago de Chagos del conjunto de las islas Mauricio, formando el Territorio Británico del Océano Índico. Esto tuvo lugar, claro, antes de la independencia de Mauricio (concretada en 1968 mediante un referéndum) y seguramente violando resoluciones y marcos legales de Naciones Unidas (que no autorizan en modo alguno este tipo de intervenciones quirúrgicas que se chocan contra el principio de integridad territorial; hay que decir que esto contó con el consentimiento de los primeros gobiernos de Mauricio; los siguientes denunciaron la decisión británica en arreglo al derecho internacional). 

Como sabemos, el Reino Unido era, en la Guerra Fría, aunque no el actor más relevante de Occidente, uno de primer orden. De hecho, detrás de sus fintas diplomáticas y territoriales se encuentra una tragedia histórica, porque los británicos entre 1965 y 1973 llevaron a cabo un desplazamiento forzoso de aproximadamente 1500 habitantes, desde el archipiélago hacia las Islas Mauricio y Seychelles, con el propósito de dar albergue a bases militares de Estados Unidos, a quien secundaba en la Guerra Fría.

Al menos hasta recientemente, el gobierno británico ha declarado su soberanía sobre el archipiélago; sin embargo, se ha comprometido de modo público, a transferirla a Mauricio “una vez que las islas dejen de ser necesarias para la defensa”. En otras palabras, sujeta Chagos a requerimientos estratégicos, mientras hace explícita una intención –prácticamente imposible de revertir– de transferir las islas a Mauricio. 

Pero, tras la atrocidad cometida en 1965, ¿el archipiélago ha quedado desierto? Bueno, no tanto: al tiempo que Mauricio reclamaba la soberanía, el gobierno británico prohibía el reasentamiento en las islas. Mauricio rompió el impasse expresando su determinación de llevar la controversia a la Corte Internacional de Justicia.

Tenemos aquí una cuestión de relevancia crucial. Ningún país puede llevar unilateralmente una controversia a la Corte Internacional de Justicia. Para que esta tome el caso, se requiere el consentimiento de la otra o las otras partes. Sí puede, en cambio, el país interesado, intentar acumular respaldos suficientes en la Asamblea General para obtener de la Corte una opinión consultiva. 

Y esto fue lo que hizo Mauricio con éxito: en 2017 la AG votó a favor de solicitar a la corte (solicitud que tiene la fuerza práctica de un mandato) una opinión consultiva sobre el status jurídico del archipiélago. Activado el procedimiento consultivo, en 2019 la Corte emitió su opinión: la administración británica establecida en 1965 no estaba respaldada en la voluntad libre de los habitantes del archipiélago, y Gran Bretaña debería renunciar a su pretensión sobre el mismo.

Mientras el gobierno británico rechazó la jurisdicción del tribunal para examinar estos asuntos, la Asamblea General votó masivamente a favor de fijar un plazo para la retirada británica y la reunificación del archipiélago con Mauricio. Más recientemente, los británicos resolvieron que había llegado la hora, probablemente porque pesaron alteraciones en el contexto estratégico junto a la presión de la Asamblea General. 

Chagos y Malvinas, diferencias y similitudes

Salta a la vista que parangonar, como lo hacen muchos con bombos y platillos, este caso con el de Malvinas es completamente forzado. Tan forzado como que la Cancillería argentina se cuida mucho de seguir los pasos de Mauricio encaminados a la Asamblea General. Descarta por completo presentar a votación de la AG la solicitud de una opinión consultiva de esta sobre Malvinas. 

En lugar de eso, se aferra –sensatamente, hay que decirlo– al reclamo de que Gran Bretaña y la Argentina, en el marco de la Resolución 2065, se sienten a negociar entre ellas. Si comparamos, el argumento de que Chagos significa algo a “nuestro” favor se cae. La opinión consultiva de la Corte sobre Chagos es demasiado clara en sus fundamentos: la posición británica no estuvo respaldada en la voluntad libre de los habitantes del archipiélago. La separación que formó el Territorio Británico del Océano Índico (y que permitió luego la expulsión de la mayoría de los habitantes) está viciada de nulidad por esa razón. No es para nada el caso de Malvinas, donde hay una comunidad malvinense, que, sabemos, expresa su deseo de continuar siendo británica y de que las islas en que habita continúen bajo la égida británica.

Muy al contrario del caso de Chagos, el Imperio británico no cometió implacables desplazamientos de habitantes y sostiene que respetará a rajatabla su voluntad política (lo que los malvinenses denominan, para irritación de muchos argentinos, autodeterminación). Muy al contrario de los malvinenses, los habitantes (actuales o desplazados que anhelan regresar) del archipiélago de Chagos aprueban la reunificación con Mauricio. 

No creo que haya nada que lamentar delante de estas notorias diferencias. Simplemente es descorazonador comprobar el facilismo y la falta de temple que tienen algunas plumas para manipular la información de un caso, eludiendo el debate, como diciendo que un caniche se parece a un pulpo porque ambos pertenecen al reino animal. Si fueran consecuentes, ya estarían exigiendo a la Cancillería argentina que siguiera la trayectoria de Mauricio y solicitara, a la Asamblea General de ONU, la votación de un pedido de Opinión Consultiva de la Corte sobre Malvinas. Pero no lo hacen. Y saben muy bien por qué.

Publicado en www.tn.com.ar el 27 de noviembre de 2022.