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Gerardo Martínez: “La inteligencia artificial debe orientarse a achicar las desigualdades”

Esta entrevista fue publicada en Mundo Gremial. Por su importancia sobre la mirada del mundo del trabajo hacia la IA, la transcribimos de manera completa.

La voz del sindicalismo argentino volvió a ocupar un lugar destacado en el escenario más importante del mundo del trabajo. Durante la 114ª Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que culminó este viernes en Ginebra, Suiza, Gerardo Martínez fue elegido vicepresidente de la Conferencia en representación del Grupo de los Trabajadores, una distinción que refleja el peso específico que la CGT ha construido durante décadas en los organismos internacionales.

Secretario General de la UOCRA, secretario de Relaciones Internacionales de la CGT, integrante titular del Consejo de Administración de la OIT y miembro del Comité de Libertad Sindical desde hace casi dos décadas, Martínez se consolidó como una de las voces más influyentes del sindicalismo mundial.

La Conferencia 2026 estuvo marcada por debates trascendentales para el futuro del trabajo: la inteligencia artificial, la transformación tecnológica, la desigualdad global, la libertad sindical y el histórico avance hacia el primer convenio internacional para trabajadores de plataformas digitales.

En ese contexto, y en el marco del cierre de la Conferencia, Martínez dialogó en exclusiva con Mundo Gremial y analizó los principales desafíos que enfrenta el mundo del trabajo, el rol de la Argentina en el escenario internacional y las transformaciones que atraviesa el sindicalismo regional.

—Gerardo, te tocó asumir la vicepresidencia de la Conferencia en representación de los trabajadores. ¿Qué significa este reconocimiento en lo personal y qué representa para el movimiento sindical argentino?

—Mirá, nosotros los trabajadores, tanto de Argentina como en el mundo, hablamos de la sustentabilidad, del valor de la sustentabilidad. Y creo que en este caso hay una trayectoria planteada, esquematizada y puesta en vigencia durante todos estos años por la representación de la CGT en el diálogo tripartito que representa la OIT.

Creo que eso se ve, de alguna manera, reconocido por parte de quienes tienen la oportunidad de representar a los distintos sectores. Y en el grupo de trabajadores a nivel mundial se consideró que la CGT de Argentina, a través de mi persona, que estoy representando al movimiento sindical argentino dentro del Consejo de Administración como titular y, a su vez, en el Comité de Libertad Sindical desde hace casi dos décadas, hace que seamos reconocidos para ser una voz latente en la representatividad de esta conferencia, que tiene una agenda mucho más que interesante.

Por un lado, porque estamos debatiendo en un proceso de policrisis, con impacto no solamente en los aspectos lamentables de lo que significa la guerra y su influencia en el plano humanitario, sino también en un proceso donde geopolíticamente se están poniendo en tela de juicio el multilateralismo y el proceso de globalización.

Así que estar en esta conferencia, con una agenda muy rica y poniendo a debate por primera vez un convenio sobre plataformas, le da un gran protagonismo tanto a los trabajadores a nivel mundial como particularmente a la Argentina dentro de la región de las Américas, por formar parte de las autoridades de esta conferencia.

—Como vicepresidente te tocó presidir la sesión plenaria de la Conferencia en los que la inteligencia artificial apareció como uno de los grandes ejes de discusión. ¿Qué aspectos te llamaron más la atención de ese debate?

—Por un lado vemos que el mundo no tiene un mismo piso de protección; no todo está en igualdad de condiciones. Normalmente los países desarrollados, que son 40 de los 190 que existen en el planeta, tienen una logística y un nivel de discusión muy superior al que tenemos las regiones o los países en vías de desarrollo, o aquellos que viven expuestos a la pobreza.

Por lo tanto, esto hace que el impacto y la capacidad de gestión para administrar el proceso de la robótica, la cibernética y hoy la inteligencia artificial no se den en igualdad de condiciones. Es más, el riesgo —y esto es lo que nosotros advertimos— es que esto profundice aún más la desigualdad.

Y creo que si hay algo que hemos expuesto en estos años en los que tuvimos la oportunidad de ser la voz de la región es que América Latina y el Caribe representan un continente con muchas desigualdades, donde la distribución de la riqueza está mal distribuida, mal diseñada y donde aún existen, en pleno 2026, persecuciones hacia la dirigencia sindical, hacia los trabajadores que defienden sus derechos y hacia las organizaciones sindicales.

Todavía se sigue observando en nuestra región sectores que contratan sicarios para matar dirigentes sindicales. Y a eso se suma la criminalización impulsada desde muchas políticas de gobierno, con una acción represiva permanente frente a las manifestaciones de los trabajadores en defensa de sus derechos.

Entonces, ese plano nos muestra las diferencias existentes y cómo gravitan dentro de este debate. Lo que sí sabemos es que la inteligencia artificial, la robótica y la cibernética no tienen límites geográficos. Quizás en algunos lugares estén más avanzadas que en otros, pero tarde o temprano abarcarán a todo el planeta.

Lo que estamos discutiendo aquí es que debe existir una exigencia y una mirada desde el diálogo tripartito para que la inteligencia artificial y todo el impacto que gira en su entorno se orienten a achicar las desigualdades.

Quizás suene a una utopía, pero indudablemente es lo que nosotros como trabajadores vamos a reclamar. Creemos que algunos gobiernos van a acompañarnos en este planteo, pero existe un gran riesgo de que las diez empresas que representan el eje más importante del desarrollo de inteligencia artificial tengan objetivos que nada tienen que ver con lo que nosotros perseguimos.

Entonces, globalmente esta casa juega un rol protagónico. Y creo que por esa misma razón existen planteos, no lo digo desde un punto de vista ideológico sino por lo que expresa verbalmente la administración Trump, que quieren desnaturalizar y desfinanciar no solamente el multilateralismo, sino también poner en tela de juicio el papel que juega la OIT.

Así que esto nos pone en alerta y esperamos que sea solamente un vendaval temporario para poder reconstruir el camino de la solvencia presupuestaria y fortalecer el diálogo tripartito para resolver los grandes problemas y dilemas que tiene la sociedad asalariada.

—Durante los últimos años se fortaleció el trabajo conjunto de las centrales sindicales de la región. ¿Qué balance hacés de ese proceso y del momento que atraviesa el sindicalismo latinoamericano?

—Lo que pensamos es que nada se pierde, todo se transforma. Y realmente lo que no podemos llegar a comprender es que los gobiernos que no representan una voz para achicar la brecha entre ricos y pobres, y que generan mezquindades y actitudes crueles, llegan a través del voto de la gente.

Entonces debemos preguntarnos qué cosa no estamos haciendo bien para que nuestras trabajadoras y trabajadores estén concientizados, esclarecidos e informados.

Porque muchas veces observamos lo que algunos sociólogos llaman una controversia cognitiva. Votan gobiernos de derecha que vienen a restringir condiciones de igualdad y derechos para los sectores que menos tienen, pero al día siguiente golpean la puerta de las organizaciones sindicales preguntando qué hacemos para defenderlos.

Esa dicotomía genera una gran preocupación. Yo no sé qué pasará en otros países, pero en la Argentina también debemos comprender que esta desesperanza tiene que ver con que las matrices políticas que tuvieron la responsabilidad de administrar el país en años anteriores sostenían un relato cuyos resultados finales no mostraban mejoras visibles en las condiciones de trabajo ni en el desarrollo nacional.

Se veía como que estábamos estancados y eso generó un desánimo no solamente entre los trabajadores sino también en buena parte de la sociedad.

Y así ocurrió que una parte importante del electorado votó a alguien que ganó una elección mostrando una motosierra como símbolo de lo que iba a hacer, es decir, aplicar un ajuste severo. Y la sociedad mostró mayoritariamente, no solamente en el momento que votó, sino en el transcurso de casi los tres años que está gestionando esta actual administración, de tener tolerancia a ese ajuste.

Eso demuestra que debemos replantear nuestro esquema y volver a una matriz donde el desarrollo, la producción y el trabajo sean ejes centrales. Gobernar es crear trabajo. Gobernar significa evitar que nuestro país vaya a un default, evitar desequilibrios entre lo que se gasta y lo que ingresa para generar recursos.

Se pueden hacer ambas cosas a la vez de manera responsable: atender las cuestiones fiscales y tributarias y, al mismo tiempo, sostener una actitud solidaria desde el Estado. Porque sin Estado no hay Nación y, por lo tanto, el Estado debe ser precursor y generador de un plan estratégico de crecimiento, producción y desarrollo.

—¿Creés que esos consensos deberían formar parte de los próximos programas de gobierno?

—Yo creo que sí. Nunca tendrían que haber estado en un segundo plano. Nosotros, cuando nos sentamos a conversar con cualquier funcionario, por ejemplo, en mi caso como presidente de la obra social y secretario general del gremio, lo hacemos con autoridad porque, a pesar de todos los avatares y vaivenes que tiene la Argentina, en una industria tan particular como la construcción, que hoy tiene menos de 120.000 trabajadores porque están paralizadas la obra pública y la vivienda, nunca permitimos que nuestras instituciones entraran en default.

Trato, como administrador y como dirigente elegido por los trabajadores, de gestionar responsablemente los recursos que ellos aportan con mucho sacrificio. Tengo que preocuparme permanentemente para tener una administración sana, defender institucionalmente la tarea que debo realizar y poner en marcha distintas medidas para administrar.

—Pero los servicios no se cortan.

—Claro, no se cortan. Tomamos medidas anticipadas. Hay una baja muy importante porque cayó la recaudación y tampoco están los aportes que antes llegaban desde la Superintendencia de Servicios de Salud. Son muchas las dificultades, pero siempre buscamos no caer en default.

Ahora, los políticos, no solamente de esta administración sino también de otras anteriores, actuaron muchas veces de manera irresponsable y nos llevaron al borde de crisis económicas y financieras que terminamos pagando los trabajadores. Porque la inflación es el impuesto a la pobreza. Cuando la inflación crece, crece también la pobreza.

Por eso queremos un plan antiinflacionario, pero que no sea de una manera tan cruel ni tan inhumana como la que estamos viendo actualmente en la Argentina.

—En la Conferencia se aprobó un convenio internacional para trabajadores de plataformas. ¿Qué esfuerzo hubo detrás de ese proceso de negociación que muchas veces no se ve?

—Mirá, a mí me tocó discutir esto durante los últimos diez años dentro del Consejo de Administración porque había una resistencia por parte de muchos países emblemáticos, como Estados Unidos, y también de sectores empleadores que ponían trabas y obstáculos para discutir un convenio sobre plataformas.

La exposición que nosotros hacíamos era que la realidad es la que manda. Si teníamos que discutir un convenio para esta nueva modalidad laboral era porque el avance tecnológico había creado una nueva fuente de trabajo en estas condiciones.

Aquí no hay una actitud caprichosa de los trabajadores. Toda relación laboral tiene que tener un convenio marco. Si no existe una regulación, la explotación está al orden del día. Es decir, tiene que haber un piso de protección social. Tiene que haber un sistema que dé la oportunidad para que nadie se tome el atrevimiento de abusarse de aquel que necesita trabajar.

Esta nueva modalidad laboral no tenía un convenio ni un marco regulatorio y por eso insistimos durante años, a pesar de la resistencia del sector empleador y de grandes compañías que no querían avanzar en este terreno.

Tanto insistimos con criterios y argumentos sólidos que logramos construir una mayoría de gobiernos que acompañaron esta posición.

Así llegamos a que en la Conferencia de 2025 se abrieran las puertas para que en 2026 pudiéramos tener el primer convenio y también una recomendación, como normalmente acompaña cada convenio.

—La CGT llegó a esta Conferencia con una delegación renovada, más joven y con una mayor participación de mujeres. Como responsable de las relaciones internacionales de la central obrera, ¿qué reflexión te merece este proceso?

—Esto tiene que ver con un proceso de renovación dentro de la Confederación General del Trabajo. Una renovación sobre la base de una nueva estética, una metodología y un formato donde pueden convivir dirigentes con una larga trayectoria y nuevos compañeros que van surgiendo.

Perón decía que un dirigente es joven o no según cómo piensa y no por la edad que tiene. También decía que una organización debe ser valorada por la calidad de sus dirigentes y no por la cantidad de afiliados.

Tomando como base esos conceptos fuimos construyendo un camino dentro de Consejo directivo de la CGT para generar debate, aceptar la pluralidad, construir consensos y avanzar en una renovación que terminó expresándose en la conformación de un nuevo triunvirato, con un proceso de renovación y con un cambio ciertamente de estética, que se verá en el tiempo y en la forma.

Y esto no significa, de estética, para decir que lo que se hacía antes estaba mal, sino que es un proceso evolutivo que tiene que ver con la dinámica que se da en la sociedad joven que uno representa. Porque el sindicalismo tiene que estar pensando permanentemente en la movilidad que representan los sub 40 o los sub 45, porque ahí es donde está la fuerza mayor que puede tener la población sindical. Así que, bueno, en esa tarea estamos.

Eso también lo llevamos al plano internacional. La idea es que los dirigentes que integran las delegaciones vengan a trabajar, a aprender, a participar de las comisiones y de los debates.

Muchas veces creemos que los problemas argentinos son los únicos problemas del mundo y estos espacios permiten comprender que existen desafíos comunes en todas las regiones.

Tuvimos compañeros jóvenes, una delegación con participación de género y una representación mucho más amplia. Me parece que eso está muy bien porque tiene que haber paridad de género en el debate y porque el sindicalismo tiene que pensar permanentemente en las nuevas generaciones.

Tenemos un gran desafío por delante: seguir marcando la línea desde la experiencia del sindicalismo argentino y seguir debatiendo para lograr un mundo mejor, un mundo que pueda resolver los problemas más humanitarios y más inhumanos que hoy atraviesan nuestras sociedades y que garantice condiciones dignas para todos los trabajadores y trabajadoras del planeta.

Link https://mundogremial.com/gerardo-martinez-la-inteligencia-artificial-debe-orientarse-a-achicar-las-desigualdades/

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