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Opinión 10 11 2021

Ganar para avanzar


Autor: María José Sanz









Es cierto que se ha insistido mucho acerca de la importancia de las elecciones del próximo domingo. Sin embargo, no por repetida esta insistencia es menos necesaria. Todavía tenemos la oportunidad de hacer nuevos aportes, de abordar desde otra perspectiva qué es lo que pasa, qué es lo que pasó y arriesgar una hipótesis de futuro alrededor de lo que pueda pasar.

LO QUE PASÓ. Desde el gobierno nacional se repite insistentemente que la gestión de Alberto Fernández ha fracasado debido a la pandemia. Esto es cierto en un sentido y falso en al menos, cuatro. Respecto de lo cierto, no podemos menos que concederle al kirchnerismo que el COVID19 desató una crisis mundial nunca antes vista, la cual tomó por sorpresa a muchos Estados que no pudieron responder en tiempo y forma readecuando sus sistemas de salud.

Pero (y empezamos a precisar en qué sentidos esta afirmación es falsa), la Argentina tuvo tiempo de adecuar su sistema sanitario con meses de antelación (readecuación que todos los países sin excepción necesitaron realizar) y de conseguir los insumos para afrontar la cuarentena. Sin embargo, y de acuerdo a la lógica peronista, a las provincias amigas llegaron respiradores e insumos y a las que no son del mismo color se las privó de respiradores y materiales que previamente habían adquirido. Sin olvidar que nunca se testeó lo suficiente desde la etapa inicial de la primera ola, hasta la tercera que fue la última. No nos olvidemos del negocio “de amigos” que se montó en Ezeiza (millonario, por cierto, y manejado por un misterioso laboratorio).

El segundo punto fue la falsa antinomia que el gobierno nacional planteó alrededor del debate entre economía y salud. Este punto fue particularmente complicado porque agravó la crisis económica, aumentando los índices de pobreza, de indigencia y desatando el deterioro del sistema productivo que causó el cierre de negocios y pymes en todo el país, volviendo irrecuperables amplios sectores de nuestra economía. Sistemáticamente hubo una negación a discutir la metodología de la cuarentena, aplicando un modelo propio del siglo XVII.

El tercer punto fue el de las vacunas: hubo una obscena ideologización enmarcada en la negación sobre el liberalismo (que el kirchnerismo auto percibido de izquierda posee) que nos llevó a buscar vacunas en países amigos de las dictaduras, que niegan la democracia y practican una ciencia y metodología siempre inaccesible. El setentismo de “birra con los pibes” del gobierno, que promueve un antiimperialismo de cotillón sin plástico, sirvió para adquirir de manera tardía (MUY tardía) las vacunas de laboratorios de Estados Unidos como así también las que estaban a disposición por parte de la OMS. Un episodio aparte en este capítulo, fue la devolución de favores de campaña a Hugo Sigman vía AstraZeneca. Dicho sea de paso: después de un año y medio, esas vacunas aún no llegan y ya están pagadas millones y millones de dosis…

Cuarto: la oligarquía peronista. Con departamentos en Puerto Madero, cama en el Otamendi y carteras importadas e inaccesibles para el 90% de la población, organizaron desde la cumbre del Ministerio de Salud de la Nación un vacunatorio VIP que demostró una vez más que en el ADN de la dirigencia kirchnerista lo que abunda no es el gen popular, sino el gen extractivo de lo estatal. Para los K el Estado no es una institución que solucione los problemas de la gente, sino que existe para solucionar la billetera de los dirigentes y de la militancia monotributista. Desde luego, vale mencionar el cumpleaños de Fabiola…

LO QUE PASA. Este combo de “errores no forzados” como les gusta decir cada vez que alguien les pregunta, generó una disociación sistemática entre el ejercicio del poder y la base de su legitimidad. Dicho de otra forma: Alberto Fernández sigue vacío de poder. Camina por una virtualidad que se sostiene por el respeto institucional de la oposición, y por el instinto básico del golpismo peronista de no tirar un gobierno propio (pero que sin embargo no logra evitar “castigos internos” en una lógica extremadamente autoritaria).

Es importante resaltar el problema de legitimidad de la institución presidencial, ya que el problema de la economía argentina no es de carácter técnico, es de carácter eminentemente político, lo cual nos pone ante la afirmación de que necesitamos un entramado institucional potente y con la suficiente flexibilidad y respaldo por arriba y por abajo para tomar decisiones muy complejas en esta particular coyuntura.

Esto señala que las estrategias como el “Plan Platita”, y los miles de subsidios que se habilitan desmedidamente con carácter electoralista, no son la forma de subsanar los problemas en los que el kirchnerismo ahonda y el pueblo pide a gritos rescate.

LO QUE QUEREMOS QUE PASE. Es necesario superar dos grandes ejes problemáticos: la inadecuación de los aspectos ideológicos de la política a los problemas de gestión del Estado, y la incapacidad para generar decisiones a largo plazo.

Centrándonos en esto último, vale destacar que gestionar en el corto plazo es la dinámica económica por excelencia del populismo. Debemos no solo superarla, también hay que transformarla. Una de las muchas formas de hacerlo es priorizando la agenda pública, pensando, gestionando y articulando entre distintos sectores políticos y productivos para la construcción colectiva de futuro. Las sociedades del siglo XXI son sociedades complejas donde lo plural es un punto de partida, no de llegada. Captar esa complejidad desde la política es un desafío que hoy estamos dispuestos a trabajar en conjunto.

El 14 de noviembre sí importa el resultado: es necesario ganar. Las transformaciones en democracia se dan por nuevas mayorías y la construcción de nuevos consensos. Que la elección del domingo sea el segundo paso de esta larga marcha que iniciamos en septiembre y que seguiremos día a día desde la reconfiguración del Congreso Nacional y también del nuevo rol de la oposición. Nuevos equilibrios son nuevas esperanzas y otro poder social es otro futuro posible donde dejemos atrás la pobreza y la decadencia kirchnerista.