martes 20 de enero de 2026
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Estratégico bocatto di cardenale

El resultado de las elecciones en Chile, que constituye un nuevo elemento del huracán del triunfo de las derechas, y de la nueva época del mundo, con todas las características que ya conocemos según cada opinión, junto con el anterior de Bolivia, se suman al tipo de ideas y de gobierno que hoy tenemos conduciendo en la Argentina.

Tales situaciones unifican y potencian la imagen y el valor del cono sur latinoamericano para ellas.

Si tenemos presente las convulsiones universales y la nueva formación de polos de poder o imperiales que están disputando las respectivas zonas de influencia en el mundo, las declaraciones, acciones y propósitos de cada uno de ellos, advertiremos que los Estados Unidos norteamericanos, en otros términos, el polifacético e impredecible Donald Trump, que es algo asi como el pato Donald navegando por los mares celestiales e infernales de la excentricidad violenta y caprichosa, tiene decidido reservarse como zona de influencia estratégica todo el continente americano y sus adyacencias.

Razonablemente debemos advertir que contar con la disposición y sonrisa de los gobiernos de Chile, Bolivia y Argentina, le deja prácticamente servido un plato especial exquisito para que modele y controle a su gusto, tan valiosos contenidos de un inmenso y rico espacio geopolítico.

Se trata de una zona que cuenta con gran parte de la Cordillera de Los Andes, minerales, tierras raras y no tan raras, un espacio pleno de sol para generar energía solar y otro tanto similar para producir energía eólica.

Se trata también de cuencas marinas extraordinarias como son las del Atlántico y el Pacífico, sus virtudes y sus características de ser uno de los pasos de comunicación bioceánico fundamentales.

Se incluye en ese haber la proyección hacia el continente antártico y su alto valor a todo evento.

Hay pues, cielos infinitos para observaciones meteorológicas o precauciones estratégicas de índole ofensiva/defensiva y, sobre todo la continuidad eventual del manejo continental, salvando algunos escollos todavía existentes en materia de alineamientos políticos, para considerar que el extremo del cono sur americano ya está servido en la mesa del fantasioso presidente norteamericano como si fuera un bocatto di cardenale.

Desde luego que, si tuviéramos una mirada benigna y productiva, se podría pensar en que puede ser un territorio que ahora si merece inversiones y desarrollos útiles, no solo para el imperio si no para los propios países sudamericanos.

Pero conociendo el paño del que nos estamos ocupando, todo indica que no deberíamos ser muy optimistas, y que más bien es probable que seamos objeto de una partida de ajedrez cuyos jugadores no somos nosotros.

El señor Monroe podría estar muy contento de ver que finalmente América es para los americanos, pero nosotros, como expresión de “el pecado original de América” de la que nos habló Héctor A. Murena, somos latinoamericanos, argentinos, bolivianos y chilenos, con nuestros más y nuestros menos.

Incurriendo en un exceso de fe en el futuro, supongo que será provechoso, para bien y no para mal de nuestros pueblos y su contribución a la paz en el mundo, a través de los equilibrios estratégicos entre las grandes potencias.

 

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