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Esta singular guerra internacional

Una guerra mundial es un tipo de conflicto a gran escala que involucra a las principales potencias y se extiende por distintos continentes. La guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán no es ni convencional ni mundial.

Pienso que más bien asistimos a una guerra internacional, un conflicto geográficamente acotado en el que participa al menos una gran potencia e involucra, de manera directa e indirecta, a múltiples países y actores no estatales. Hagamos la lista.

Los activamente implicados son EE. UU., Israel e Irán. En el área del Golfo, Teherán lanzó ataques a instalaciones militares estadounidenses, puertos y refinerías en Arabia Saudita, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Omán, así como a objetivos en Irak, bases en Jordán, una base del Reino Unido en Chipre, el aeropuerto de Najichevan –un enclave de Azerbaiyán–, y la base naval en Diego García operada por EE. UU. y el Reino Unido.

Asimismo, Irán movilizó a las milicias de Hezbolá en el Líbano contra blancos en Israel, grupos armados pro-iraníes en Irak contra bases de EE. UU. en ese país, al tiempo que los Huties de Yemen se sumaron con ataques a Israel. Los Huties pueden afectar el Estrecho de Bab al-Mandad.

Israel, a su turno, lanzó una operación masiva en el Líbano, persistió en los ataques en Gaza y en el respaldo a milicias pro-palestinas en acciones armadas contra Hamas, avanzó en los asentamientos en Cisjordania y, junto con Estados Unidos, apuntó a fuerzas pro-iraníes en Siria e Irak. Por su parte, el Reino Unido le facilitó a EE. UU. el uso de sus bases. Soldados del Reino Unido y Grecia operan baterías antiaéreas en Arabia Saudita.

Rusia comparte información de inteligencia con Irán. Asimismo, Ucrania, envió unos 200 expertos a Arabia Saudita y a países del área para responder a los drones iraníes. Europa está perdida y China es el único adulto.

Esta es una guerra internacional que además fue ensayada, es también una “guerra económica”, es ilegal y se torna inquietante. Primero, en 2002 se llevó a cabo el ejercicio militar más costoso (US$ 250 millones) por parte de EE. UU.

Se llamó “Desafío del Milenio” y mediante ejercicios en vivo y simulaciones por computación se probó una guerra contra Irán. El teniente general retirado Paul Van Riper, a quien le fue asignado ese país, llevó a Irán a la victoria mediante un despliegue ingenioso de estrategia asimétrica a pesar de la inferioridad ante el poderío del adversario.

La guerra real contra Irán en 2026 fue proyectada con inteligencia artificial asumiendo 1000 bombardeos iniciales coordinados y exitosos, pero sin contemplar el recurso a la estrategia asimétrica en torno al Estrecho de Ormuz por parte de Teherán.

Segundo, es una “guerra económica”. La utilización de sanciones, bloqueos y embargos para afectar la base material del adversario es un recurso habitual de los poderosos. En este caso, y dada la situación tan particular de estar en una zona rica en hidrocarburos, con refinerías para transformar el crudo en productos aprovechables y disponer en la cercanía de un estrecho tan clave para el transporte de petróleo y fertilizantes, entre otros, Irán –la contra-parte débil– recurrió a ese tipo de guerra, con efectos notables a nivel global.

Tercero, es una guerra ilegal. Los tres actores centrales han violentado un conjunto amplio de normas ligadas a la legalidad internacional. Todo comenzó con el hecho de que Estados Unidos e Israel ni se molestaron en justificar su bombardeo inicial. No había ni evidencia ni inminencia de un ataque iraní contra uno u otro. Si Tel Aviv arrastró a Washington es porque Estados Unidos quería entrar en guerra. La acción militar se debió, en buena medida, a la vulnerabilidad de Teherán. Vulnerabilidad que obedece a los múltiples golpes asestados contra el denominado “arco chiita” en los últimos años, por la pérdida de legitimidad del régimen y, en términos militares-materiales, por la guerra de junio de 2025.

La retaliación de Irán contra los países del Golfo no encuentra excusa por lo indiscriminado del uso de la legítima defensa. A su vez, el secretario de Guerra, Pete Hegseth promovió el abandono de las “estúpidas reglas de enfrentamiento” que hacen al derecho internacional humanitario.

Otra dimensión es la referente a la Convención sobre el Derecho del Mar y su vulneración por parte de Irán. En breve, esta guerra refleja algo más que el deterioro de la legalidad internacional: vivimos el eclipse evidente, sino la agonía, del llamado “orden basado en reglas”.

Cuarto, el fin de esta guerra es turbador pues, día a día, se acentúa la llamada “trampa de credibilidad”: la expectativa de una victoria pronta pero no realizada lleva a la perplejidad; lo que se incrementa por la respuesta pertinaz del adversario. Y, como ese escenario puede reflejar debilidad del atacante, éste opta por potenciar la guerra y eludir un acuerdo temporal.

Ignorando la historia, la geografía, la diplomacia y el derecho, Estados Unidos podría ingresar a otra guerra perpetua o cruzar un umbral bélico de imprevisibles consecuencias e Israel podría redefinir su habitual estrategia de mantener a raya al adversario mediante ataques recurrentes.

Publicado en Clarín el 4 de abril de 2026.

Link https://www.clarin.com/opinion/singular-guerra-internacional_0_wLhNpfbkEn.html

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