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Escrutinios: Fiebre de viernes por la noche

Durante muchos años, el mejor plan que como militante de la Franja Morada de Fsoc era la seguidilla de escrutinios nocturnos que se producían en cada una de las trece facultades de la UBA.

Y digo seguidilla porque, a diferencia de lo que hoy sucede, los centros de estudiantes ajustaban la elección a sus propias necesidades o a la estrategia regional de la agrupación que los conducía. Incluso, a las necesidades de resolución de internas de la agrupación. Eso era algo que solo sucedía en la UBA. En el resto de las Universidades nacionales se fijaba un calendario electoral para todos los claustros que confluían en una o dos semanas consecutivas. En una votaban los estudiantes, en la otra los graduados y los profesores. Si la elección de las autoridades era directa, votaban todos en la misma semana. Hoy ese esquema se mantiene así y la UBA, desde hace pocos años, se adaptó a dicha racionalidad.

Otro cambio importante es que ahora el mandato que surge de dichas elecciones es por dos años. En este punto, lo que es lógico a nivel FUBA, resulta desacertado a nivel centros de estudiantes, dado que, si una gestión no cumple con las expectativas de los estudiantes en los primeros meses del primer año, tendrán que esperar al menos tres cuatrimestres para poder cambiarla.

¿Por qué hago la diferencia con respecto a la Federación? Porque alguna vez me tocó estar en la mesa de conducción de la misma y uno de los problemas que se enfrentaban, más allá de la coyuntura de crisis que se vivía en la década del noventa, era la de la construcción de una gestión con continuidad que permitiese representar política y gremialmente a los estudiantes. Un cambio en ese sentido era necesario para salirse de la competencia permanente y, además, adaptarse a la lógica nacional de la FUA.

Lo único que podía distraernos de una noche de escrutinio era alguna noticia del diario que, religiosamente, se compraba de madrugada. En 1988 el empate de la elección en Comunicación se vio opacado por el caniche asesino.

Se la pasaba bien siendo joven en los escrutinios. Toda la noche con algo para hacer. Escrutaban solo los especialistas y curtidos en esas lides. El equipo escrutador de mi facultad estaba dividido en dos, uno para Centro (los más experimentados) y otros para Consejo, donde uno iba aprendiendo los primeros palotes. Todavía disfruto acordarme de ese primero en FSOC de 1989 en el qué, contra todo pronóstico, nos hicimos primero con los consejeros directivos por la mayoría -Zelaznick, Corti, Meijide fueron nuestra delantera- y, casi 24 horas después, por tan solo unos 60 o 70 votos, con el Centro de Estudiantes.

Esos viernes ganamos, perdimos y ¡si, empatamos! elecciones. Con los años, sumamos los escrutinios de graduados (nada igualará el día que ganamos graduados por dos votos, solo el querido Luis Aznar confiaba en que pese a que faltaban muuuuchos sobres por abrir, íbamos a ganar) y, ya más grandes, algunos pasaron a la liga mayor, los profesores.

Ahora, las redes sociales se encargan ahora de difundir las buenas (o malas) nuevas con inmediatez (noche tuitera, se le dice). En los noventa, un parlante que apenas funcionaba, era colgado de la ventana del decanato sobre Marcelo T. de Alvear (cuando nos pusimos tecnológicos) o teníamos que adivinar el lenguaje de señas que Guillermo o Luciano nos hacían tras los vidrios de las puertas. Claro, casi nadie tenía un celular a mano para comunicarse. Tenerlo, y mostrarlo, podía ser contraproducente y hasta expulsar votantes si te veían usarlo durante las jornadas de votación (la primera vez que vi un celular en una facultad lo ostentaba Maslatón, jefe de la UPAU, en la Facultad de Derecho). Esos años, usarlo, también podía ser motivo de burla. La FiloFranja hasta hizo una canción al respecto (googlee querido lector joven para saber que era la FiloFranja).

Una de las cosas que menos me gustan de las campañas de ahora es el uso de uniformes. Las agrupaciones (todas, si bien las primeras fueron las de izquierda e incluso también se sumaron a esa práctica los libertarios, dado que ellos son muy de sumarse a las modas, como lo vemos con las Fueras del Cielo) se uniformaron cual si atendieran en una casa de comidas rápidas. O lo que es peor, marcan una diferencia con los estudiantes. Jamás, en los ochenta o noventa se nos ocurriría algo así. Hay que reflexionar sobre eso.

Hoy se vota unificado y, racionalmente, es mejor. Las giras por las facultades se restringen y solo hay que inventar excusas por no ir al cumple de la abuela en una sola oportunidad. Ya no es Fiebre de viernes por la noche sino Fiebre de (un) viernes por la noche.

Te dejo el link a mi nota sobre los resultados electorales de esta semana en la UBA, en Nuevos Papeles, claro.

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