El partido de Gadi Eisenkot lidera muchas encuestas. ¿Logrará debilitar el control de Netanyahu sobre el poder?
Traducción Alejandro Garvie
Fue un disparo en la cabeza de un militante palestino lo que puso de manifiesto por primera vez la profunda brecha entre Gadi Eisenkot y Benjamin Netanyahu.
En marzo de 2016, dos palestinos armados con cuchillos atacaron a soldados israelíes en Cisjordania, hiriendo a uno de ellos. Los soldados abrieron fuego, matando a un atacante y dejando al otro herido en el suelo. Minutos después, un soldado israelí de 19 años llamado Elor Azaria amartilló su fusil, apuntó a la cabeza del atacante herido y apretó el gatillo. Azaria declaró que se había sentido amenazado.
La cuestión de si el soldado debía ser sometido a un juicio militar dividió al país. Para algunos israelíes, Azaria no era un criminal, sino un soldado que había matado a un terrorista. Para otros, Azaria había cometido una ejecución extrajudicial o incluso un asesinato. Finalmente, fue condenado por homicidio involuntario por un tribunal militar.
Eisenkot, entonces jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, defendió la decisión de procesar a Azaria, argumentando que disparar a un atacante que ya estaba incapacitado era incompatible con los valores del ejército israelí. Netanyahu se puso del lado del soldado y pidió su indulto.
Una década después, la disputa aún resuena.
Eisenkot, antiguo miembro del gabinete de guerra de Netanyahu, se ha convertido, aparentemente de la noche a la mañana, en el rival más formidable del primer ministro de cara a las elecciones parlamentarias israelíes del 27 de octubre. Su partido centrista, ¡Yashar!, que fundó el año pasado, surgió del creciente descontento con la respuesta de Netanyahu al ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 y la guerra en Gaza que le siguió.
En varias encuestas nacionales, ¡Yashar! —un nombre que puede traducirse como “¡Directo!” u “¡Honesto!”— ya ha superado al partido gobernante Likud de Netanyahu. Los partidarios de Eisenkot señalan el caso Azaria como prueba de los altos estándares morales de su candidato. Los aliados de Netanyahu, por su parte, lo han retomado para presentar al exjefe militar como demasiado blando y de extrema izquierda.
Pocas veces unas elecciones israelíes han despertado tanta expectativa en el extranjero. Durante gran parte de los últimos 30 años, la combinación de nacionalismo de derecha y postura intransigente de Netanyahu respecto a la relación de Israel con los palestinos y sus vecinos ha dominado la política israelí. Eisenkot promete a sus seguidores que puede encaminar al país hacia una nueva dirección.
“Hay momentos en la historia en los que, tras un líder muy carismático y dominante, la gente elige deliberadamente a alguien menos carismático porque simplemente desea paz y tranquilidad”, afirmó Shai Bazak, un ex diplomático y experto en comunicaciones israelí que asesoró a Netanyahu durante su primer mandato como primer ministro. “Ya no quieren tanto drama”.
“Eisenkot es una persona muy agradable”, añadió Bazak. “No es extremista. No genera mucha división. Eso facilita que quienes tradicionalmente votan por la derecha se inclinen hacia él”.
Quien sea que gane tendrá que desenvolverse en un panorama de política exterior radicalmente diferente.
Desde que Hamás asesinó a unas 1200 personas y tomó 251 rehenes el 7 de octubre de 2023, la posición de Israel en el escenario mundial ha cambiado radicalmente. La mayor masacre de judíos desde el Holocausto generó una ola de solidaridad internacional que se desvaneció en los meses y años siguientes, cuando Israel respondió con una guerra en Gaza. Según el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, más de 73 000 palestinos han muerto, tanto civiles como combatientes, una cifra ampliamente considerada fiable por Associated Press, agencias de la ONU y expertos independientes. A principios de este año, oficiales militares israelíes indicaron que coincidían en que el número total de muertos en Gaza rondaba los 70.000; en 2025, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) afirmaron haber matado a más de 22.000 milicianos en Gaza y reconocieron que, si bien habían intentado minimizar las bajas civiles, por cada miliciano abatido habían muerto entre dos y tres civiles.
En varios países europeos, sobre todo en España y Francia, han aumentado las críticas a la respuesta del gobierno de Netanyahu a los ataques de Hamás y Hezbolá con lo que consideran una fuerza militar excesiva, devastando gran parte de Gaza y apoderándose de una amplia franja del sur del Líbano.
Las relaciones entre el gobierno de Netanyahu y la Unión Europea se han deteriorado hasta tal punto que el ministro de Asuntos Exteriores de Israel ya no se comunica con el alto diplomático de la UE. El 18 de junio de 2026, Gideon Sa’ar anunció que cortaba todo contacto con Kaja Kallas tras revelarse que, durante una visita a México en mayo, Kallas había comparado el trato que Israel da a los palestinos con el sistema de apartheid de Sudáfrica.
La tradicionalmente estrecha relación de Israel con Estados Unidos también se ha visto afectada. Netanyahu y el presidente estadounidense Donald Trump acordaron realizar conjuntamente ataques militares contra Irán con el objetivo de impedir que el régimen islamista de Teherán adquiera un arma nuclear. Irán ha declarado que la destrucción de Israel es uno de sus objetivos primordiales.
Sin embargo, Trump también ha criticado ocasionalmente a Netanyahu. Según se informa, en junio, Trump le preguntó al primer ministro israelí: “¿Qué demonios estás haciendo?”, refiriéndose a su ofensiva contra Hezbolá en el Líbano. Hasta el momento, Trump no ha respaldado públicamente la reelección de Netanyahu.
Mientras tanto, el conflicto en Gaza y la guerra en Irán han reducido el apoyo estadounidense a Israel, especialmente en el ala izquierda del Partido Demócrata y entre sectores de la coalición MAGA de Trump, lo que convierte el debate sobre Israel en un tema político vigente para ambos partidos de cara a las elecciones de mitad de mandato.
Ante la creciente presión de Eisenkot, Netanyahu contraataca con fuerza, buscando utilizar la mayor fortaleza del exjefe del ejército, su reputación en materia de seguridad, en su contra. “Eisenkot quería rendirse. ¡Netanyahu está luchando!”, declaró el primer ministro en un reciente vídeo de campaña.
“La campaña en mi contra ha comenzado”, declaró Eisenkot ante sus seguidores en un acto de campaña celebrado a principios de este mes en Karmiel, ciudad del norte de Israel. Con voz ligeramente ronca, lanzó su contraataque: “Netanyahu ataca a sus oponentes siempre de la misma manera, afirmando: Solo Netanyahu puede garantizar la seguridad”.
Luego añadió con énfasis: “Ya vimos cómo resultó eso el 7 de octubre”.
Eisenkot exige una comisión estatal independiente de investigación sobre los fallos del ejército, los servicios de inteligencia y la cúpula política en relación con el atentado de Hamás de 2023. Asimismo, pretende que el propio primer ministro rinda cuentas. Hasta el momento, el gobierno de Netanyahu se ha resistido a la creación de dicha comisión.
“Si no se crea una comisión de investigación, pesará sobre la sociedad israelí como una maldición”, declaró Eisenkot. Lanzó sus críticas contra Netanyahu con calma, casi con monotonía. Eisenkot es corpulento, con el aire de un chef al que han convencido para que abandone su cocina y salude a un comedor entusiasta.
No es un orador carismático ni talentoso como Netanyahu. Pero proyecta algo que podría convertirse en el activo más valioso de estas elecciones: confiabilidad. Mientras Netanyahu carga con el peso de un juicio por corrupción en curso, su oponente es ampliamente considerado un hombre de excepcional integridad.
Un israelí jubilado llamado Josef Benjamín escuchó atentamente el discurso de Eisenkot en Karmiel, observándolo con ojo crítico. Había acudido para formarse su propia opinión sobre el hombre que de repente se había convertido en el centro de atención del país. “Eisenkot es un hombre del pueblo, un buen hombre”, dijo Benjamín. “Netanyahu, en cambio, gobierna como un rey. Ya no es bueno para Israel y debería dimitir”.
No es casualidad que Eisenkot eligiera Karmiel. La ciudad alberga principalmente a israelíes de bajos y medianos ingresos y es un bastión del partido Likud de Netanyahu. En tan solo unos días, Eisenkot realizó 15 apariciones en esta ciudad del norte de Israel.
El mitin fue una muestra de confianza: quiere ganarse a los votantes del primer ministro. Entre las aproximadamente 300 personas reunidas en el auditorio municipal de Karmiel, abundaban las canas, los audífonos y los bastones. Los rostros jóvenes eran escasos.
Eisenkot posee un cierto encanto paternal. Transmite la experiencia de un hombre que ha conocido tanto un ascenso meteórico como una profunda pérdida. Proviene de orígenes humildes. Hijo de inmigrantes judíos de Marruecos, nació en la ciudad de Tiberíades, a orillas del mar de Galilea, lejos de las principales metrópolis de Israel. Creció en Eilat, una ciudad turística del mar Rojo, en el extremo sur del país.
En el ejército, ascendió desde un simple soldado de infantería en la legendaria Brigada Golani hasta convertirse en jefe del Estado Mayor de las FDI, cargo para el que fue nombrado por Netanyahu, quien también provenía de círculos intelectuales y universidades estadounidenses de élite. En un anuncio de campaña, el Likud se burla del inglés deficiente de Eisenkot. Sin embargo, su popularidad sigue en aumento.
Majd Yassin, un árabe israelí de unos 40 años, ve con buenos ojos la posibilidad de que Eisenkot se convierta en el primer primer ministro de Israel con raíces judías marroquíes. “Aprecio mucho que haya abordado los problemas que afronta la sociedad árabe. Nadie parece mostrar mucho interés en resolver los problemas que sufrimos en la comunidad árabe de Israel, como ciudadanos israelíes”, afirma Yassin. “Creo que Gadi Eisenkot reconoce estos problemas y tiene la capacidad de abordarlos”.
No es solo la historia de movilidad social de Eisenkot lo que hace que muchos israelíes se identifiquen con él, sino también la tragedia de su familia.
El 7 de diciembre de 2023, Gal Meir, hijo de Eisenkot, participaba en una operación para recuperar los cuerpos de dos israelíes secuestrados y asesinados en Gaza el 7 de octubre. Cuando el soldado se acercaba a un túnel abierto, un artefacto explosivo detonó. El joven de 25 años resultó gravemente herido y falleció posteriormente en el hospital.
Dos de los sobrinos de Eisenkot también murieron en Gaza. Eisenkot no utiliza su pérdida como tema de campaña, pero la mayoría de los israelíes saben exactamente el sacrificio que ha hecho su familia. El hijo de Netanyahu, Yair, por el contrario, permaneció en Florida mientras Israel movilizaba a unos 360.000 reservistas tras el ataque de Hamás, lo que provocó críticas de los israelíes que regresaron del extranjero para servir en el ejército. Netanyahu defendió a su hijo, afirmando que Yair era voluntario en Estados Unidos y ayudaba a conseguir equipo para el ejército y los servicios de emergencia.
Eisenkot encarna ahora el dolor de Israel por sus hijos e hijas caídos, y la esperanza de que el hombre cuya profesión era la guerra sea quien le ponga fin.
Su popularidad también refleja el anhelo de muchos israelíes de volver a poner el país en manos de una figura paterna benevolente, como lo fue Yitzhak Rabin. Rabin también había sido jefe del Estado Mayor de las FDI antes de entrar en política, y comandó al ejército israelí durante su victoria en la Guerra de los Seis Días. Hasta su asesinato en 1995, representaba la gran esperanza de paz en Oriente Medio.
¿Tiene Eisenkot lo necesario para heredar el legado de Rabin? Muchos ex comandantes militares condecorados lo han intentado antes que él. Según un análisis del Instituto Israelí para la Democracia, aproximadamente dos tercios de los exjefes del Estado Mayor de las FDI incursionaron posteriormente en la política nacional. La mayoría fracasó. Ehud Barak llegó a ser primer ministro, pero su coalición se desmoronó tras solo 20 meses. Más recientemente, el exjefe del Estado Mayor de las FDI, Benny Gantz, un centrista que en su momento se erigió como el rival político más formidable de Netanyahu, vio cómo el apoyo a su partido se desplomaba y ahora es probable que no logre regresar al Knesset.
En última instancia, las fuerzas armadas y la política se rigen por reglas muy diferentes. Las fuerzas armadas son jerárquicas; la política exige compromiso y, por lo tanto, una cualidad especial para tratar con la gente.
Esas son habilidades blandas que el ejército no necesariamente enseña, afirmó Danny Orbach, historiador militar de la Universidad Hebrea de Jerusalén. “En el ejército, Ehud Barak —un ejemplo extremo de político fracasado con experiencia militar— podía gritar a sus subordinados si no le obedecían”, añadió Orbach. “En política, la gente simplemente se da por vencida”.
Sin embargo, Orbach considera a Eisenkot una figura diferente: “Eisenkot es muy concienzudo y profundamente patriota”, afirmó. “Tiene buenas intenciones. Sin el lastre de Netanyahu, podría reconstruir las relaciones con la UE y con ciertos sectores del Partido Demócrata en Estados Unidos”.
El historiador militar se muestra más escéptico respecto a la falta de experiencia política de Eisenkot, que ingresó al parlamento hace apenas cuatro años. También critica las posturas que adoptó Eisenkot como miembro del gabinete de guerra de Netanyahu tras el 7 de octubre.
“Si hubiera dependido de Eisenkot, habría cedido a la presión de las familias de los rehenes y habría puesto fin a la guerra”, declaró Orbach. “Ahora careceríamos de los logros que hemos conseguido: el 60% de Gaza bajo nuestro control y Hamás debilitado y aislado”.
Eisenkot ha argumentado que esto plantea una falsa disyuntiva: Israel podría haber llegado a un acuerdo para traer a los rehenes de vuelta a casa y reanudar su campaña contra Hamás más adelante.
En general, Eisenkot y su equipo de campaña intentan contrarrestar estas críticas con la promesa de un futuro mejor. Incluso la música que se escucha en sus mítines electorales lo demuestra. Una vieja canción israelí sobre la paz suena por los altavoces: “Todo saldrá bien”.
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