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Opinión 24 11 2022

El voto, un antídoto frente a la mentira


Autor: Federico Finchelstein









Los resultados de las elecciones intermedias en Estados Unidos fueron una sorpresa para muchos, pero también una confirmación de una historia común que comparten fascistas y populistas. La sorpresa fue que, en contra de las predicciones de una victoria absoluta del trumpismo republicano, los demócratas del presidente Joe Biden pudieron mantener su mayoría en el Senado y ganaron gobernaciones y legislaturas esenciales para mantener la legalidad en los comicios presidenciales del 2024. La confirmación de la tendencia histórica es que la mentira y la propaganda tienen fecha de vencimiento.

En concreto, la mayor parte de los candidatos elegidos a dedo por Donald Trump que se caracterizaron por su negacionismo sobre la victoria de Biden en 2020 fueron derrotados. Ambas cosas, sorpresa y confirmación, están relacionadas.

Como se dio en Brasil, la campaña dominada por las mentiras y la desinformación fue rechazada por la mayoría de los ciudadanos. Como en Brasil, en Estados Unidos la realidad de una democracia amenazada por extremistas fue determinante para convencer a electores que en muchos casos son no necesariamente cercanos a los vencedores en términos económicos o sociales pero que sí comparten con ellos la necesidad de defender la democracia.

En los casos de los grandes derrotados de esta década, Trump y Bolsonaro, la lección es clara. Cuando los populistas están en el poder es más difícil imponer las mentiras en el tiempo. Pues la realidad catastrófica de sus acciones como la negación del Covid y las vacunas, hasta los golpes de Estado o la amenaza de llevarlos a cabo, los actos mafiosos y las teorías de la conspiración fomentadas por el racismo, el odio a lo distinto y la xenofobia, las niega y eventualmente las hace más evidentes.

La historia de las mentiras fascistas confirma la misma situación. Los dictadores Adolf Hitler y Benito Mussolini mintieron sobre enemigos y guerras, exterminios, genocidios e imperialismos al punto de que la derrota total los reveló como emperadores desnudos que destruyeron sus países y fueron abandonados por la mayoría de sus seguidores.

Distinto es el caso de mentirosos en la oposición que no tienen que deformar la realidad de sus acciones sino sólo hacerlo con respecto a los que están en el gobierno.

En EE.UU, aunque los republicanos de Trump ya no están en el poder, la memoria del trumpismo está muy fresca y pisa fuerte. La constante presencia de Trump en la política del país y las decisiones anti-aborto de una Corte con mayoría ultraconservadora consolidada por Trump fueron realidades demasiado evidentes para ignorar o distorsionar absolutamente.

Si bien los republicanos se quedaron con la mayoría en la cámara baja y el extremista Ron De Santis, ex discípulo de Trump y posible contrincante, se hizo con la gobernación de Florida, se puede hablar en general de una derrota del trumpismo y su propaganda. Cabe entonces pensar algunas lecciones que nos deja esta derrota de los proyectos de aspirantes a fascistas como Trump y Bolsonaro.

En primer lugar, las mentiras y la propaganda fascistas pueden detenerse y ser derrotadas con información real sobre la crisis y la muerte que generan estos líderes. A la larga, la realidad triunfa sobre los aspirantes a fascistas.

Además, las instituciones legales y los tribunales independientes son clave para detener los golpes de estado en cámara lenta como pasó en Brasil con el intento de supresión de votantes mediante bloqueos de la policía en muchas rutas principales y como se observó, como en el caso de funcionarios republicanos en Arizona que hicieron respetar la legalidad de los comicios.

Otra lección es que los ciudadanos deben votar. EE.UU nos regala la esperanza de generaciones jóvenes que salen a defender la democracia a partir del voto. Sin ellos, hubiera ganado el trumpismo. Además, se deben crear y apoyar coaliciones amplias de centro/izquierda/derecha para confrontar a quienes quieren destruir la democracia. En suma, se debe recordar la historia de las coaliciones antifascistas que derrotaron al fascismo. Eso es lo que representaron en esta ocasión la candidatura de Lula en Brasil y la victoria demócrata en Estados Unidos.

Los líderes autoritarios deben ser procesados por sus actos ilegales como pasó en Argentina en 1985 con los líderes de la dictadura. En este punto mucho queda por hacer tanto en Brasil como en EE.UU.

También es importante llegar, a través de los medios independientes, a aquellos que quieren dejar atrás su identificación con el culto del líder mesiánico.

Debemos estar atentos a defender constantemente la democracia, pues estas victorias son batallas en una contienda de largo aliento. Entender que los actores antidemocráticos sin escrúpulos legales siguen ahí y que no se puede bajar la guardia frente al desafío totalitario que representan es de vital importancia.

Publicado en Clarín el 22 de noviembre de 2022.