lunes 12 de enero de 2026
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El riesgo de la olla a presión

Hace un tiempo, el grueso de los economistas profesionales decíamos que el esquema monetario-cambiario de base monetaria amplia fija y deslizamiento del tipo de cambio al 1% mensual era insostenible. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) permitió una salida positiva. Del lado fiscal se ratificó la meta de déficit fiscal cero, del lado monetario se implementó un régimen de metas de agregados monetarios —el M2 transaccional privado— y del cambiario un régimen de bandas cuyos piso y techo se irían ensanchando al 1% mensual. A esto se sumaba el compromiso de que el Banco Central (BCRA) compraría dólares en el mercado cambiario para ir reponiendo su agotado stock de reservas internacionales. El techo de la banda arrancaba en $1400, un valor que lucía “razonable” para una economía en la que al Gobierno le sale casi todo bien.

El cambio de estrategia fue positivo porque iba en la dirección de corregir puntos débiles del esquema macroeconómico. Las bandas permitían ir corrigiendo el atraso cambiario sin saltos devaluatorios abruptos. Con el desembolso inicial de US$ 12.000 millones del FMI más las restricciones vigentes en el mercado de cambios, el techo de la banda lucía impenetrable, lo cual moderaba expectativas de saltos cambiarios. Con la política monetaria de agregados monetarios se estimaba que el Gobierno tendría suficiente flexibilidad para guiar las tasas de interés a niveles consistentes con una inflación descendente y una actividad en recuperación. Finalmente, la acumulación de reservas en el BCRA mejoraría la capacidad de administrar el mercado de cambios sin cepos y garantizaría recursos para pagar deuda pública en dólares.

Aunque inicialmente el mercado no lo veía así —porque los valores de los contratos de dólar futuro y los retornos de los bonos en pesos reflejaban hasta julio expectativas de que el tipo de cambio se mantendría por debajo del techo de la banda, incluso en los meses posteriores a las elecciones— nuestra mirada en Equilibra siempre fue que el nuevo esquema era de transición. Teníamos varias razones. Una es que ningún país a los que quiere parecerse la Argentina tiene un régimen de bandas cambiarias y agregados monetarios. Las bandas siempre se han usado como esquema de transición hacia la flotación libre o administrada. Los países de la región —incluyendo los bimonetarios Perú y Uruguay, a los que el staff del FMI propone como norte para la Argentina— combinan esquemas de “metas de inflación” con flotación administrada del tipo de cambio.

Otra razón era que, como la inflación seguiría por encima del 1% al que se desliza el techo de la banda, el esquema induciría una tendencia a la apreciación cambiaria. O sea, se dirige hacia el problema que se suponía iba a solucionar. Ilustremos con números: el techo de la banda cambiaria hoy es $1465, mientras que el valor original de $1400 ajustado por inflación —asumiendo 2% en agosto— equivaldría hoy a unos $1500; o sea, ya se atrasó $35. Si tomamos la inflación esperada para los próximos 12 meses del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA (21%), el techo de la banda de julio de 2026 a precios de hoy equivaldría a $1365; es decir, $100 más bajo que el techo actual, $135 menos que el techo original y muy similar a las cotizaciones recientes del tipo de cambio oficial. Conclusión: bajo este escenario nominal, el esquema de bandas solo es sostenible si de ahora en más el peso se aprecia en términos reales.

No es un escenario probable. En efecto, por lo que muestran los precios de los contratos de dólar futuro y los rendimientos de los activos en pesos, el mercado parece creer desde hace unas semanas que el techo se perforará después de las elecciones. Hay al menos tres elementos que contribuyeron a este cambio en las expectativas del mercado. Primero, la errática e insuficiente política de acumulación de reservas del BCRA, que impidió que el riesgo país bajara de 700 puntos básicos. Segundo, la política monetaria oscilante, visible en el mal manejo del desarme de las LEFI y luego en la desesperada estrategia de secar la plaza de pesos y subir tasas de interés a niveles insostenibles. Tercero, los problemas políticos derivados del escándalo de las posibles coimas en el ANDIS que comprometerían al círculo más cercano del Presidente.

Link https://www.lanacion.com.ar/economia/el-riesgo-de-la-olla-a-presion-nid31082025/?utm_source=appln
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