¿Cómo sigue esta película? El Gobierno tiene un objetivo claro: que el dólar no se dispare y la inflación se mantenga estable hasta las elecciones. Por eso creemos que hasta esa fecha el techo de la banda no se perforará y que el Gobierno hará todo lo posible para que el dólar no supere los $1400 en el camino a las elecciones. Para lograrlo, el BCRA probablemente siga interviniendo en el mercado de futuros estabilizando las cotizaciones posteriores a octubre y continúe secando de pesos la plaza. Si para eso debe forzar a los bancos a integrar más títulos públicos como encajes, lo hará; del mismo modo que permitirá que las tasas sigan subiendo lo que sea necesario para limitar la dolarización de carteras. Y si debe vender dólares en el mercado de cambios para evitar presiones, también lo hará, ya sea mediante ventas del Tesoro o de organismos públicos como el FGS de la ANSES. Y, finalmente, si el tipo de cambio llega el techo de la banda, el BCRA venderá con contundencia. Discutiremos luego, en algún seminario futuro, si esta política electoralista también merece la etiqueta de “populismo”, pero lo claro es que el Gobierno hará lo necesario para cumplir su objetivo electoral.
La estrategia, sin embargo, presenta riesgos. Con tasas tan altas, bancos con dificultad para administrar liquidez y forzados a comprar títulos públicos como encajes, el crédito al sector privado se frenará. La política salarial se seguirá usando como ancla desinflacionaria, implicando que los salarios viajen por debajo de la inflación y que las familias pierdan capacidad de gasto. Si sumamos que la apertura de la economía con un tipo de cambio relativamente bajo desvía demanda hacia bienes y servicios (turismo) importados, parece razonable anticipar que la actividad —que muestra signos de fatiga desde marzo— seguirá declinando.
Tal vez más grave sea que la política actual de tipo de cambio bajo y tasas altísimas refuerce la percepción de que el esquema se abandonará tras las elecciones. Maquiavelo no vio funcionar a las democracias modernas, pero si lo hubiera hecho, seguramente reescribiría aquel pasaje y aconsejaría al Príncipe: “haz todo lo popularmente malo inmediatamente después de una elección y lo más lejos posible de la próxima”. Con esta máxima en mente, es probable que las estrategias financieras más conservadoras comiencen a dolarizar carteras y que las más audaces aprovechen las tasas por un tiempo y se dolaricen en las semanas previas a las elecciones. Pocos pasarán las elecciones “haciendo tasa”.
Esta tendencia podría aliviarse si se anticipara un buen resultado electoral del oficialismo. Un apoyo popular contundente en las urnas sería una señal de confianza al programa de gobierno y facilitaría una salida más armoniosa hacia un tipo de cambio flotante más alto y riesgo país y tasas domésticas más bajas. Pero sería necio ignorar que la probabilidad de ese escenario se ha reducido. El escándalo de las coimas en el ANDIS en un contexto económico lánguido, con actividad, empleo e ingresos a la baja, podría resultar en un menor apoyo electoral al que conjeturábamos poco tiempo atrás. Un triunfo no tan holgado del oficialismo tal vez impida despejar la incertidumbre respecto a la sostenibilidad política del programa. En tal caso, la salida del esquema de bandas —hoy controlado a fuerza de tasas altísimas y represión financiera— podría ser más compleja.