La ministra de seguridad Patricia Bullrich tomó una decisión muy polémica. Le quito el nombre del jefe de policía más destacado de la democracia, Miguel ngel Pirker a la escuela de cadetes de la Policía Federal, para volver a nombrarlos con el nombre de dos jefes policiales acusados de violar los derechos humanos, Ramón Falcón y Alberto Villar.
A diferencia de otros jefes de policía, Pirker fue un ejemplo de honestidad democrática y fue de los pocos que abrió la institución a los medios y a la sociedad.
Pirker había esclarecido, precisamente, el secuestro y asesinato de Osvaldo Sivak y de otros empresarios a manos de una banda integrada por oficiales y agentes de la fuerza. También se había erigido en el principal protagonista del secuestro de 60 kilos de cocaína, una investigación rigurosa y de compleja acción que le mereció la felicitación personal de Raúl Alfonsín. Y además Pirker, durante su gestión al frente del Departamento, posibilitó el desbaratamiento de varias células de ultraderecha asociadas a ese tráfico. En definitiva, había posibilitado instalar la imagen de una fuerza policial al servicio de la comunidad, con amplio y firme sentido democrático.
En las antípodas de Pirker, Bullrich quitó su nombre de las escuelas de policía y volvió a colocar el de dos jefes policiales muy cuestionados por violaciones a los derechos humanos. Nombró como Ramón Falcón a la escuela de cadetes de la policía y con el nombre de Alberto Villar a la de suboficiales.
Ramón L. Falcón el 1.º de mayo de 1909, día de los trabajadores, ordenó reprimir la manifestación pacífica convocada por los anarquistas de la FORA en Plaza Lorea. El accionar policial dejó 11 muertos y más de 105 heridos, muchos de los cuales fallecieron en los días siguientes ,se calcula que como consecuencia de la represión murieron un total de 80 personas aproximadamente.
Ante la huelga general y la decisión sindical de mantenerla hasta que Ramón L. Falcón renunciara. Falcón ordenó nuevamente atacar a tiros la columna de 60.000 personas que acompañaba los féretros de los obreros asesinados hacia el cementerio de la Chacarita. La policía arrebató los féretros a la multitud para evitar el cortejo, y rechazó a balazos a los 4000 manifestantes que llegaron por sus propios medios a Chacarita para rendir homenaje. Se clausuraron también los locales de sindicatos de todo signo, anarcosindicalistas y socialistas por igual, así como los órganos de prensa La Vanguardia (socialista) y La Protesta (anarquista); grupos de civiles y policías disfrazados de civiles incendiaron las imprentas de estos últimos y otros locales.
El 14 de noviembre de 1909 mientras Falcón regresaba del funeral de otro policía, acompañado de su secretario Juan Alberto Lartigau, en la esquina de Quintana y Callao, Simón Radowitzky, joven anarquista de 17 años, actuando solitariamente, arrojó una bomba contra el carruaje en que viajaba Falcón. La bomba les estalló entre las piernas, y Falcón murió pocas horas más tarde.
El comisario Alberto Villar fue convocado en enero de 1974 por el entonces ministro José López Rega para volver a la policía. Según el actual funcionario libertario “Tata” Yofre fue el mismísimo Perón quien convocó a Villar para combatir con métodos ilegales a las organizaciones guerrilleras, tras el asesinato de Rucci. Fue nombrado subjefe y luego jefe de la Policía y ascendido a Comisario General.
A finales de 1973 había surgido en el país la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), un grupo paraestatal del gobierno peronista que asesinó a miles de ciudadanos vinculados a grupos de izquierda y de otros opositores al gobierno peronista. Villar se convirtió en uno de los líderes de esta agrupación, integrando un grupo denominado ‘Los Centuriones’. El primer atentado de la Triple A fue contra el senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, luego asesinaron al abogado defensor de presos políticos y hermano del ex presidente Silvio Frondizi, y también al diputado peronista Rodolfo Ortega Peña en julio de 1974. Durante su gestión en la Policía Federal creó la Brigada de Explosivos que fue responsable de diversos actos terroristas, como la bomba que mató a José Colombo, director del diario El Norte de San Nicolás.
Su asesinato se produjo el 1 de noviembre de 1974 en plena vigencia del estado de derecho, cuando un explosivo colocado en el interior de una lancha en el Tigre acabó con su vida y la de su esposa, Elva Marina Pérez de Villar. La organización Montoneros se atribuyó el atentado.








