jueves 15 de enero de 2026
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El reto de Corina Machado: cómo salir de la clandestinidad, recoger el Nobel y esquivar a Maduro

María Corina Machado es esta semana la dirigente política que acapara la atención de América Latina, quizá del mundo. En la clandestinidad desde agosto de 2024, cuando Edmundo González ganó por goleada las elecciones contra la dictadura de Nicolás Maduro, todos esperan verla en Oslo para recoger personalmente su premio Nobel de la Paz. “Será uno de los mayores honores de mi vida”, dijo en una de las varias entrevistas que dio en estos últimos días.

Nadie (casi) sabe dónde está. Quienes presumen que sigue en Venezuela especulan que se instaló dentro de la embajada de Estados Unidos en Caracas. Otros apuntan que hace tiempo salió del país por seguridad. Lo cierto es que transcurrido este tiempo su palabra es seguida por miles, millones de personas. Que su liderazgo en la oposición venezolana no se resquebraja. Y que mantiene actividad al participar de entrevistas, de foros internacionales, de reuniones con presidentes y funcionarios de distintos países.

La última vez que se la vio a Machado en las calles fue en enero, en una marcha en Caracas, a horas de lo que se suponía sería el regreso del exilio de Edmundo González para juramentarse como presidente y asumir funciones. Aquél episodio acabó en gran frustración: a Machado la detuvieron agentes de inteligencia, que la soltaron en medio de denuncias de varios gobiernos que monitoreaban la situación; González, quien hasta último momento insistía en que tomaría un avión acompañado de expresidentes como Felipe González, finalmente nunca despegó. Cuando parecía que habría un desenlace a la crisis, Maduro se juramentó a deshora, fuera de la sede habitual, sin seguidores en las calles y sin mostrar ni una sola acta de las votaciones, esas que sabe que se robó y por eso no las enseñará nunca.

Casi un año después de aquello la situación es la misma, en cuanto a que los venezolanos dentro y fuera de su país están hartos de una dictadura cada vez más sanguinaria, ineficiente e impopular. Persisten Machado y González en dar con una salida del chavismo. Pero cambió la presión internacional que recibe Maduro, con un Donald Trump que cercó los mares venezolanos con buques, submarinos y portaviones, mientras dio la orden de “cerrar los cielos” aun cuando se trata de un país que no es el suyo.

Nadie sabe en este momento si de un instante al otro Maduro huirá a otro país. O si aparecerá preso en Estados Unidos luego de una operación de la CIA. O si lo lincharán en una plaza por un levantamiento militar o una turba popular. O si finalmente Trump dará la orden de disparar misiles y  de que sus tropas entren a Venezuela en nombre de una operación contra el narcotráfico.

Los venezolanos, mientras tanto, intentan hacer su vida “normal”. Quienes tienen que ir al supermercado o pagar las cuentas no pueden darse el lujo de dejar de trabajar o rebuscarse con la changa del día. Y los que están en el exterior, además de eso, miran las noticias a las que sus compatriotas no pueden acceder por censura o miedo a que algún policía, si los detiene en la calle, les puedan costar dinero o unos días en una celda. Porque el país está bajo una fuerte vigilancia: en las calles no se habla de “eso que está pasando” ni en las redes se postea. Una docente de 65 años recibió hace días una condena de 30 años de cárcel por compartir un estado en Whatsapp con críticas a la dictadura. Un exgobernador que estaba preso en El Helicoide, el mayor centro de torturas de Latinoamérica, murió el fin de semana bajo custodia de los servicios de inteligencia. Y entrar o salir del país es cada vez más difícil porque ya no hay aerolíneas internacionales: unas se plegaron a la “advertencia” de Trump, a otras les revocaron sus licencias.

Por eso desde el comité organizador del Nobel no dan detalles del itinerario de Machado, quien hace años no viaja al exterior porque además le anularon su pasaporte. Durante todo este tiempo sus reuniones con presidentes, primeros ministros y demás funcionarios han tenido que ser por videollamada. Lo mismo que con el resto de su familia, exiliada. No debe ser este un viaje cualquiera para ella, tan perseguida y hastiada por el chavismo, que la desea como a un trofeo.

¿Aparecerá Machado en Noruega? ¿Qué dirá en su discurso? ¿Qué dirá si finalmente no pudo ir?

La esperan, además de González y varios de sus colaboradores, varios presidentes: Javier Milei, Santiago Peña, Daniel Noboa, José Raúl Mulino. Sería una buena ocasión para que se sume algún progresista o líder de izquierda, como Daniel Boric, uno de los que desde hace muchos años llama dictador a Maduro y sostiene que los derechos humanos son de todos, sin distinciones. O Luiz Inácio Lula da Silva, quien además sería uno de los principales perjudicados si el conflicto estalla bélicamente. Porque se produciría, de inmediato, otra oleada de refugiados.

En cuanto a la Argentina, Milei recibió en Casa Rosada a González Urrutia en enero. Con Machado ha compartido actos de manera virtual, vinculados a la nueva derecha. En la tenebrosa cárcel de El Rodeo se sabe por testimonio de compañeros de celda que ahí sigue el gendarme Nahuel Gallo, desaparecido desde hace un año cuando fue a Venezuela para visitar a su pareja y su hijo. La embajada argentina en Caracas sigue cerrada, luego de que lograron escapar colaboradores de Machado que se asilaron allí y Maduro los mandó a sitiar sin disimulo.

La ceremonia de entrega, el 10 de diciembre, coincide además con otro aniversario de la recuperación de la democracia argentina, de la mano del radical Raúl Alfonsín, cuyo ejemplo de cómo reinstaurar las instituciones y juzgar a los responsables de la dictadura, además del Nunca Más, bien pueden servirle a González y Machado si logran sacar a Maduro.

Sea cual sea el desenlace será clave para el día después del Nobel la hoja de ruta que tomen Machado y González. ¿Volvería Machado a la clandestinidad? ¿Tienen alguna carta bajo la manga? Los ojos del mundo están una vez más observándolos. Por el Nobel, que conmemora de algún modo a tantos que buscan y buscaron la libertad de Venezuela. Y por si hay, ahora sí, un desenlace.

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