La genial síntesis del título de esta nota, no me pertenece como autor de la misma, sino que han sido inspiradas en el politólogo y ensayista italiano Gilles Gressani (L.G.C.23/7/26). Quien fundamenta esa opinión, para comentar la iniciativa de Steven Forti, de reunir durante casi un mes un “vocabulario de la extrema derecha”, fruto del trabajo colectivo de investigadores —sociólogos, historiadores y politólogos— procedentes de toda Europa.
La explicación del sentido de dicha tarea es que el vocabulario agresivo, peyorativo y hasta cruel con quienes no piensan como ellos; es la puerta de entrada a la extrema derecha y, a menudo, la primera señal de alarma.
El requisito previo para la aceptación social de los partidos de extrema derecha es la normalización de las ideas y propuestas que difunden: romper todo, despreciar todo lo anterior y a los demás, motosierras, descalificaciones, las formas, los modales, las instituciones, todo lo que puede ser concebido como la cultura existente en una sociedad.
Recuerda Cass Mude (allí citado) que, durante la Guerra Fría, la extrema derecha se consideraba una patología normal de la democracia occidental. Y desde la década de 1990, se ha convertido en una “normalidad patológica”.
Lo que plantea dudas no es la libertad de expresión en sí misma. Evidentemente, no hay nada sospechoso en ella y, por el contrario, constituye el pilar del orden democrático. Pero lo que se observa es que, hoy en día, este término se utiliza como un caballo de Troya: se invoca la libertad de expresión para legitimar lo que en realidad son elementos de discursos de odio y violencia.
ENCUENTROS CERCANOS DEL TERCER TIPO
En la otra punta del espinel, y a modo de metáfora, está nuestro compromiso con la democracia pluralista, el respeto a la diversidad y la búsqueda constante de factores que ayuden a la convivencia entre quienes vivimos juntos en una nación o un territorio, con el propósito de ayudarnos mutuamente y no agredirnos.
Quiere el azar que en este momento venga a mi memoria la célebre definición de Rainer María Rilke sobre el amor: “El amor Consiste en que dos soledades se protejan, se limiten y se reverencien, una a la otra” (“Cartas a un joven poeta”).
Estas reflexiones se relacionan con aquella gran película del director Steven Allan Spielberg, que nos cuenta el encuentro de dos civilizaciones planetarias y la búsqueda pacifica de entendimientos a través del intercambio de notas musicales, que son conmovedoras, como expresión de excelencia vital.
En estos días nuestro presidente ha iniciado una gira cuyo propósito es anudar las relaciones entre dirigentes de extrema derecha sudamericana, cumpliendo el tácito mandato virreinal de Donald Trump.
Este amenazador panorama del presente y del futuro, hace renovar nuestros deseos de que todos los seres humanos de Latinoamérica y el mundo, redoblemos nuestros esfuerzos solidarios trabajando por sociedades justas antes que por algoritmos ajenos.
Somos muchos los que preferimos ser partes de sociedades fraternas, con equidad social, antes que de obtener triunfos de computación cuántica y otras yerbas parecidas, que atragantan los apetitos infernales de quienes no han dudado en negarse a condenar la esclavitud y a la venta de órganos al mejor postor.
Es preciso encontrar entre argentinos un pacto de sensatez moral que no deje a la intemperie a los débiles, y fortalezca la paz y el respeto mutuo entre nosotros, en todos los órdenes de la vida, y no solo en el saludo ritual.








