Al titular “Nuevo mundo” esta nota, sin adjetivar si es bueno o es malo, se pretende tratar de expresar lo que desde aquí sentimos con el estado de la situación mundial, bien calificado como el producto de una mutación civilizatoria.
Por esas cosas, que solo el corazón orienta, nos reiteramos en el pensamiento luminoso y fugaz en el tiempo y en el olvido de su presencia, en las visiones de Héctor A. Murena, muerto hacia el año 1975.
De su obra: “El pecado original de América”, anticipo que enlaza con las inquietudes que luego expresara Martínez Estrada, Héctor A. Murena describió, ya por entonces, lo que hoy es el meollo, a nuestro juicio, de las características de esta nueva época que estamos viviendo.
Algunos con singular embelezo adoran el fenómeno digital, la robótica, la inteligencia artificial y las redes como expresión de relacionamiento humano.
Otros, vemos allí las manifestaciones más peligrosas por la potencia deshumanizadora de su abuso o distorsión, y el direccionamiento negativo de una pequeña corporación de grandes capitalistas del mundo, que son sus dueños. Portadores de una perversión quizás inconsciente, pero de gran efectividad deshumanizadora. Vuelvo aquí a Murena, para recordarlo con algunos de los conceptos que en el año 1961 dejó escritos en el libro que llamó “Homo atomicus”, y que serían aproximadamente los que he tomado al azar de la información disponible y, paso a recordar en varios aspectos:
- Murena utiliza el título irónico “Homo atomicus” para describir al ser humano de mediados del siglo XX, marcado por la inminencia de la destrucción nuclear y una profunda crisis de valores. Lo humano se ha vuelto “sospechoso” en un mundo masificado y secularizado.
- El autor diagnostica el fin de una era y critica la cultura de masas, la sociedad de consumo y el dominio de la tecnología, que desfiguran la “plenitud humana” y los valores auténticos.
- La obra aborda el nihilismo contemporáneo y la pérdida de sentido. Murena plantea que el planeta entero se ha convertido en un lugar de exilio, donde Dios se anuncia a través de su propia desaparición, y los ideales pierden su savia religiosa.
- Murena presenta su pensamiento de forma asistemática, creyendo que en una época que toca a su fin, los sistemas filosóficos carecen de legitimidad, pero esto no implica desorden, sino un intento de “desciframiento” de una realidad fragmentada.
Dicho lo cual, habemos de referirnos al nuevo mundo desde la perspectiva de los cambios fenomenales que se han producido respecto de la convivencia internacional desde la última guerra mundial.
Los organismos multilaterales, las naciones unidas, los derechos universales, los principios, el respeto mutuo entre la configuración de los países y sus respectivos gobiernos, la idea de soberanía nacional; están siendo superados vertiginosamente por su debilitamiento. Casi una desaparición efectiva y la formación de pocos poros de poder mundial: lo que serían Rusia y sus zonas de influencia potencial, China y la suya, etcétera, etcétera. Para esta nueva configuración solo vale la justificación de sus idiosincrasias integristas, sus intereses y el poder que tienen para ejercerlo a favor de su defensa o en contra de sus adversarios o amenazas.
Renace aquí, el concepto que estaba disimulado en el tiempo de lo que fue geopolíticamente denominado como la noción de “espacio vital”.
Se entiende por tal, la idea de que un poderoso imperio nacional necesita territorio adicional, más allá de sus fronteras actuales, para asegurar la subsistencia, prosperidad y crecimiento de su población, recursos, seguridad y poder, justificando así la expansión territorial mediante la conquista militar, del mismo modo en que fue promovido por la ideología nazi para colonizar Europa del Este a expensas de otros pueblos.
Estas son, para nosotros, las concepciones que habilitan la invasión de Rusia sobre Ucrania o la de Trump sobre Venezuela, aunque debamos entender que en realidad comprenden territorios mucho más vastos, que son casi continentales.
De modo tal que, de aquí en adelante habremos de asistir, probablemente, a golpes y zarpazos de poder de algunos de estos grandes polos para asegurar sus zonas de influencia actual y futura, y advertir a los demás poderosos que no permitirán que pretendan afectar las zonas de influencia propia.
Digamos que, la nueva versión de América y sus adyacencias para los americanos, de Rusia y sus adyacencias para los rusos, de China y sus adyacencias para los chinos; y no sabemos qué otros fenómenos se repetirán en el futuro, podrá deparar ese circuito de apropiación a Europa y a otras configuraciones más débiles.
Así, es de suponer que estamos ante un proceso centrípeto en torno a cada uno de los poderosos.
Proceso que no admitirá otra razón que la de la fuerza para imponer la interpretación de cada uno de los dueños de una parte del nuevo mundo.
No se nos escapa que esta visión, que arranca con el “Homo atomicus”, y termina con la pelea de los gigantes, no constituye una mirada optimista a futuro -con o sin inteligencia artificial- de la cual dispondrán solamente los poderosos para lo que ellos quieran y los beneficie.
Lo demás será entretenimiento para chismes menores.
Dios salve al rey y a la reina de las virtudes morales sobre la tierra, en esta pelea de dragones en medio de la niebla.








