ROSARIO. No fueron dos conciertos más; fueron una marea de ska, rock y nostalgia la que desbordó este fin de semana en la ciudad. Los Fabulosos Cadillacs aterrizaron en Rosario para demostrar por qué, después de casi 40 años, siguen siendo la banda más influyente del continente. Con Vicentico al mando de una voz que parece intacta y Flavio Cianciarulo castigando el bajo con la energía de un adolescente, la banda transformó el predio en un carnaval épico que no dio respiro desde los primeros acordes.
El inicio fue una declaración de principios. Sin mediar palabra, la banda soltó “Basta de Llamarte Así” y “El León”, conectando de inmediato con un público rosarino que agotó las entradas meses antes. La puesta en escena combinó una iluminación psicodélica con una sección de vientos que sonó como una aplanadora, elevando la temperatura de una noche que ya se perfilaba como histórica. La presencia de los hijos de los músicos (Florián y Astor) en la formación actual le dio un aire de “legado familiar” que el público celebró en cada intervención.
El Setlist: Un viaje por la historia
El listado de temas fue un equilibrio quirúrgico entre sus himnos de cancha y sus exploraciones más complejas. El bloque central del show fue puro fuego:
- “Demasiada Presión”: Un himno coreado por miles de gargantas.
- “V Centenario”: Con su carga política y rítmica que puso a saltar a todo el predio.
- “Siguiendo la Luna”: El momento “fogón” masivo, donde las luces de los celulares iluminaron el cielo rosarino mientras Vicentico se paseaba por el escenario con su carisma imperturbable.
- “Mal Bicho”: El pico máximo de adrenalina, con un mensaje de paz y resistencia que hoy suena más vigente que nunca.
Hacia el final, la banda entregó lo que todos esperaban. El riff inconfundible de “Matador” desató el pogo más grande del fin de semana, seguido por una versión extendida de “Vasos Vacíos”. No faltaron joyas como “Carnaval Toda la Vida” y el cierre festivo con “Yo no me sentaría en tu mesa”, dejando a la multitud con esa sensación de euforia que solo los Cadillacs saben generar. El setlist fue, en esencia, una banda sonora de la vida de tres generaciones.
Para Rosario, este paso de LFC reafirma que la música de raíz latina está más viva que nunca. La banda se retiró bajo una ovación ensordecedora, confirmando que el “Ritmo Mundial” no tiene fecha de vencimiento. Los Cadillacs no solo tocaron; recordaron que en tiempos inciertos, el baile y la resistencia sonora son el mejor refugio.








