Es un matrimonio contra natura. Se acuestan juntos, pero sueñan cosas distintas, observó con sutileza, a fines de los años 60’, Chou-En-Lai, primer ministro de China, en relación con el acercamiento entre la URSS y EEUU. Con la invasión a Ucrania, y la Unión Europea en el medio, gracias a Trump, ¿han comenzado a tener los mismos sueños?
La situación ha cambiado mucho, desde 2016, donde los innegables apoyos rusos (de todo tipo) le permitieron a Trump ganarle a Hillary Clinton e iniciar un sorprendente giro geopolítico que se ha acentuado en los últimos meses. En febrero, fue nombrada Directora Nacional de Inteligencia Tulsi Gabbard, quien ha proclamado sin pestañear su alineamiento con las posiciones de Putin.
Estos últimos días fue echado el general Jeffrey Kruse, jefe de inteligencia del Ejército, porque la evaluación sobre el bombardeo a Irán no coincidía con el de Trump. Un déspota en el verdadero sentido de la palabra.
“El elefante en la habitación” es una expresión proveniente del inglés, que se ha extendido literalmente a otras lenguas para designar aquello que todo el mundo sabe y que, por discreción y problemático, evita hablar: en este caso específico sobre la subordinación de Trump a los principales objetivos de Putin.
Hace algunas semanas, la TV estatal francesa emitió un minucioso documental “Operación Trump: los espías rusos a la conquista de América”. Sin contar con todos esos elementos, pude escribir en marzo de 2022, en estas mismas páginas, por todos los datos que ya existían, “el máximo aliado de Putin se sigue llamando Donald Trump”.
El reciente encuentro de ambos líderes en Alaska sólo confirmó lo que ya resultaba evidente desde su primera presidencia. Además, fue lo más parecido a una reunión de “gangsters”, que proclaman sus intenciones pacifistas, mientras continúan impasibles cometiendo sus crímenes de guerra.
Todo el mundo puede verificar que lo más importante para Trump, desde su casamiento con la modelo checa Ivana Zelnickova, en 1977, han sido el dinero, las mujeres (algo que era previo a esta unión) y el quiebre de la alianza atlántica. El padre de Ivana, Milos Zelnickev, formaba parte orgánica de los servicios checos, subordinados a la KGB.
Cuando en 1987 Trump e Ivana vuelven de su viaje a Moscú, donde supuestamente se iba a construir una Torre Trump, publica solicitadas -él, a quien sólo le interesaba hasta ese momento la vida del jet set neoyorkino-, para condenar el costo absurdo y exorbitante que tenía para Estados Unidos la defensa de Europa. Su primer disparo bajo la línea de flotación.
Demás está decir que la OTAN fue un invento norteamericano, a través de la cual intentaba consolidar la supremacía de su poder militar, con los enormes beneficios económicos que tal situación le acarreaba. No hay ningún otro miembro de la OTAN que haya extraído tantas ganancias por esta hegemonía. Basta ver el déficit que posee Estados Unidos y que en gran parte es pagado por el resto del mundo y el incesante flujo de inversiones que recibe.
Trump le viene proporcionando a Putin algo que en una guerra es decisivo: el manejo del tiempo. La mayoría de los análisis ponen el acento de cómo Putin engaña a Trump y saca clara ventaja de esta situación cuando lo correcto sería decir que ambos están de acuerdo, al menos desde la captura de Crimea por parte de Rusia en 2014, o sea, poco antes de que Trump preparara su postulación. Ciertamente, sería un absurdo reducir este complejo proceso de Estados Unidos a una historia de complot, pero sin ese complot los resultados no hubieran sido los mismos.
Algunos líderes europeos, comprensible pues el paraguas nuclear continúa siendo de EEUU, están obligados a simular que no ven el elefante y que Trump todavía tiene interés en no quebrar del todo la alianza atlántica, pero que los analistas lo hagan es un grave error.
Uno de los más lúcidos analistas de la situación norteamericana, Thomas L. Friedman, comenta con ligereza: “Estoy convencido de que Trump ve a la OTAN como si fuera un centro comercial de propiedad estadounidense cuyos inquilinos nunca pagan suficiente alquiler”. En este punto, el imprevisible Trump ha mantenido el cabo durante casi cuatro décadas.
Frente a una monolítica China, sin ignorar sus muchos problemas, y un presidente subordinado a los intereses permanentes del Imperio ruso, ¿hay alguna forma futura de recomponer la alianza transatlántica, piedra de bóveda del “orden mundial” surgido de la Segunda Guerra? Estas divergencias no se resolverán fácilmente, por la sencilla razón de que la Unión Europea ha descubierto, tarde, de que está en juego su propia existencia.
Lionel Jospin, ex primer ministro de Francia, observó con lucidez que el esquema de Trump “se enfrenta a la voluntad de Ucrania de existir como nación soberana, a la resistencia que se esboza de los europeos y al maximalismo de Rusia”. Por añadidura, hace ya dos siglos, nos alertaba Karl von Clausewitz: “La guerra es el reino de la incertidumbre”.
Publicado en Clarín el 2 de septiembre de 2025.
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