En 1762, Jean Jacques Rousseau inicia la idea en donde se afirma que todos los hombres nacen libres e iguales por naturaleza: «El hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado». En El Contrato Social imagina a individuos que, nacidos libres, pactan unirse en un cuerpo político donde su voluntad colectiva —la voluntad general— dicta las leyes. Así, el poder no proviene de un monarca, sino del pueblo soberano, que crea un Estado garante de libertad e igualdad.
Es importante aclarar que la Voluntad General no equivale a la suma de todas las voluntades individuales. Muchas veces se ha creído erróneamente, que la voluntad individual es inquebrantable para el desarrollo social, cuando en realidad ocurre todo lo contrario. Esta distinción es fundamental para comprender como se activa esa voluntad general a través de diferentes ideas.
Aunque pueda parecer anacrónico traer un pensador del sigo XVIII a la actualidad, nos sirve de base para entender la decadencia de los Estados Democráticos hoy en día. Los seres humanos parecemos mas adeptos a gobiernos o gobernantes que no se basen en leyes, reglamentos o contratos, sino mas que nada en intuición, ideas o relatos místicos, antes que en leyes.
Por otro lado, Yuval Noah Harari, en Homo Deus (2015), explora el futuro de la humanidad y los posibles caminos hacia una especie con poderes casi divinos gracias a la tecnología y la ciencia. Tras haber dominado en gran medida el hambre, las guerras y las enfermedades, los seres humanos buscarán convertirse en “dioses” mediante la tecnología, la inteligencia artificial y la biotecnología. Sin decirlo directamente, Harari sugiere la desaparición del viejo Contrato Social, basado en acuerdos colectivos para lograr un beneficio común. Hoy, aunque la hambruna persiste, ha disminuido notablemente respecto del siglo XVIII, y la tecnología que ha reducido la necesidad de contactos y acuerdos sociales para progresar.
¿Nos hemos vuelto individualistas?
No me animaría a afirmarlo categóricamente, pero la realidad muestra como los avances tecnológicos muchas veces reemplazan la vieja necesidad de unirse en una voluntad general para planificar el futuro y el modo de vida de la sociedad. Quienes superan los 50 años han visto esa metamorfosis social, pero no logran integrarse del todo en el cambio, ya que son esclavos de sus vivencias e historias. Por eso, suelen mirar con cierto recelo la necesidad tecnológica que los jóvenes abrazan hoy en día. Recordemos que los menores de 50 años son el 65 % de la población mundial (United Nations; Department of Economic and Social Affairs; World Population Prospects 2024). Sus códigos de aprobación y conductas son distintas, mientras que los gobernantes -en su mayoría mayores de 50-, ejercen el poder de forma tradicional generando una desconcexión con las nuevas generaciones.
Hay una conexión entre el dialogo inicial para lograr ganar las elecciones o llegar al poder, y el ejercicio del mismo que se hace de una forma tradicional; aunque ese apoyo o sustento mayoritario es muy endeble, y generalmente cambia de opinión radicalmente como un péndulo.
Democracias y regímenes no democráticos
Las contradicciones descritas no son tan visibles en los Estados no democráticos. Allí existe una opresión aceptada por parte del Estado y una planificación a largo plazo sin oposición, ni
cambios de opinión. China, por ejemplo, muestra un crecimiento tecnológico y económico difícil de imaginar en una sociedad participativa (construcción de infraestructura o derechos laborales). En los países teocráticos, tampoco hay discusión posible o cambio de ideas. En ambos modelos, el control de la información y de la sociedad recae en el Estado, partido único, o Líder religioso. La voluntad general se sustituye por una voluntad unipersonal que representa al pueblo entero, no hay una construcción social de la misma, en la figura del gobernante está representada toda la Voluntad del pueblo o en un sentido más Webberiano el “Espíritu del pueblo” en una sola persona.
En los Estados democráticos, en cambio, los mecanismos para la discusión y coincidencias en la formación de políticas, es un proceso largo para acordar diferentes políticas, que serán aplicadas por diferentes entes gubernamentales. Ese proceso hoy en día los menores de 50 años, lo ven como una pérdida de tiempo y recursos, pero en ese grupo no hay una idea de lucha colectiva, hay un descreimiento de toda institución, sea política administrativa, social o benéfica.
Encontramos que se conjugan fenómenos de alienación y anomia, descritos por Carl Marx y Émile Durkheim, Marx enfatiza la explotación económica y la pérdida de humanidad en el trabajo, mientras Durkheim se centra en la desintegración de las normas y valores colectivos. En conjunto, nos muestran dos caras de la misma problemática: cómo las estructuras sociales y económicas pueden generar aislamiento, pérdida de sentido y crisis en la vida de las personas; pero no como entes separados sino de forma simultánea, ya que a la desintegración social se suma el cambio en las fuerzas de producción; lo que en otra época llamaría a la revolución por la lucha de clases (Marx) hoy es solo una resignación de la franja etaria en la que en tiempos pasados se basaba la revolución. Esa resignación individual, junto al descreimiento de toda institución lleva a las personas a actuar en forma similar pero nunca es coordinada socialmente, es sin un análisis profundo y mucho menos relacionando y analizando el contexto al momento de apoyar a un gobernante (proyecto), o atacar una política de gobierno; un ejemplo de eso fue Chile en 2019, con una explosión social momentánea que descoordinada y sin mas finalidad que la protesta no produjo cambio alguno. Esa apatía social, ha creado la idea de “Casta” en donde al igual que la monarquía los detentores de poder solo son reemplazados por sus parientes o grupo cercano, la cual es criticada por los que están fuera de ella, pero a su vez pertenecen a otras, y a pesar de esas críticas es aceptada ya que se manejan con las mismas normas y códigos, siendo poco transparentes en todas sus acciones.
Con una postura completamente individualista, la sociedad ve esa casta como algo malo, pero también la acepta como algo aspiracional, algo que cada individuo también haría si tuviera oportunidad, y asi formar parte de un grupo protector. La acepta y la tolera hasta que, en forma completamente pendular cada tanto aparece un discurso / relato anárquico y el malestar generalizado hace que ese relato sea apoyado, aunque como dijimos antes, es una reacción pendular que con un movimiento espástico y sin coordinación alguna la sociedad apoya no en post de un resultado, sino solo para que cambie algo. Aunque el tiempo nos demuestra que no cambia nada.
Los más jóvenes con este avance tecnológico, obtienen una forma directa de acceso a información, entretenimiento o relaciones sentimentales que se logra desde la comodidad de un sillón. En ese avance encontramos que, si bien producen un sentimiento de integración a algo, es solo una ilusión ya que en realidad vuelve a esa persona única y solo se retroalimenta de lo que quiere escuchar sin desafiar sus propias creencias con el desafío de interactuar con otras personas, siempre mostrando una cara aceptable para ese grupo. Como instrumento de dominación, no es algo nuevo utilizar una nueva tecnología; ya que ejemplos sobran en la
historia, Goebbels lo hizo con la radio en la Alemania de los años 30 y los actuales llamados Creadores de Contenido, cumplen la misma función (manteniendo las diferencias lógicas) sirve el ejemplo solo como algo tecnológicamente novedoso.
El ser humano cree entender y pretende controlar, pero vemos que en el uso de las redes esa tecnología sin un contexto de contención, en especial por el anonimato del emisor de un mensaje genera nuevas problemáticas. El anonimato, que es usado para decir cosas que en persona nunca se animarían, (algo positivo para las personalidades tímidas) también para agredir o generar información falsa (algo nada positivo para las personalidades toxicas), o por el solo hecho de pertenecer aplacar su verdadera personalidad o intenciones y seguir formando parte de ese grupo. Sin tener en cuenta el uso de la Inteligencia Artificial para crear ilusiones o fake news.
El papel del Estado
Frente a este escenario, el Estado debería adaptarse a los cambios tecnológicos y sociales. Sin embargo, aunque se simplifican trámites burocráticos, persiste un alejamiento de quienes no acceden a la tecnología moderna. Esto logra una frustración en el ciudadano común genera violencia y desmembramiento de las redes de contención social, generando más y más desánimo y alejándose de la participación gubernamental. El Estado se convierte en un participante más del relato virtual, preocupado por la discusión en redes antes que por resolver problemáticas reales. Solo genera un relato dirigido a sus adeptos, a los cuales no les importa si es verdad o mentira ese relato, sino la reafirmación de su posición dentro de un grupo virtual o quienes están en contra de ese grupo, pero en ambos casos hay una apatía total de acción a favor o en contra, que solo es atendido por los adeptos o los contrincantes en las mismas redes sociales. De ese descontento no surge una mayor militancia política en los partidos tradicionales o activismo en organizaciones diversas, en definitiva, el Estado decidió convertirse en un participante más del relato virtual y se preocupa más por la discusión virtual que en resolver la problemática social principal-
El papel del Estado mutó, ya no es lograr el desarrollo y mejoramiento de todos los ciudadanos, sino la autopercepción de hacerlo. La ciudadanía decidió que el Estado cumpla otras funciones, tal vez solo pretende que sea el vector de ese relato sin importar la administración de la “cosa pública”, tenemos un escenario con una metamorfosis del sistema democrático surgido a través de la continuidad en el poder por parte de las mismas personas.
En Argentina, esta metamorfosis es visible: los apellidos en la política y en el poder judicial se repiten generación tras generación. El Estado se asemeja a una gran empresa familiar, donde los cargos se heredan y se reinventan bajo nuevas formas que en esencia son las mismas.
La empresa privada ha visto esto, y toma al Estado como un gran potencial cliente en donde las relaciones son más importantes que el esfuerzo por ofrecer el mejor producto o servicio. Para lograrlo se necesitan nuevos cargos, por eso han surgido los “Gerentes de relaciones Gubernamentales” en todas las empresas, y que son aquellos especialistas en relaciones familiares dentro de los gobiernos sin ser una estructura vertical sino más bien departamental, con lo cual el negocio se retroalimenta y el Estado se cierra sobre si mismo apoyado por grandes capitales que hacen negocios con él.
Conclusión
El contrato social desapareció como tal. Los gobernantes, ya no cumplen ese papel fundamental de soberanos que guían el rumbo un país. las sociedades, frente a un progreso económico o tecnológico efímero, sostiene el sistema porque siempre hay algún “familiar” involucrado. No hay una lucha por alcanzar una excelencia ética o moral superadora. Los que manejan la cosa pública no actúan más que como “patrones de Estancia”, que defienden su metro abusando de cualquier derecho de sus subordinados. La sociedad democrática intenta cambios apoyando a figuras que aparentan ser distintas, pero que terminan gobernando con las mismas familias de siempre.
¿Podremos cambiar ese rumbo? Ese cambio puede producirse a través de violencia o discusiones superadoras.
La historia muestra que las revueltas violentas rara vez producen cambios superadores, mientras que quienes defienden valores democráticos, tolerantes, y basados en la educación ciudadana, hoy son tildados de débiles. La sociedad parece demandar discursos imperativos y violentos, especialmente en las redes sociales. Muy lejos quedó el conocimiento de la ley y respeto a ella como forma de conducta.
El único contrato que existe hoy es el del control de las fuerzas de control o seguridad, por el cual la violencia es controlada, mientras que las personas aspiran en algún momento llegar a formar parte del mundo familiar acomodado.








