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El coloquio de París y la negación del olvido

Cada 30 de agosto se conmemora el Día internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Este año, Cadal, junto a la embajada de Francia, publicaron el libro La negación del olvido, sobre el coloquio de París de 1981, un encuentro internacional para denunciar la práctica sistemática de la desaparición de personas, sobre todo en América Latina, y en específico, en Argentina.

El libro La negación del olvido es un documento histórico que reúne unos cincuenta testimonios, principalmente de referentes de Argentina y Francia, pero también de otros países de América Latina y Europa.

El libro aborda dos grandes cuestiones que son el núcleo de la misión de CADAL: la defensa de los derechos humanos y la promoción de la solidaridad democrática internacional. En efecto, el coloquio realizado a principio del año 1981 en París estuvo dedicado a una cuestión relevante en la defensa de la dignidad humana, como es la desaparición forzada de personas. A la vez, fue un ejemplo del compromiso internacional frente a las violaciones de derechos humanos en contextos dictatoriales.

Muchos de los testimonios planteaban hace cuarenta y cinco años desafíos que se mantienen en la actualidad, por ejemplo, los siguientes:

“La desaparición forzada de personas constituye una política de los Estados dictatoriales. Es decir, resulta primordial, para evitar la repetición de estos hechos, que la comunidad internacional fomente la existencia de regímenes democráticos” (Juan José Bustos Ramírez).

“Los derechos humanos no tienen nacionalidad, ni raza, ni creencia ideológica exclusiva, porque pertenecen a todos los seres humanos de todos los continentes. No se pueden invocar contra su vigencia y respeto teorías como la de la seguridad nacional, ni la de la soberanía y la jurisdicción interna de los Estados, ni la de la no intervención, porque su respeto o su violación concierne a la humanidad entera; es un problema que interesa a todo el mundo” (Alejandro Artucio).

“El principio de la autodeterminación, que salvaguarda las decisiones soberanas de un país, no protege las violaciones de los derechos humanos. No hay autodeterminación para hacer desaparecer a las personas, del mismo modo que este principio no se aplica al crimen político, a la tortura, a la detención arbitraria, ni autoriza a provocar la diáspora de los ciudadanos. La defensa de los derechos fundamentales del hombre es un deber universal; la humanidad entera está concernida por las violaciones de estos derechos” (Hipólito Solari Yrigoyen).

“La comunidad universal debe reaccionar, por razones morales elementales; por respeto al ser humano y a sus derechos fundamentales; para salvaguardar las instituciones jurídicas y democráticas y por humanitarismo, contra este crimen sistemático, organizado, fríamente concebido y ejecutado, y absolutamente injustificado, puesto que jamás la seguridad del Estado ni la supervivencia de la sociedad se han visto amenazadas” (Emilio Mignone).

“¿Cómo es posible que la opinión internacional, tan fuerte, tan extendida, no haya logrado despertar en el mundo un sentido de solidaridad concreta y humana, una comprensión del sufrimiento de los pueblos? Ciertos gobiernos están más preocupados por los intereses económicos que por los intereses humanos del pueblo. Esto permite a las dictaduras ampararse en el principio de no intervención, y debemos proclamar con toda claridad que, mientras las dictaduras puedan escudarse tras este principio, la solidaridad internacional seguirá siendo difícil de alcanzar” (Óscar Zamora Medinacelli).

“¿Cómo es posible que un país, miembro de una institución humanitaria, que ha firmado acuerdos internacionales, pueda él mismo violar los principios que se ha comprometido a defender?” (Madres de Plaza de Mayo).

“Ciertamente, la moral internacional puede encontrarse en contradicción con el derecho internacional que sigue reconociendo al Estado, confundido con el gobierno cuando se trata de una dictadura. Ocurre que las instancias internacionales reconocen un Estado y aceptan a su gobierno para representarlo mientras que la moral internacional los condena” (André Jacques).

“¡Lo que hace la fuerza de las injusticias y de las dictaduras son nuestras pasividades, nuestros silencios cómplices, nuestros miedos o nuestras cobardías!” (Jean Goss).

Sobre el principio de no-indiferencia y el de la responsabilidad de proteger, que fundamenta tanto la solidaridad democrática internacional como la implementación de una política exterior activa en derechos humanos, estas cuatro frases del libro lo resumen de la mejor manera:

“No creo que pueda haber mejor uso que hacer de la libertad de la que se beneficia, de la libertad de la que se goza que utilizarla plenamente para defender o preservar, para reconquistar la libertad de los demás” (Bernard Stasi).

“Uno de los mayores males de los países que aún tienen la suerte de vivir en democracia es la indiferencia, el repliegue sobre sí mismos. Las noticias cotidianas de detenciones, de torturas, de secuestros, de ejecuciones, que nos llegan de todos los rincones del mundo contribuyen a embotar la sensibilidad… El país de la Declaración de los Derechos del Hombre no puede permanecer en silencio cuando se violan los derechos humanos, sea donde sea” (Adolphe Chauvin).

“Otra pregunta que tampoco debe ser eludida: ¿el principio de no intervención en los asuntos internos de un Estado debería paralizar toda forma de solidaridad con las víctimas de la desaparición forzada? Muy por el contrario, la moral internacional tiene un imperativo que debemos recordar a modo de conclusión: el de la solidaridad de los pueblos con todas las víctimas de los diversos métodos de represión y métodos inhumanos de gobierno” (André Jacques).

“Cada ciudadano del mundo se siente aludido, como si se le hiciera una ofensa personal, cuando en cualquier lugar que sea, los derechos humanos, cuyos principios esenciales son en su conjunto el honor colectivo de la humanidad y el honor de cada uno de nosotros, son ignorados, traicionados, violados” (Maurice Aydalot).

Agradezco a Hugo Quiroga, destacado politólogo y uno de los asistentes al Coloquio de París, por todo su apoyo y la confianza en CADAL, para rescatar este valioso documento que representa un insumo fundamental de la Memoria de la última dictadura militar en lo que respecta a la solidaridad democrática internacional.

También agradezco a Thibaut Francois, pasante internacional de CADAL, quien tuvo a su cargo la traducción del libro del francés al español, por su compromiso y dedicación.

Finalmente, el agradecimiento a la Embajada de Francia en la Argentina por apoyar esta iniciativa, en especial a Philippe Devaud y Noémie Yepes por la sensibilidad y compromiso diplomático de ambos con la defensa de los derechos humanos.

Publicado en Perfil el 30 de agosto de 2026.

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