spot_img

El ángel de la historia

Coroneles de terracota

Políticos de quita y pon

Café con pan y mantequilla

Que siga el son.

(Nicolás Guillén).

 

Aquellas pocas palabras descriptivas de un ambiente público injusto, mediocre e inmoral; caracterizó toda una época de la dolorosa realidad latinoamericana, en manos de explotadores, que solo sacaban provecho para sí y mantenían el atraso de los pueblos como un negocio pagado por el sacrificio de los pobres y marginados.

Esa estampa refleja lo que, de manera continua, han sido siglos de gobiernos corruptos, ineficaces e injustos.

Siglos de imperialismo capitalista, dependencia y ausencia de reconocimiento a los derechos de las naciones recientemente formadas de América Latina. Su ejemplo pertenece a mediados del siglo XX en la voz de Nicolás Guillén, el mulato cubano que asumía en plenitud su negritud y condición descendiente de esclavos africanos, que fueron objeto del mercado más tenebroso que se haya conocido.

Pero, la esencia de la situación es su permanencia posterior hasta el día de hoy en cualquier lugar del mundo.

El ángel de la historia que da título a esta nota, es una pintura de Paul Klee, que acompañó a Walter Benjamin durante muchos años, porque ilustraba una situación coincidente con su visión pesimista de lo que llamamos progreso.

La pintura representa a un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado … Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies … Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. El huracán le empuja irrefrenablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruina crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

El descubrimiento seminal de Benjamin fue que el progreso ha sido, y sigue siendo, una huida y no un movimiento hacia” (Bauman – “Esto no es un diario”).

Una huida de los temas que no han sido bien resueltos y una huida desesperada hacia el futuro buscando modos de resolverlos.

Sobre esta base, Benjamin demolió el credo de devotos, fieles, vates palaciegos, aduladores y simpatizantes del progreso histórico, cualquiera sea las formas que adopte y los efectos que produce.

Sin pretender analizar la grandiosidad de Benjamin, cabe decir que fue un genio fragmentado, sin grandes libros, sin espectáculos que conmovieran a la literatura del mundo en su momento y de un fin aciago en las fronteras de los pirineos entre Francia y España cuando trataba de escapar de la persecución nazi, por su condición de judío y marxista ilustrado.

Sus ideas sueltas y ocasionales, son como miniaturas geniales que a lo largo del tiempo aumentaron la admiración de los pensadores del mundo hacia este hombre que no logró la habilitación académica en la Universidad de Frankfurt, porque fue incomprendido por los académicos de la época, quienes lo consideraron ininteligible, provocando que abandonara la carrera universitaria.

El desarrollo precedente tiene por objeto comparar la visión de Benjamin sobre lo que se llama progreso y la realidad mundial actual, preñada de líderes desquiciados, crueles y extraviados en el sentido moral de sus proyecciones.

Como muestra vale la ilustración, generada por IA y publicada por Trump en sus redes sociales, la cual retoma los criterios estéticos del fantástico cristiano grandilocuente, cercano al estilo de las portadas de las Biblias ilustradas o de la fantasía épica. En ella se ve a Trump, vestido de blanco y rojo, imponiendo las manos sobre un enfermo postrado en cama, mientras una luz milagrosa y apaciguadora brota de sus manos. Asistimos a la puesta en escena de una reproducción del gesto real por excelencia: la curación de la escrófula. El pueblo estadounidense observa con piedad y admiración: veteranos, una enfermera, una mujer rezando, manos en primer plano.

Completan este cuadro delirante, la esquizofrenia del diplomado espía y criminal ruso, y como testigo silencioso, el plácido rostro impasible del presidente chino.

Estos serían los abanderados del “progreso” actual, junto a la IA en manos de unos pocos poderosos inmorales.

Es de preguntarnos cual será el destino y los efectos destructivos del amigovio de Trump, que tenemos en casa.

Todavía nos queda la esperanza de atrevernos a pensar por nosotros mismos y con sentido crítico, sin aceptar a libro cerrado lo que nos digan los algoritmos.

spot_img
spot_img

Veinte Manzanas

spot_img

Al Toque

Eduardo A. Moro

El gobierno de los libertarios

Lucas Luchilo

Algunas cosas que sabemos sobre los estudiantes internacionales (y por qué la propuesta del gobierno es ilegal e inconveniente)

Rodolfo Terragno

León XIV, contra la pobreza y la guerra