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EE.UU. interviene en el mercado del yen

Los gobiernos de Estados Unidos y Japón han actuado conjuntamente para intentar apuntalar el valor del yen en los mercados de divisas internacionales. La forma en que lo hicieron revela algunos de los objetivos estadounidenses y tiene implicaciones preocupantes para los mercados globales.

Los principales indicadores se han mantenido estables en los mercados financieros mundiales en la primera mitad del año. Sin embargo, existen algunas señales de tensiones subyacentes, en particular el aumento de los costos de endeudamiento a largo plazo en un momento de elevado endeudamiento a nivel mundial.

La intervención de Estados Unidos sobre el yen puede haber sido un intento de permitir a los japoneses suavizar las fluctuaciones de su moneda sin generar mayor presión en el mercado de bonos del Tesoro.

Japón ha intervenido intermitentemente en el mercado del yen durante décadas. Lo inusual es que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos se haya sumado a esta iniciativa, y que lo haya hecho de una manera que parece diseñada para evitar la venta de bonos del Tesoro por parte del gobierno japonés, que está preocupado por la debilidad del yen, que encarece el petróleo, los alimentos y otras importaciones, y crea riesgos para la estabilidad financiera.

A finales de la semana pasada, el Departamento del Tesoro hizo guiños y gestos de aprobación sobre su participación en la intervención en el mercado de divisas, con una publicación en redes sociales del secretario Scott Bessent en la que hablaba de “una sólida relación y una estrecha coordinación”.

En un evento de prensa en Camp David, Bessent tenía delante una libreta con una lista de tareas pendientes que decía: “Comprar entre 5.000 y 10.000 millones de dólares en yenes japoneses (JPY)”. Esta mañana, ambos gobiernos confirmaron la iniciativa. “Las acciones coordinadas del viernes en materia de divisas contrarrestaron los movimientos desordenados del yen”, escribió Bessent en X. “No dudaremos en participar en futuras intervenciones conjuntas”.

Al parecer, ambos gobiernos utilizaron herramientas complementarias. Según se informa, la Reserva Federal de Nueva York, actuando en nombre del Tesoro, vendió euros para comprar yenes. Una maniobra similar a la efectuada con Argentina, antes de las elecciones de medio término, aunque esta vez en defensa propia.

Mientras tanto, el mecanismo de recompra de la Reserva Federal para autoridades monetarias extranjeras e internacionales (FIMA, por sus siglas en inglés) ofreció a las autoridades japonesas una forma de obtener dólares en préstamo utilizando títulos del Tesoro como garantía, en lugar de venderlos directamente.

Así, el Tesoro estadounidense actuó para fortalecer el tipo de cambio yen-euro, logrando su objetivo de fortalecer el yen en los mercados de divisas globales, sin que el gobierno japonés vendiera deuda pública estadounidense a gran escala.

Los tipos de interés de los préstamos estadounidenses a largo plazo han ido en aumento en los últimos meses, y el rendimiento de los bonos del Tesoro a 30 años ha alcanzado nuevos máximos desde 2007 en los últimos días. (Esta mañana ronda el 5,23%).

Las tasas de interés de otros países importantes también han aumentado, lo que refleja la demanda global de capital para financiar los grandes déficits fiscales y el desarrollo de la IA. A medida que los inversores globales exigen tasas más altas para financiar los enormes déficits de Estados Unidos, la carga de los intereses para los contribuyentes estadounidenses se disparará.

Hace meses que existe una preocupación acerca de que el aumento de las tasas de interés en Japón provoque el fin de las operaciones de carry trade globales, en las que los fondos de cobertura se endeudan a bajas tasas en yenes para comprar activos de mayor rendimiento en otros países. Si el Banco de Japón aborda su problema de debilidad monetaria e inflación únicamente mediante subidas de tipos, podría acelerar este proceso.

Una explicación plausible para la intervención monetaria estadounidense es que Bessent busca ayudar a los japoneses a tomar medidas ante la debilidad del yen sin generar nuevas tensiones para los bonos del Tesoro, aunque tanto él como el Tesoro han enfatizado la amistad – que se explica en términos de afinidad ideológica entre Trump y la primera ministra Sanae Takaichi – entre Estados Unidos y Japón como justificación.

Es razonable sospechar que cuando dos de las economías más grandes del mundo entran juntas al mercado por primera vez en más de una década, están comunicando a los inversores algo sobre la tensión que se está acumulando bajo la superficie del sistema financiero global, y no solo sobre un tipo de cambio.

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