Vivo este Mundial con mucha conciencia de lo excepcional que resulta estar viendo a Messi, el mejor jugador del mundo, una persona fuera de serie; que, además, nuestros hijos tengan la edad suficiente para recordar estos días para siempre; que podamos salir a la calle a festejar en comunidad; que tengamos amigos que ya son familia para compartir cada partido como una misa.
Esa conciencia empezó a aparecer con el álbum de figuritas. Estaba encantada con el hecho de ir a cambiar figuritas al Parque Rivadavia y con todo lo que se aprende ahí. Una tarde, con el álbum bastante completo y pocas figuritas repetidas para cambiar, un papá le dio a mi hijo la que necesitaba sin que mi hijo tuviera ninguna de las que el otro chico necesitaba. Vimos su cara de sorpresa frente a ese acto de desprendimiento y no se lo barnizamos. De hecho, no le dijimos nada. En los cambios siguientes él hizo lo mismo con otros, poniendo en práctica la generosidad que acababa de aprender.
En el Parque tratamos de que cambie con otros chicos, porque también hay adultos que venden y otros que llevan miles de figuritas en carpetas y se comportan de manera poco clara. Hubo aprendizajes sobre la especulación con los precios cuando los quioscos empezaron a cobrar $3.500 los sobres y dejamos de comprar; incluso en la escuela hablaron sobre los intercambios justos, el robo de figuritas de las mochilas y otros casos.
¿Cuántas oportunidades tenemos de enseñar y aprender al mismo tiempo que vivimos un acontecimiento que nos conecta socialmente?
Así como a Scaloni le dicen “La Llorona”, a mí podrían decirme lo mismo, porque sigo emocionada hasta las lágrimas por los partidos de este Mundial, por las declaraciones del técnico y de los jugadores y, también, porque estos días coinciden con la crianza de dos hijos completamente involucrados con el momento. Y todavía están cerca.
A Scaloni lo admiro tanto que me gustaría que se dedicara a la política o al menos que la política tuviera más de su ética. Creo que esa idea nació de su declaración antes de Argentina-Inglaterra: “Esto es solo un partido de fútbol. Esto fue una parte de nuestra historia muy triste. Pero no nos tenemos que confundir. Esto es un partido de fútbol, de verdad, por favor”. Le preguntaron y repreguntaron, y él volvió a responder que “es un partido de fútbol”. Esa mesura, que prácticamente no existe en la conversación pública de hoy, ese no conceder al sentimentalismo ni a los lugares comunes, merece respeto.
También me impresiona que reprima sus festejos, que no exagere jamás y que todos podamos ver, en sus gestos contenidos, el esfuerzo que hace para manejar la emocionalidad. Se le retuerce la cara, pero no va a mostrarse sacado. Ahí creo que está la intención de Scaloni de enseñar algo.
Eso exactamente es lo que esperamos de los representantes públicos: que tengan actitudes ejemplares, que no se dejen llevar, que enseñen con sus actitudes una forma de tratarnos y una forma de entender las cosas; que hagan lo que dicen y, además, muestren resultados. Scaloni cumple con todos esos requisitos.
En cada momento de este Mundial estuvimos aprendiendo. En el partido entre Alemania y Paraguay, mi hijo Simón quiso saludar a sus conocidos paraguayos. Lo vi alegrarse por los demás. Lo conocí un poco mejor.
Y el día del partido con Inglaterra lo vi junto a su amigo Luca mordiéndose las uñas, mirando por momentos hacia la pared, con la cabeza escondida entre las manitos. Ellos nos vieron a los adultos no poder gestionar las emociones de la mejor manera: hubo llantos, gritos, insultos y salidas a dar una vuelta a la manzana para licuar la tensión.
Mi teoría es que no podemos esperar, en días así, que los chicos administren sus emociones. Estamos todos desbordados y también es aceptable, porque lo que estamos viviendo es excepcional.
Mientras los adultos hacemos exactamente lo contrario de lo que solemos recomendar, deberíamos abstenernos de juzgar o corregir a los chicos.
Lloro cuando escucho a los jugadores, que también son figuras públicas y hacen declaraciones. Mis hijos los escuchan con mucha atención. Estoy admirada por ellos. Pienso, en mi fantasía, que hicieron muy buenas terapias.
Por ejemplo, en una de sus declaraciones, Lautaro recuerda los primeros botines que le compró su papá. Recuerda que su mamá siempre le tendió la cama. Pero al final -y esto fue lo que más me quedó- dice: “Soy un hombre. Estoy disfrutando de todo esto”.
Saber quién sos y poder disfrutar de lo que te está pasando quiere decir que sos consciente de quién sos y de cómo llegaste hasta acá. Y, además de todo eso, lograste el objetivo que te habías propuesto: meter-un-gol-en-un-Mundial-contra-Inglaterra-en-los minutos-finales-para-desempatar.
Y Messi. De quien algunos piensan que está por retirarse. Pero ¿dónde está escrito que deba retirarse? Si parece estar en su mejor momento físico y personal. Parece haberse encontrado a sí mismo: feliz de estar jugando, cómodo con su equipo.
Somos privilegiados de haber sido testigos del viaje de Messi hasta este momento y de tenerlo tan a mano como ejemplo para enseñarles a nuestros hijos.
Lo que quiero decir es que es enorme el privilegio de ser contemporáneos de Messi.
Pero todavía más grande es ser contemporáneos de Messi mientras nuestros hijos todavía son chicos.
*Acompaño esto con una pintura de Sofia Wiñazki, que está haciendo una serie de retratos que se consiguen acá. https://sofiwini.mitiendanube.com/








