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¿Dónde estaba Trump el 11-S? Jactándose de que su edificio volvía a ser el más alto de Nueva York

El martes 11 de septiembre de 2001 partió en dos la historia contemporánea mundial y redefinió el pulso de una ciudad como Nueva York, que más que una urbe es un icono de libertad. Mientras el humo y los escombros de las Torres Gemelas cubrían el bajo Manhattan y miles de personas huían desesperadas por salvar la vida, Donald J. Trump, entonces un excéntrico magnate inmobiliario y figura de la prensa rosa neoyorquina, contemplaba la catástrofe desde la distancia. No mucha, pero suficiente para estar a salvo.

Con los años, a medida que la tragedia se transformaba en combustible mitológico para sus aspiraciones electorales y su posterior llegada a la Casa Blanca, el magnate ha ido esculpiendo una narrativa propia sobre su papel en aquella fatídica jornada. Sin embargo, entre los hechos contrastados -la verdad- y los relatos épicos que el ahora presidente de Estados Unidos ha ido propagando a lo largo de dos décadas median kilómetros de distancia, afirmaciones delirantes, tergiversaciones flagrantes y una constante necesidad de situarse en el centro de cualquier foco de atención, sin importar la magnitud del duelo colectivo.

Entre la Trump Tower y una llamada desconcertante

A las 8:46 de la mañana del 11-S, el vuelo 11 de American Airlines impactaba contra la Torre Norte del World Trade Center. Apenas 17 minutos más tarde, el vuelo 175 de United Airlines se estrellaba contra la Torre Sur. El World Trade Center empezó a desmoronarse a la vista del mundo. Murieron 2.753 personas, entre ocupantes de las torres, personas que se encontraban en los alrededores, especialistas de emergencia y las tripulaciones de los vuelos controlados por terroristas de Al Qaeda.

¿Dónde se encontraba Trump en ese instante exacto? El empresario -entonces conocido por sus apuestas inmobiliarias, sus casinos y sus acciones en Miss Universo, pero aún no por sus concursos de la tele ni por su carrera política- estaba en su lujoso ático triplex de la Torre Trump, situado en la Quinta Avenida, en pleno Midtown de Manhattan, a más de seis kilómetros de distancia de la zona del desastre.

Horas después del colapso de las dos torres, Trump intervino en directo vía telefónica en un programa especial de la cadena de televisión local de Nueva York y Nueva Jersey WWOR-TV. Aquella conexión, registrada para la posteridad y preservada íntegramente en las hemerotecas y transcripciones oficiales, dejó al descubierto el prisma bajo el que Trump procesaba la peor tragedia terrorista en suelo estadounidense. Y es que el presentador y analista Alan Marcus preguntó al magnate por el estado de uno de sus inmuebles más emblemáticos: el número 40 de Wall Street, conocido comercialmente como el Trump Building, situado en el corazón del distrito financiero, muy cerca del World Trade Center. La pregunta pretendía averiguar si la estructura del inmueble había sufrido desperfectos materiales o si había heridos entre sus ocupantes.

La respuesta de Trump giró hacia el tamaño de su propiedad, dejando la empatía con sus empleados y, por supuesto, con las víctimas del atentado yihadista, quién sabe en qué plano. “Bueno, fue una llamada asombrosa. Quiero decir, el 40 de Wall Street era en realidad el segundo edificio más alto en el centro de Manhattan. De hecho, antes de que construyeran el World Trade Center, era el más alto; y luego, cuando hicieron el World Trade Center, pasó a ser conocido como el segundo más alto. Y ahora vuelve a ser el más alto”, dijo.

Vista del Edificio Trump, situado en el número 40 de Wall Street, en el Bajo Manhattan, en una imagen del 18 de mayo de 2023.
Vista del Edificio Trump, situado en el número 40 de Wall Street, en el Bajo Manhattan, en una imagen del 18 de mayo de 2023.Roy Rochlin / Getty Images

En un día en el que habían muerto cerca de 3.000 personas y el país entraba en estado de shock absoluto, el principal interés que exteriorizó el promotor fue jactarse de que su rascacielos recuperaba el liderazgo de altura en el Bajo Manhattan.

Pero la afirmación ni siquiera era cierta. Las verificaciones arquitectónicas e históricas demostraron que el 40 de Wall Street (un rascacielos de 71 plantas construido en los años treinta del pasado siglo y con 283 metros) jamás pasó a ser el edificio más alto del sur de Manhattan tras la caída de las Torres Gemelas: el edificio situado en el 70 de Pine Street era al menos 7,6 metros más alto que el de Trump.

Y una acotación: hablamos del Edificio Trump, que no de la famosa Torre Trump, que es donde el republicano vivía cuando no estaba en la Casa Blanca o en su mansión de Mar-a-Lago. Ese es otro, con 202 metros de altura y la misma manía del neoyorquino de firmarlo todo con su nombre.

Su papel como rescatista

Con el paso de los años, y especialmente tras su irrupción en la arena política en 2015 como aspirante al Despacho Oval por el Partido Republicano, Trump comenzó a modificar y enriquecer el relato de sus movimientos tras los ataques de hace ahora 25 años. La distancia prudencial de su apartamentazo en el Midtown se evaporó para dar paso a un relato casi mesiánico.

En julio de 2019, durante una ceremonia en el Rose Garden de la Casa Blanca con motivo de la firma de la ley para financiar de manera permanente el Fondo de Compensación para Víctimas del 11-S, Trump se dirigió a un nutrido grupo de bomberos, policías y trabajadores de emergencias que padecían cánceres y enfermedades respiratorias causadas por el polvo tóxico. Y dijo: “Muchos de los afectados fueron bomberos, oficiales de policía y otros primeros intervinientes. Y yo también estuve allí abajo con vosotros, aunque no me considero un primer interviniente. Pero estuve allí abajo y pasé mucho tiempo con vosotros”.

“Yo también estuve allí abajo con vosotros, aunque no me considero un primer interviniente. Pero estuve allí abajo y pasé mucho tiempo con vosotros”

Trump, a los rescatistas del 11-S

Su aseveración desató una ola inmediata de indignación y desmentidos categóricos. Jefes de bomberos, coordinadores del operativo de búsqueda y rescate, líderes sindicales y personal de emergencias presentes de forma ininterrumpida en la Zona Cero declararon que Trump jamás formó parte de los equipos de desescombro ni pasó “mucho tiempo” ayudando en la zona caliente.

Registros fotográficos, televisivos y hemerotecas (lo que lees ha sido investigado por diarios del prestigio de The New York Times o The Washington Post) constatan que Trump visitó los aledaños de la zona dañada por los impactos de los aviones dos días después de los atentados, el 13 de septiembre de 2001. Fue ataviado con traje oscuro y corbata y acompañado de guardaespaldas, para conceder una breve entrevista a una televisión alemana en la que elogió el espíritu de los neoyorquinos y aprovechó para criticar la respuesta institucional.

No hubo tareas de rescate, no hubo trabajo físico retirando escombros ni jornadas maratonianas junto a las cuadrillas que buscaban supervivientes entre el amianto y el acero fundido.

Un grupo de bomberos descansa entre los escombros tras trabajar toda la noche, la mañana siguiente a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York.
Un grupo de bomberos descansa entre los escombros tras trabajar toda la noche, la mañana siguiente a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, en Nueva York.Peter Turnley / Getty Images

Los 200 trabajadores fantasmas que “nadie vio”

Para magnificar su presunta implicación solidaria, Trump no dudó en adjudicarse un despliegue operativo personal sin parangón entre sus pares de la ciudad. En repetidas entrevistas y mítines electorales, llegó a asegurar que inmediatamente después de los colapsos de las torres contrató y envió a cientos de sus propios trabajadores de la construcción a la Zona Cero para colaborar en las tareas de búsqueda y limpieza de escombros:

“Envié a cientos de trabajadores allí abajo. Cerca de 200 hombres. Todos trabajando para intentar sacar a gente con vida y limpiar los escombros”, afirmó.

Sin embargo, las investigaciones llevadas a cabo por los citados diarios desmontaron por completo esta afirmación. No existe ni un solo registro contable, municipal, policial ni testimonio directo de capataces de obra o directores de emergencia que certifique la presencia de esa supuesta brigada de 200 operarios pagada por la Organización Trump, que es como se llama su conglomerado.

El entonces director de la oficina de gestión de emergencias de la ciudad y los responsables del sindicato de trabajadores de la construcción de Nueva York confirmaron que el acceso a la Zona Cero, de hecho, era imposible, porque estaba estrictamente militarizado y restringido a personal de emergencias certificado y contratistas oficiales autorizados por las autoridades portuarias y el Ayuntamiento. Nadie vio jamás a los 200 obreros de Trump, ni siquiera detenidos en un control porque, repetimos, nadie ajeno a los cuerpos autorizados podía acceder a un espacio en el que los sanitarios, los forenses, l policía y hasta la inteligencia nacional tenían mucho trabajo por hacer.

Equipos de emergencia atienden a las primeras víctimas del 11 de septiembre de 2001, con las Torres Gemelas entre humo de fondo.
Equipos de emergencia atienden a las primeras víctimas del 11 de septiembre de 2001, con las Torres Gemelas entre humo de fondo.Michel SETBOUN / Gamma-Rapho via Getty Images

Los “miles y miles” de musulmanes celebrando

Si la autopromoción inmobiliaria de Trump generó repulsa al salir a la luz, la instrumentalización xenófoba de la tragedia durante la campaña presidencial de 2015 y 2016 supuso uno de los episodios más divisorios de la retórica trumpista hasta esa fecha. Luego ya nos hemos acostumbrado a sus vetos, por ejemplo, a países de mayoría musulmana, sin más razón que la fe que se profesa, pero entonces fue sonado.

Por ejemplo, en noviembre de 2015, en un mitin multitudinario en Birmingham (estado de Alabama), Trump recurrió a una teoría de la conspiración sin fundamento para justificar su propuesta de prohibir la entrada de ciudadanos musulmanes a EEUU. “Vi en Jersey City, Nueva Jersey, cómo miles y miles de personas vitoreaban y celebraban mientras ese edificio se venía abajo. Miles y miles de personas estaban vitoreando”, dijo en referencia al 11-S.

Al ser cuestionado al día siguiente por periodistas de cadenas como ABC News sobre la veracidad de semejante afirmación, Trump se reafirmó, con tono desafiante, asegurando que el hecho “había salido en televisión y estaba ampliamente documentado en su momento”.

Sus declaraciones provocaron un rechazo inmediato y generalizado, incluso en republicanos de larga carrera. Steven Fulop, alcalde de Jersey City -ciudad con una destacada comunidad árabe-estadounidense situada justo enfrente del Bajo Manhattan al otro lado del río Hudson-, desmintió con rotundidad al aspirante en campaña: “No hay registros policiales. No hay grabaciones en medios de comunicación. No hay nada. Es una absoluta mentira inventada”.

“No hay registros policiales. No hay grabaciones en medios de comunicación. No hay nada. Es una absoluta mentira inventada”

Múltiples verificadores independientes revisaron exhaustivamente los archivos de las principales cadenas de televisión (CNN, ABC, CBS, NBC, Fox News) y diarios locales como el Star Ledger. La conclusión fue unánime: jamás existieron celebraciones multitudinarias de miles de personas festejando la caída de las torres en las calles de Nueva Jersey. La memoria de Trump había fabricado o asimilado un rumor malintencionado que circuló por cadenas de correos electrónicos en los meses posteriores a la tragedia -sin redes sociales, sin canales de mensajería instantánea, ese era el cauce entonces-, transformándolo en un supuesto recuerdo ocular directo.

Eran los tiempos en los que Trump intentaba insultar al presidente Barack Obama con su segundo nombre, Hussein, como si su hipotétic a fe musulmana (falsa, es cristiano protestante) fuera un problema.

Saltos imposibles desde 6,5 kilómetros

La memoria selectiva de Trump no se detuvo ahí. En otro acto de campaña en Columbus (Ohio), el magnate afirmó haber visto con sus propios ojos, a través de la ventana de su ático en la Torre Trump, cómo las personas atrapadas en las plantas superiores de las Torres Gemelas saltaban al vacío desesperadas por el fuego infernal. “Tengo una ventana en mi apartamento que miraba directamente hacia el World Trade Center. Y vi a la gente saltar. Vi entrar el segundo avión. Mucha gente saltó y yo fui testigo de ello, lo vi”, insistía, con el público rendido.

Diversos expertos en óptica y urbanistas señalaron la inverosimilitud física del testimonio. La Torre Trump se sitúa en la calle 56 con la Quinta Avenida. La distancia en línea recta hasta las Torres Gemelas supera los 6,5 kilómetros (unas cuatro millas, si usamos la medida local), cruzando una de las tramas urbanas más densas del planeta, plagada de rascacielos intermedios y con una atmósfera saturada por una columna impenetrable de humo negro, polvo y ceniza a los pocos minutos del impacto.

Era humanamente imposible distinguir a personas individuales cayendo a semejante distancia y a simple vista. Lo que Trump probablemente presenció fue la retransmisión televisiva, como todo el mundo, a la que sumó, seguro, los olores, el humo, los problemas de movilidad… Como todos los habitantes de la ciudad en pánico. Experiencia sensorial directa, no. La ciencia lo desmiente.

Trump y el 11-S, balance de una narrativa deformada.
  Trump y el 11-S, balance de una narrativa deformada.EL HUFFPOST / Copilot

La ayuda para “pequeños negocios”

Más allá del terreno de la retórica y los recuerdos tergiversados (y estamos siendo buenos con el adjetivo), la relación de Donald Trump con el 11-S encierra otra espinosa controversia, de dinero: qué pasó con los fondos públicos creados para mitigar el golpe económico que paralizó la ciudad tras el atentado.

A través de la Empire State Development Corporation, el Gobierno estatal y el federal habilitaron subvenciones extraordinarias destinadas a ayudar a los pequeños comercios locales que sufrieron pérdidas catastróficas tras el cierre forzoso del Bajo Manhattan. Las investigaciones periodísticas revelaron que la Organización Trump solicitó y recibió 150.000 dólares procedentes de ese fondo de recuperación económica para su edificio del 40 de Wall Street. No era, desde luego, ni una pyme humilde y había sido aplastada por las torres.

La concesión del dinero a una corporación multimillonaria despertó otra oleada de críticas, por poco ética. Mientras pequeños comerciantes, restaurantes familiares y modestos autónomos del barrio luchaban por no quebrar y a menudo se quedaban fuera de las líneas de crédito por falta de presupuesto, uno de los promotores inmobiliarios más opulentos de la ciudad absorbió fondos públicos alegando que su inmueble cumplía el resquicio formal de contar con menos de 500 empleados en nómina directa en esa sede. Representantes demócratas y colectivos ciudadanos exigieron reiteradamente, sin éxito, la devolución íntegra de dicho dinero a las arcas públicas.

De los “valores neoyorquinos” a la palanca electoral

A pesar del reguero de polémicas, Trump ha demostrado a lo largo de su carrera una habilidad camaleónica para modular el impacto del 11-S en función de su conveniencia política. Uno de sus momentos de mayor rédito electoral se produjo durante los debates de las primarias republicanas de 2016, cuando el senador por Texas Ted Cruz -entonces uno de sus adversarios internos- descalificó a Trump tildándolo de exponente de los “valores progresistas y laxos de Nueva York”.

La réplica de Trump fue tremenda, aplaudida incluso por sus detractores políticos más enconados. “Cuando cayeron las Torres Gemelas, vimos lo mejor de Nueva York. Vimos a bomberos y policías subir las escaleras sabiendo que iban a morir. Reconstruimos el Bajo Manhattan mientras el mundo entero miraba, y el mundo entero aprendió a amar a Nueva York y a los neoyorquinos”, dijo, como si él fuera el ejemplo de lo mejor que esa ciudad dio ante la adversidad.

El empresario Donald Trump, junto a una "joven" Melania a la que aún la prensa sólo identificaba como "amiga y modelo", el 6 de mayo de 2001, en un partido de baloncesto.
El empresario Donald Trump, junto a una “joven” Melania a la que aún la prensa sólo identificaba como “amiga y modelo”, el 6 de mayo de 2001, en un partido de baloncesto.Steve Russell / Toronto Star via Getty Images

Esa misma defensa encendida de la resiliencia ciudadana contrastaba, sin embargo, con su frialdad a la hora de instrumentalizar la tragedia para fines partidistas, como cuando no dudó en cuestionar públicamente la labor de su oponente demócrata, Hillary Clinton -entonces senadora por Nueva York que se volcó en conseguir fondos federales para la ciudad tras el ataque-, o cuando utilizó los aniversarios del 11-S para lanzar ataques contra adversarios políticos, desviar la atención de sus problemas judiciales o justificar agresivas políticas de seguridad nacional.

A los 25 años de aquel día, las palabras pronunciadas en caliente por Trump siguen resonando no como el testimonio de un líder consternado, sino como el retrato más nítido de un personaje para quien la realidad, incluso en medio del horror más absoluto, siempre debió supeditarse a las dimensiones de su propio ego y de sus propiedades.

Publicado en The Huffington Post el 11 de septiembre de 2026.

Link https://www.huffingtonpost.es/global/donde-trump-11s-jactandose-edificio-volvia-mas-alto-nueva-yorkbr-f202609.html

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