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Opinión 25 06 2021

Defender la democracia asediada


Autor: Liliana De Riz









La tarea de este gobierno es durar contra viento y marea. Vivimos una situación dramática, atenazados por el miedo que inspira un virus que muta y acecha a todas las edades. Los muertos se encaminan a alcanzar la cifra aterradora de los 100.000. La economía está rota.

La pobreza ronda la mitad de la población y la informalidad y la inflación se acercan al 50%. Ante esta tragedia, los gobernantes tienen que tener un comportamiento ejemplar; la compostura necesaria para no banalizar lo que nos ocurre.

Una palabra o una imagen pueden encender la mecha que haga estallar furias contenidas en una sociedad castigada por recurrentes fracasos que dejaron a la intemperie a gran parte de los argentinos.

El Covid no es una gripe más severa, la propiedad privada no está sujeta al arbitrio del que manda, ni la Constitución Nacional está subordinada a la Doctrina Social de la Iglesia. No es asunto de creyentes. Los derechos son derechos, ni primarios ni secundarios. Y la austeridad en los gastos de la política es un deber, si no queremos que la antipolítica le abra el camino a “salvadores” que florecen en medio de las ruinas.

Las elecciones intermedias de renovación parcial del Congreso tendrán lugar en este clima de zozobra y en medio de la negligencia e indecencia con la que se gestiona la política sanitaria. ¿Por qué estas elecciones también revisten un giro dramático?, ¿qué es lo que está en juego en la renovación de las bancas de diputados y senadores?

El oficialismo busca obtener el poder institucional para consolidar la hegemonía del su proyecto. Se trata de sentar las bases institucionales de un régimen político asentado en una Justicia elegida por el pueblo y sumisa a los designios de los que mandan; con medios de comunicación disciplinados so pretexto de democratizarlos.

Ese fue el camino de las autocracias que imperan en la región. Cristina Kirchner, abanderada de los humildes y aspirante a liderar la Patria Grande, ese territorio fabricado por el socialismo del siglo XXI para enamorar a los frustrados de la globalización, emprendió este camino.

En ese empeño, no condenamos la violación de los derechos humanos, ni en Venezuela ni en Nicaragua, porque los defendemos “en general”, sin intervención en asuntos internos. México no condenó, con el pretexto de una larga tradición de no intervención.

Esta tradición no es la nuestra. Este gobierno dio muestra de no tener empacho en intervenir cuando creyó que debía hacerlo. Las dictaduras de Maduro y los Ortega Murillo pueden agradecer estos votos de Argentina ante el mundo que ilustran un desparpajo ético descomunal.

La bandera de los derechos humanos con la que Néstor Kirchner supo convertirse él mismo en una bandera, se escondió bajo la alfombra. Para la jefa del Frente de Todos está claro que en estas elecciones se juega su futuro. Sin un Congreso obediente, con mayorías propias calificadas, los cambios que busca no se podrían plasmar.

Para “ir por todo”, hay que tener con qué. Ese es el desafío que enfrenta el oficialismo. No es la prospectiva de un futuro para este país, es el aquí y ahora: vamos por las mayorías calificadas. Para que nada cambie, hacemos de todo.

El desafío de la coalición opositora es poner un dique de contención a esa ambición hegemónica: controlar el ejercicio del poder y llevar iniciativas que muestren una luz al final del túnel en el que estamos atrapados. Iniciativas hay. Es claro que necesitamos crear empleo genuino, estimular inversiones con un marco jurídico no cuestionado, multiplicar exportaciones.

No sólo producimos alimentos codiciados, hasta exportamos literatura y la “borgesmanía” atrapa a los chinos que adoran la sabiduría. Y no son pocos los que nos dicen cómo hacerlo y la paradoja es la coincidencia entre quienes provienen de distintos partidos del arco político, peronistas y no peronistas. Sin embargo, no parecen dialogar en busca de una propuesta común.

La prioridad de la oposición es mantenerse unida; tratar de ampliar sus integrantes y convencer a amplios sectores del electorado de que en estas elecciones hay que defender la democracia para que sea posible una sociedad más justa para todos y más libre para cada uno.

Los negocios propios y de los amigos, hace rato que sabemos que no fomentaron una burguesía nacional y se quedaron en bolsillos privados. Las dictaduras “progresistas” de la región con las que este gobierno se solidariza , sólo crearon más pobres, más represión, más negocios para pocos y más oportunidades para el crimen organizado.

Desde 1930 hasta 1983, los golpes militares fueron para unos y otros - como los bárbaros en el poema de Cavafis- una pretendida “solución” ante la decadencia. Hoy los militares están en los cuarteles y las elecciones son regulares, libres y competitivas.

Sin embargo, la tentación de cambiar las reglas para continuar en el poder no ha abandonado a poderosos de turno. Ya no se trata de golpes militares, son otro tipo de golpes a las instituciones que erosionan el Estado de Derecho. La emergencia sanitaria proporciona nuevas razones para ese asalto.

Sabido es que a la democracia no la hacen los demócratas, pero sólo los demócratas pueden defenderlas. Y los demócratas tienen que encontrar en el diálogo, en los mínimos consensos, el camino para salir de este atolladero. De esto se trata en estas elecciones intermedias, de defender la democracia asediada. No se trata de peronistas y antiperonistas. Se trata de demócratas de todo el arco político.

Publicado en Clarín el 24 de junio de 2021.

Link https://www.clarin.com/opinion/defender-democracia-asediada_0_d8uknC3mr.html