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Opinión 21 07 2021

Cuba hoy, espejo de nuestra degradación


Autor: Liliana De Riz









Muchos estuvimos convencidos de que los valores del pluralismo y la defensa de los derechos humanos habían echado raíces firmes en la sociedad argentina. Con la democracia, en 1983, el Nunca Más con que finalizó el juicio a las Juntas, clausuró un ciclo de terror y degradación moral.

Sin embargo, hoy el país se descompone no sólo porque su economía está rota y lo asola una feroz pandemia.

También se descompone porque el Gobierno no tolera la crítica y no duda en afirmar que sus críticos son aquéllos que no quieren a la Argentina; son los que la odian; son los que predican la muerte. Son peores que el nazismo, llegó a afirmar un funcionario. Una extraña vuelta de turca que reivindica el nacionalismo asesino de los nazis.

No se escucharon voces oficiales que pusieran coto a esta desmesura. No es de extrañar que una ola de indignación sacuda a muchos de los que asistimos a este festival de despropósitos en momentos en que se conmemoró el 27 aniversario de la voladura de la AMIA.

Una sociedad en la que el asesinato de un fiscal de la República no fue aún esclarecido. Una sociedad en la que la vicepresidente nos aturde con su denuncia de complots en su contra desde la transmisión de una audiencia para invocar la nulidad de un juicio aún no realizado. Ella no explica por qué firmó el Pacto con Irán. Los argentinos seguimos sin saberlo. Lawfare es su defensa.

Tal vez la figura de “vandalismo legal” con la que el dictador Orbán acusa a UE por abrir un expediente contra su deriva homófoba, sería adecuada para aplicarla a sus dichos.

El pluralismo y la tolerancia están bajo amenaza. La esperanza de moderación con la que fue elegido este gobierno, se esfumó. La creación de un NODO para vigilar la información que circula en los medios, o la persecución a periodistas que cumplieron un papel esclarecedor de causas que involucran a la ex presidente, no dejan dudas. Una vez más tenemos gobierno al precio de descomponer la autoridad del Estado.

Los valores del pluralismo, la tolerancia y la defensa de los derechos humanos con los que Raúl Alfonsín le devolvió la autoridad moral al Estado, no eran prédicas del matrimonio Kirchner cuando gobernaban en la provincia de Santa Cruz.

Este gobierno no condena a Venezuela ni a Nicaragua ni a Cuba. En cambio, condena la represión a las protestas sociales en Chile y en Colombia. Una política exterior zigzagueante diseñada al calor de los humores y de los errores no forzados de esta administración. Escudarse en la tesis de la no intervención o en la ignorancia en el caso cubano, deja claro que sólo hay que defender los derechos de los humanos que piensan como los que mandan.” A los amigos, todo; a los enemigo ni justicia”, resuena el apotegma de Perón. Cuba se mantiene viva en los nostálgicos de una utopía, muchos de ellos, como me comentaba Tulio Halperín Donghi con su filosa ironía, son ante todo, nostálgicos de juventud Estas políticas no son novedosas.

Loas a los regímenes de Putin, Xi Jinping, Castro y Chávez, así como negociaciones secretas con la teocracia iraní, dieron sobradas muestras de la que bandera de los derechos humanos era izada o bien arriada en los gobiernos de Cristina Kirchner, de acuerdo con sus intereses, sin preocuparse de que esos intereses coincidieran con los del Estado argentino. El kirchnerismo no le teme a las contradicciones.

¿Dónde está la solidaridad de las Madres de Plaza de Mayo con los pañuelos blancos de las madres cubanas, que hoy están reclamado por sus hijos desaparecidos?

Sorprende y duele esta ausencia de solidaridad de quienes son emblema de la lucha por los derechos humanos en el mundo entero. Una prueba más de que la bandera de los derechos humanos es esgrimida como garrote ideológico por quienes nos siguen gobernando.

Argentina tiene hoy casi la mitad de la población sumida en la pobreza y la informalidad. La educación fue destruida por la acumulación de políticas irresponsables de larga data, hoy agravadas por la política sanitaria, la carencia de evaluaciones y el descuido de la formación docente.

Una política asistencialista y reparadora hizo posible la continuidad de nuestros problemas estructurales cobijados en el viento de cola que llegaba del mundo. Cuando la bonanza cesó, los problemas de siempre resurgieron pero fueron escondidos bajo la alfombra.

Cristina Kirchner supo convencer a mayorías pauperizadas de que su futuro de bienestar dependía de las bondades de su liderazgo, siempre dispuesto a repartir panes entre los necesitados. La aquiescencia de muchos cobijó esa trampa heredada que no supo resolver la administración de Macri.

Hoy Macri es convertido en el símbolo de todos los males que el FdT viene a combatir, sin hacerse cargo de la contribución que esas fuerzas políticas hicieron a la degradación del país. Mientras tanto, subsidios que no son sólo clientelismo.

Hoy son también una respuesta defensiva ante una ola de protestas que amenaza desbordar los diques de contención de un Estado en bancarrota. Y la pandemia, a la buena de Dios porque las vacunas son insuficientes y los testeos y rastreos mínimos.

La Cuba que estalla reclamando libertad se dice que nos dará las vacunas que esperamos y que reclaman los cubanos a la intemperie. Hambrientos y enfermos, sin alimentos ni remedios y amordazados por un régimen que enriquece a sus mandamases y castiga con una represión feroz a sus disidentes. Los únicos soberanos en Cuba, son los que mandan. Y la nueva trova que canta “Patria y Vida” resuena atronadora en nuestras conciencias.

Publicado en Clarín el 20 de julio de 2021.

Link https://www.clarin.com/opinion/cuba-hoy-espejo-degradacion_0_A1JBEWZ2n.html