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Opinión 25 11 2022

Cuatro Grandes y un funeral (o dos): lo que dejó la primera fecha de Qatar 2022


Autor: Mariano Hamilton









Los grandes ganadores de la primera fase fueron España, Brasil e Inglaterra, los que ganaron sin grandes sofocones sus partidos del debut y se perfilan para discutir lugares en los cuartos, semis y final. Brasil entrega un paréntesis por la lesión de Neymar, que todavía es una noticia en desarrollo y que no sabemos cuánto puede impactar en el ánimo del plantel. Recordemos que cuando Ney se quedó afuera en el 14, llegó aquella goleada histórica de Alemania. Jugadores como Neymar no son sólo importantes en lo futbolístico: son emblemas.
Otros dos equipos, Alemania y Argentina, recibieron el mismo resultado en contra, pero con particularidades diferentes, tanto por lo que pasó en el partido como por lo que se les viene.
Alemania jugó un partido impecable hasta los 25 minutos del segundo tiempo. En esa hora y 10 minutos, Alemania fue una máquina de jugar que no terminó con tres o cuatro goles en el arco japonés porque los postes y el arquero Gonda le dijeron que no. Durante esos 70 minutos desplegaron todos los argumentos y conceptos necesarios para golear. Pero de ahí en más, el primer aviso fue una tapada espectacular de Noier, que le hizo levantar las cejas al entrenador Flick. Y ni que hablar cuando a los 30 y a los 38 minutos, Doan y Asano dieron vuelta el resultado. En los 15 minutos restantes, Alemania otra vez hizo lo necesario para al menos empatar, pero no se le dio. Y la clasificación se le complicó muchísimo, especialmente porque tendrá que pelear mano a mano con España, que se sacó de encima a Costa Rica con un contundente 7-0 y un festival de fútbol.
El caso de Argentina es, si se quiere, más sencillo que el de Alemania si tomamos los rivales que le quedan. Ni México ni Polonia mostraron nada extraordinario en el 0-0 que protagonizaron. Pero el equipo de Scaloni suma un problema extra: ¿Podrá recuperar el nivel que exhibía hasta los goles de Al-Shehri y Al Dawsari a los 3 y 8 minutos del segundo tiempo. Porque es necesario decir que Argentina en el primer tiempo había mostrado una superioridad técnica abismal con su adversario (pese al problema que le generó insólitamente el achique) y eso no se extendió en el segundo tiempo, cuando los fantasmas comenzaron a acosar a los argentinos y el equipo perdió por completo la línea, algo que no le pasaba desde hacía por lo menos 20 partidos.
Si Argentina tenía una virtud era la de ser un equipo. Que las individualidades estaban supeditadas a un todo. En ese segundo tiempo, con el 2-1 abajo, apareció la peor cara de Argentina, esa que tantas veces le vimos en el pasado reciente cuando las respuestas futbolísticas no aparecían y los resultados tampoco.
Está de más decir que una noche no hace verano y que lo que pasó ante Arabia, en términos normales, debería ser reparado sin demasiadas dificultades ante México y Polonia. La pregunta que nos hacemos apunta especialmente a las cuestiones sicológicas: ¿cuáles serán los términos normales de Argentina post derrota con Arabia? Ahí está el quid de la cuestión.
Si tuviéramos que poner en un segundo escalón a algunos equipos, tenemos que mencionar a Francia, Estados Unidos, Portugal y Canadá. El resto, incluido Bélgica, Croacia y Dinamarca, fueron un fiasco. Me imagino la pregunta que se deben estar haciendo: ¿Francia en el segundo escalón después de la goleada ante Australia? Si vieron el partido, coincidirán conmigo: Francia es un equipazo de tres cuartos de cancha para adelante pero un flan de mitad de cancha para atrás. Y un Mundial no se gana cuidando solo un aspecto del juego (en este caso el ataque).
A Estados Unidos lo destacamos por el primer tiempo extraordinario que hizo ante Gales, a Canadá porque, pese a caer en el debut ante Bélgica, mostró que era un equipo serio y a Portugal porque tiene muy buenas individualidades y a Cristiano Ronaldo, al que se lo nota con apetito.
De ahí en más no vimos grandes equipos o cucos que nos puedan llamar la atención. Hay equipos más o menos aguerridos, más o menos duros, más o menos capaces de entregar uno que otro momento bueno, pero no hubo un todo que nos permitiera ilusionarnos con ver algo diferente.
Igual, y también es algo que sabemos, los equipos en los Mundiales se arman con el rodaje. Los cucos de hoy pueden ser los que hagan las valijas mañana. Y los que ahora no van ni para atrás ni para adelante, de pronto y por alguna circunstancia extraña, cambian la cara y llegan a una final o ganan el torneo. Hay sobrados ejemplos a lo largo de la historia de equipos que parecían letales en la zona de grupo pero que después se fueron con la cola entre las patas en los cruces y de selecciones que eran un desastre y por arte de magia cambian para convertirse en temibles.
Así están dadas las cosas en el Mundial, amigos. Cruzamos los dedos para que Argentina recupere su nivel y juegue de acuerdo a las expectativas que teníamos antes del torneo. Tiene jugadores y capacidad estratégica para hacerlo. El asunto, ya fue dicho, es la cabeza. Y si lo anímico le vuelve a jugar una mala pasada contra México, ya no habrá tiempo para lamentos. Será la despedida. En zona de grupos hay espacio para equivocarse sólo una vez. Y prepárense para que todos los elogios que estuvieron escuchando durante casi dos años, se conviertan automáticamente en críticas despiadadas. Porque así es el periodismo y el hincha argentino. El exitismo que se oculta detrás de la pasión es uno de los males nacionales. Somos especialistas en patear en suelo al caer.
Esperemos que haya necesidad.