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Cuando los mercados se desplomen, estabilizarlos será fácil que reorganizar la sociedad para la IA

Traducción Alejandro Garvie

En pocos años, la inteligencia artificial desplazará a una parte significativa de los trabajadores del conocimiento mejor pagados del mundo. La demanda agregada se verá afectada, no sólo eso, los flujos hacia las cuentas de inversión para la jubilación se volverán negativos: los trabajadores no solo dejarán de aportar, sino que también necesitarán retirar fondos.

Estas salidas provendrán principalmente de fondos de inversión pasivos, en particular, de los que replican el índice S&P 500. Si bien estos reembolsos implican la venta de cada componente en proporción a su ponderación en el índice, el impacto en el precio no se distribuirá uniformemente. Las “megacapitalizaciones” de IA que han impulsado el índice al alza, como Nvidia, Microsoft y Amazon, son también aquellas cuyas valoraciones han dependido en mayor medida de las entradas pasivas mecánicas como comprador marginal. El resultado, irónicamente, es que las empresas que impulsan la revolución de la IA probablemente sufrirán las mayores caídas de precios.

La IA se encuentra en un punto de inflexión en el que los grandes modelos de lenguaje están mejorando a un ritmo no lineal que pronto se volverá exponencial, ya que ellos mismos están programando a sus sucesores. Los usuarios más avanzados de IA se encuentran en las empresas tecnológicas. Utilizando la generación actual de modelos, en muchos casos han reducido equipos que antes contaban con media docena de trabajadores o más a tan solo uno. Es muy posible que en tres o cuatro años la IA haya reemplazado el 15 % de los empleos en la economía del conocimiento estadounidense.

Los dos contraargumentos son la “paradoja de Jevons” —la experiencia histórica de que las nuevas tecnologías que aumentan la eficiencia también aumentan la demanda, creando así nuevos empleos que compensan las pérdidas— y el escepticismo sobre la pendiente de la curva de adopción. Ambos resultarán erróneos.

La capacidad de la humanidad para innovar e inventar supera claramente su capacidad para adaptarse a sus innovaciones e invenciones. Los modelos de IA duplican su potencia aproximadamente cada seis meses. Esto significa que los trabajadores que queden obsoletos no podrán desarrollar las habilidades necesarias para utilizar la IA como una herramienta, sino para competir con ella. Aunque la demanda de servicios y productos aumente debido a la reducción de costos y precios, muchos trabajadores desplazados seguirán siendo obsoletos, y las generaciones posteriores de modelos de negocio harán lo mismo.

La IA tendrá un impacto tan profundo en los costos y precios de las empresas que no adoptarla rápidamente resultará existencial para una gran parte de la economía.

El desplazamiento laboral afectará de forma desproporcionada a los trabajadores altamente educados y bien remunerados, cuyos ahorros para la jubilación impulsan los mercados bursátiles estadounidenses. Michael Green, de Simplify Asset Management, ha demostrado cómo la inversión pasiva ha provocado mercados de renta variable “disfuncionales”, impulsados ​​en gran medida, a nivel de índice, por los flujos hacia las cuentas de jubilación. Su investigación y la de otros autores muestran cómo la inversión pasiva ha generado multiplicadores en el mercado agregado y en las acciones individuales, de modo que la entrada o salida neta de un dólar tiene un impacto mucho mayor en las acciones en las que se invierte, posiblemente hasta un múltiplo de 100 para las empresas más grandes.

El S&P 500 se ha convertido en un índice que genera su propio impulso para sus principales componentes. Dado que las diez principales empresas representan ahora una proporción sin precedentes del valor del mercado, el índice ya no es una cartera diversificada, sino una trampa de volatilidad concentrada.

Cuando la clase profesional comience a retirar fondos para pagar sus hipotecas, el impacto en el mercado será súbito y violento, ya que los fondos pasivos se verán obligados a vender el índice para atender las demandas de reembolso de los perdedores desplazados.

Irónicamente, las empresas con los múltiplos más altos, que presentan el mayor riesgo de salidas netas de capital, son en gran medida las que conforman el sector de la IA. Cuando se cumpla la tesis del desplazamiento laboral, serán las cotizaciones de estas estrellas emergentes las que sufrirán el mayor golpe.

El consiguiente desplome de los precios de las acciones, especialmente combinado con la caída de la demanda agregada, será suficiente para provocar una crisis financiera de la magnitud de la global de 2007-2009, o incluso mayor. Los problemas en el crédito privado y en los balances de las aseguradoras podrían empeorar aún más la situación. Una reducción de la liquidez a nivel mundial afectará a todos los valores de los activos. Las presiones deflacionarias aumentarán.

La buena noticia es que la crisis de hace casi 20 años ha proporcionado a los responsables políticos un plan de acción bien probado para restaurar la liquidez y reactivar los activos. La mala noticia es que estabilizar los mercados financieros será la parte fácil para los gobiernos. Les resultará mucho más difícil gestionar la reorganización de la sociedad que resultará del desplazamiento masivo de mano de obra altamente productiva.

No digas que quieres una revolución.

En última instancia, y paradójicamente, la revolución de la IA conducirá a un mundo en el que muchos consumidores ya no tendrán los ingresos para participar en ella. Reconstruir una sociedad en la que el crecimiento se ha desvinculado del empleo es una tarea para la que las estructuras políticas actuales no están preparadas, por decirlo suavemente. Seremos testigos no solo de una corrección de mercado descomunal, sino del fin del contrato social existente. En términos de política, como dice el viejo refrán: “Aún no has visto nada”.

The Economist, 4 de julio 2026, p.12.

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