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Opinión 05 05 2020

Coronavirus: los otros jinetes del apocalipsis


Autor: Maximiliano Gregorio-Cernadas









Si es cierto, como sostenía Karl Jaspers, que las situaciones límite constituyen uno de los orígenes del filosofar, entonces la actual pandemia -como lo fueron las guerras mundiales y el Holocausto para muchos pensadores del siglo XX- ofrece una oportunidad extraordinaria para reflexionar en torno a las causas primeras de algunas cuestiones sustanciales que nos afligen hoy, como la naturaleza de los comportamientos que en este peculiar contexto mundial están adoptando aquellos que, conforme a la escuela a que se adhiera, constituyen los principales agentes de los sucesos históricos: las estructuras, las instituciones y los actores individuales.

Al respecto, se está difundiendo la presunción -compartida por usuarios de las redes, comunicadores e incluso intelectuales- de que "esta terrible crisis global está extrayendo lo mejor de todos" y que las acciones prevalecientes de aquellos agentes que conducen a la humanidad en esta encrucijada gozan de un halo de integridad, derivado de una suerte de estado de redención al que han accedido como resultado del horror ante la gravedad del momento. 

Naturalmente, la cooperación, la solidaridad y proceder de buena fe continuarán siendo herramientas sanas para cualquier relación, e incluso es de esperar que se expanda -con buen criterio- la confianza en ellas como instrumentos superadores de este trance, pero una cosa es la aspiración al deber ser -al que hay que continuar adscribiendo- y otra es persuadirse de que se está produciendo una suerte de suspensión beatífica de la habitualmente compleja naturaleza de los agentes históricos, sus procedimientos y sus móviles. 

Antes bien, como ha ocurrido in saecula saeculorum, los agentes que mueven la rueda de la historia continuarán actuando de modo similar al que acostumbran, solo que de manera redoblada: los escrupulosos se esmerarán en hallar recursos más eficientes contra la peste, mientras que los ambiciosos sofisticarán sus medios en pos de intereses extrapandémicos. Nada nuevo para la historia del mundo: el jinete del apocalipsis que representa a la peste nunca cabalga solo. 

Peor aún, es previsible que, cuando el mundo reaccione de su estupor, se develen inquietantes conjeturas acerca de las oportunidades que esta peste brinda a quienes intentan aprovecharse de ella. Ya han comenzado a surgir planteos con respecto al comportamiento de algunos gobiernos y organismos internacionales que avalan mi tesis: se impone prever que al azote del virus se irán sumando, con cada vez mayor virulencia, las tradicionales acechanzas que aquejan a la humanidad, como el desmedido afán de poder y dinero, y que es necesario precaverse de aquellos que especulen con la crisis o pretendan vender atajos morales o legales para brindar soluciones al mundo. 

Paralelamente al combate contra la pandemia, es imprescindible redoblar los esfuerzos por velar por que las estructuras, las instituciones y los actores individuales que nos gobiernan no abusen de esta dramática situación para satisfacer intereses mezquinos. Controlar a los controladores, o el clásico interrogante del poeta Juvenal: "¿Quién guardará a los guardianes?". Para esta otra plaga, se requiere ir mirando más allá de la pandemia, en busca de diagnósticos y tratamientos adecuados, pues se trata de virus ancestrales y reconocidos, pero que aparecerán mutados, reforzados y sofisticados, a los que no se enfrenta con cuarentenas ni alcohol en gel, sino con el derecho y las buenas prácticas nacionales e internacionales, los contrapesos constitucionales, los foros globales, los parlamentos, los partidos de oposición, las instituciones de control, los expertos, los medios de comunicación, las redes globales y la opinión pública libre de cada ciudadano del mundo.

Publicado en La Nación el 4 de mayo de 2020.

Link https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/coronavirus-los-otros-jinetes-del-apocalipsis-nid2361123