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Opinión 25 03 2020

Coronavirus: la oportunidad es ahora


Autor: Julián Álvarez Sansone









¿Qué pasaría si este “cisne negro” que es el coronavirus fuera la vía de salida que no conseguimos encontrar, y que ahora se nos presenta en forma de una epidemia que no sólo afecta nuestras vías respiratorias y nuestra economía, sino también nuestra psiquis?

Los efectos de esta pandemia ocasionado por el virus COV-19 (popularmente conocido como “coronavirus” no son sólo económicos (parálisis de la economía, caída de acciones, frenos en la cadena de producción, aumento de precios, etcétera), sino que también psicológicos. Hace tiempo que la economía mundial venía atravesando una época de crecimiento (impulsado, sobre todo, en el crecimiento de países asiáticos y también de Estados Unidos). Pero lo novedoso es este período de aislamiento social, cuarentenas y en cierto punto, confinamiento.
Este virus (y sus consecuencias) no está adentrando en una nueva forma de comportarnos. A partir de ahora, deberemos transitar (y sufrir) el aislamiento. Pero, ¿cuáles son las consecuencias que el aislamiento puede generar en nosotros, en nuestras mentes, y en nuestro estado de ánimo? ¿Cómo reaccionaría nuestra mente, tan acostumbrada a estar hiperconectada, sometida durante años (o décadas) a la tensión, a la competencia, a la hiperestimulación?
En una entrevista, el neurocientífico Facundo Manes afirmó que en situaciones como las que presenta la pandemia del coronavirus, se activan los sistemas del cerebro que tienen que ver con el manejo de respuestas frente al peligro y a las situaciones de incertidumbre. Además, mencionó que, por un lado, las respuestas del peligro se relacionan con los sistemas de la ansiedad. La ansiedad es una emoción que nos prepara para manejar de forma anticipada los peligros. Está muy ligada al miedo, pero nos permite reaccionar antes que el peligro esté presente de forma inminente. Por otro lado, aparece la incertidumbre. En la incertidumbre, nuestra mente busca determinados procedimientos o mecanismos para situarse frente a la falta de información correcta sobre lo que puede pasar.
Sobre este tema también se ha manifestado la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, la cual difundió un archivo con recomendaciones para transitar la cuarentena de la mejor manera posible. Así, explicó cuáles eran los sentimientos y pensamientos asociados al coronavirus, entre los cuales destaca el miedo, la frustración, el enojo, la desorganización, el aburrimiento, la tristeza, el sentimiento de soledad, la sensación de encierro y la ansiedad, entre otras. Dicha guía sostiene que monitorear constantemente el número de infectados y fallecidos confirmará un sesgo negativo que incrementará nuestro malestar y hará más difícil que podamos mantenernos regulados. Además, sostiene que la aceptación de la situación implica tomar estos fenómenos imponderables como parte de la naturaleza y estar más en contacto con el presente sin hacer proyecciones a las posibles consecuencias de esta situación.
Así, es claro que estaremos transitando durante semanas por períodos de aislamiento social, ansiedad, incertidumbre y angustia. Algunos políticos y periodistas han hablado también de guerra. Estamos transitando una “guerra” contra un enemigo invisible, silencioso y mortal. Pero no es esa la única guerra, también estamos transitando una guerra contra la depresión y la soledad.
Estamos transitando un período de crisis que por primera vez no proviene estrictamente de factores o sucesos económicos, sino biológicos. Es el virus el que causa estos problemas. Y nos estamos enfrentando no sólo a problemas económicos, sino también a problemas que surgirán al interior de los hogares. Probablemente aumentarán los conflictos, la depresión, los ataques de pánico, los problemas de parejas (¿aumentará la violencia de género durante la cuarentena?), el consumo de antidepresivos, y quizás también el consumo de alcohol.
Estamos inmersos en un túnel oscuro y largo, sobre el cual no se ve ninguna luz. No tenemos un norte. Por suerte, Italia, España y Francia (junto con China, Corea e Irán), son casos más avanzados, con distintos resultados. Estamos detrás de ellos, y tenemos un margen temporal que nos permite tomar decisiones a tiempo, para prevenir y evitar que el costo social de la pandemia sea aún mayor. No sabemos cómo podremos salir de esta crisis, ni cuándo saldremos. No sabemos qué sucederá, pero lo que sí sabemos, es que las crisis también son oportunidades.
En primer lugar, tenemos la oportunidad de parar la pelota y pensar. ¿En qué podemos pensar en tiempos de coronavirus? En muchas cosas. En un artículo, el Diputado Nacional Fabio Quetglas propone reflexionar sobre el nivel de integración global de la economía, sobre el nuevo paradigma de producción y generación de flujos de movilidad, sobre la necesidad que tenemos y sentimos por compartir la información de un modo veraz, rápido y estable, y también sobre el rol de las burocracias públicas. Y en este punto, creo que es necesario hacer hincapié. En los casos más exitosos en la lucha contra el coronavirus (Corea del Sur y Singapur, por ejemplo) parece ser determinante el buen funcionamiento del sistema público de salud, combinado con líderes políticos que toman medidas drásticas a tiempo, y fuerzas de seguridad estatales que hacen que el cumplimiento de la cuarentena dictada por las autoridades sea riguroso y efectivo. Eso, claro está, sumado a ciertas características culturales sobre obediencia civil y acatamiento a la autoridad.

Como bien explicó en varios medios el ex Ministro de Salud Adolfo Rubinstein, en los drásticos casos de España e Italia se combinan varios factores. Por un lado, una clase dirigente que minimiza inicialmente los riesgos de la pandemia y toma medidas graduales y tardías. Por otro lado, a eso se le mezcla una dosis de individualismo y desobediencia civil. Como resultado, colapsa el sistema de salud, trayendo aparejados centenares de contagiados de muertos todos los días. 
Pero volviendo a nuestro país, más allá de lo caótico y angustiante de la situación, es importante considerar que probablemente disponemos de una gran oportunidad, de una vez por todas, de unirnos como pueblo. En esta guerra, como la llaman algunos, hay vidas en juego. Para salvar esas vidas, tenemos que cuidarnos, quedarnos en casa, ser pacientes y optimistas. Eso hicieron en China, en Corea del Sur y en Singapur. ¿Cómo saldremos de esta nosotros? Juntos, sin grietas y sin mezquindades políticas de por medio. Los referentes nacionales de “Juntos por el Cambio” Mario Negri, Cristian Ritondo, Maxi Ferraro y Adolfo Cornejo, junto con otros provinciales como Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales, ya se pusieron a disposición del presidente Alberto Fernández para ayudar en lo que sea necesario. Así, los representantes del pueblo dieron un gran primer paso, ahora le toca al pueblo consolidar la unión. La oportunidad es ahora, y no debemos desperdiciarla.