Por Cesáreo Rodríguez-Aguilera de Prat.
La derrota de Giorgia Meloni en el referéndum sobre la justicia del 22 y 23 de marzo ha suscitado un debate sobre si procedería convocar elecciones generales anticipadas. Jurídicamente, perder un referéndum de reforma constitucional no obliga al Gobierno a dimitir ni fuerza nuevas elecciones: de los cinco referendos celebrados, Silvio Berlusconi —que perdió el referéndum de 2006— ni dimitió ni propuso ir a nuevas elecciones y Matteo Renzi —derrotado en el referéndum de 2016— sí presentó la dimisión, pero no hubo adelanto electoral. Meloni ya anunció antes de su referéndum que en ningún caso pensaba dimitir y descartó asimismo solicitar al presidente de la República, Sergio Mattarella, la disolución del Parlamento.
En cualquier caso, la derrota en el referéndum ha intensificado ciertas contradicciones internas larvadas en el Gobierno de Meloni, un tanto insatisfecho por el rendimiento del actual equipo. Por un lado, la coalición gobernante presenta síntomas de desgaste y, por otro, la Lega está inquieta por la competencia de Roberto Vannacci y, en Forza Italia, Marina Berlusconi desea una remodelación a fondo del partido. El mayor conflicto se ha producido con Daniela Santanché, ministra de Turismo, cuya dimisión, exigida por Meloni, no fue fácil dada la resistencia de aquella. Finalmente, la acompañaron en su cese Giusi Bartolozzi, jefa del Gabinete del Ministerio de Justicia, y Andrea Delmastro, subsecretario de la misma cartera, a la vez que Maurizio Gasparri, portavoz de Forza Italia en el Senado, presentó su dimisión. Todo ello apunta a que el máximo responsable de la justicia, Carlo Nordio, puede tener las horas contadas, puesto que la responsabilidad ha recaído sobre todo en el equipo del Ministerio por el fracaso del referéndum.
En estas circunstancias, parece estar sopesándose la posibilidad de ir a unas elecciones anticipadas. Se trata de una opción que tiene riesgos, aunque, si finalmente ocurriera y Meloni revalidara su mayoría, saldría muy reforzada. Por lo demás, hay asimismo dudas sobre el momento de la disolución anticipada: ¿en junio para poder presentar después los presupuestos? ¿En octubre con una nueva ley electoral? En suma, intentar forzar unas elecciones anticipadas parece una huida hacia adelante y no está claro que, tras la derrota en el referéndum, sea el mejor escenario, a la vez que mantener al actual equipo de Gobierno hasta 2027 podría implicar un fuerte desgaste. Es cierto que el adelanto electoral dificultaría la alternativa del centroizquierda, que, de momento, carece de programa común y de un líder claro, pero no pueden ignorarse circunstancias europeas (el riesgo de que Italia pueda ser apercibida por las autoridades comunitarias por déficit excesivo) e internacionales (el apoyo de las derechas a Donald Trump es cada vez más incómodo con ocasión de su errática conducta en la guerra de Irán).
¿Qué riesgos políticos y electorales tendría un adelanto electoral para Meloni?
En consecuencia, plantear unas elecciones anticipadas tiene pros y contras: se coge a la oposición a contrapié, pero son muchos más los inconvenientes. De entrada, la situación económica es delicada, pues hay indicios de recesión en Italia (caída del 0,6% de la producción industrial), está aumentando la inflación, suben los precios de los combustibles, la Confindustria ha rechazado un decreto-ley fiscal del Gobierno y los nuevos presupuestos están en el aire. Aparte, adelantar las elecciones implicaría no cumplir una de las promesas de Meloni de agotar la legislatura (si se mantiene en el Gobierno, el 4 de septiembre habrá superado el récord de Berlusconi II). Por lo demás, en el sistema constitucional italiano la competencia para la eventual disolución anticipada corresponde al presidente de la República y no parece que Mattarella esté por la labor: no se justifica tal adelanto porque ya existe una clara mayoría parlamentaria que apoya al Gobierno y, además, la delicada y compleja coyuntura internacional no aconseja tal supuesto. Por último, y no es un problema menor, sería muy arriesgado para Meloni ir a nuevas elecciones con la actual ley electoral (el Rosatellum), pues diversas simulaciones muestran que la coalición de Meloni podría no revalidar su actual mayoría. Por tanto, Meloni tiene prisa para que se apruebe cuanto antes su reforma electoral (el Stabilicum), entre otros factores porque tiene mayoría para hacerlo, pero está por ver que lo consiga a muy corto plazo como ella pretende.
Oficialmente, Fratelli d’Italia afirma por medio de Francesco Lollobrigida, ministro de Agricultura, que el supuesto de unas elecciones anticipadas non mi risulta, lo que en el politichese —la jerga de los políticos— puede ser todo o nada. La Lega tampoco tiene mucho interés, aunque un adelanto electoral podría complicar las expectativas de Vannacci, con el que piensa competir radicalizando aún más por la derecha su mensaje. Antonio Tajani, de Forza Italia, considera la hipótesis del adelanto electoral como una mera especulación con escaso fundamento, toda vez que su partido está inmerso en un proceso de reestructuración interna. No menores serían los problemas para las oposiciones (Partito Democratico, Movimento 5 Stelle, Alleanza Verdi Sinistra e Italia Viva) porque no tienen una línea común, un programa consensuado y un líder claro (la rivalidad entre Elly Schlein y Giuseppe Conte), que, por lo demás, no se sabe cómo sería escogido (¿primarias?, ¿acuerdo de cúpulas?).
Los promedios de los sondeos tampoco garantizan un desenlace muy favorable para Meloni: Fratelli d’Italia 26,7% (27% en 2022), Lega 8,3% (8,8% en 2022), Forza Italia 9,5% (8,2% en 2022). En el caso de la oposición: Partito Democratico 22% (19% en 2022), Movimento 5 Stelle 14,2% (15,5% en 2022) (sondeos de You Trend del 26 de marzo y de IPSOS, analizado por Nando Pagnoncelli en el Corriere della Sera del 29 de marzo). En suma, el bloque de las derechas rondaría el 46% y el de las oposiciones el 43%, siendo de interés otro dato, el de la confianza personal en los líderes: Meloni pasa del 44% al 40%, Tajani siempre en el 32%, Conte siempre en el 30%, Schlein del 23% al 26% y Salvini del 24% al 22%.
En definitiva, no sería imposible un adelanto electoral, pero parece improbable, mientras que es casi seguro un cambio de Gobierno con un rimpasto (remodelación) más o menos grande de varios ministros, algo tampoco sencillo, pues los equilibrios internos de los partidos y el reparto de carteras son siempre motivo de intensas disputas.
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